viernes, 4 de abril de 2025

Crónica de Luna caliente

   Hasta que por fin llegó el domingo 16 de Marzo y nos vimos los siete locos, que, somos más de siete. Éramos Dani, Rosi, Nacho, Silvana, Anita, Virginia  (sos nuestra, Virgi) y yo, en la larga mesa de nuestra máxima anfitriona Pepa. Un hogar y una mamá en Villa Urquiza.  A la mesa también estaba la pequeña Valentina. La bella Aymé y Maxi haciendo quilombito infantil, lo que tornaba más hogareño nuestro encuentro de lectura.

   Hacía mucho que no nos veíamos. Desde el festivo diciembre. Nuestras últimas visiones fueron bailando de madrugada en el cálido salón de la biblioteca Mariano Moreno de Sáenz Peña. En aquella ocasión, al despedirnos, creo que fue Nacho quien dijo: “Bueno, nos vemos en marzo. Tenemos que renovar el deseo”. Y, efectivamente, luego de dos meses y medio, aquí estábamos muy renovados con las lecturas de los cuentos del volumen  La furia de la gran Silvina y con Luna caliente del querido Mempo Giardinelli. Aclaro, que, más  allá de mis halagos al autor, hubo quienes profesaron y manifestaron disgusto y embole por la novela.

   Mempo la escribió en el año ’83. Recordemos ese año. El ’83 fue el año en el que clausuramos las dictaduras que nos venían azotando desde 1930 con el violento derrocamiento a don Hipólito Yrigoyen. Luego vino la Década infame, saturada de hambre, represión y milicos por doquier hasta el ’45 que llegó Perón al balcón y que ganó en el ’46 con el 53,71% de los votos.    

   Democráticamente ganados sus votos, sin fraudes. Violentamente derrocado también por los milicos y el establishment, que ya se había ocupado de bombardear la Plaza de Mayo y otros espacios con gente del pueblo caminando. Otra cosa que no se sabe bien, es que el gran líder había sufrido  otros atentados como la bomba que la Marina puso en el año ‘53 en la sede de la CGT y que tuvo como participante a la hermana de Silvina Ocampo, la aristócrata Victoria.

   Finalmente, el 16 de Septiembre derrocan a Perón, lo proscriben, no consiguen matarlo, encarcelan y fusilan a peronistas y empieza otro período de proscripción y de dictadores militares. Hay un lapso que va del ’58 al ’62 en el que gobierna el doctor Frondizi, todos los días acosado por militares que se le metían armados en el despacho, detalle muy poco consignado por la historia. Don Arturo, que impulsó una política de desarrollo y levantó la proscripción al peronismo, sufrió un golpe de estado militar  y fue puesto preso en la isla Martín García. Otro gobierno tutelado por milicos fue el de Illia, ‘63 – ‘66, que, aun habiendo sido obediente al anular los contratos petroleros de su antecesor, fue también derrocado.  Después vinieron esas dictaduras catoliconas, que metían presos a los jóvenes. Si tenías entre dieciocho y treinta años, en esos años de fines de los sesenta y principios de los setenta, te comías una o dos noches para “averiguación de antecedentes”. Y otras cosas más, como la noche de los bastones largos y la censura al arte. También había contracultura y militancia. Toda la gloria y  felicitación a la juventud de aquella época que se la jugaba. Mi admiración y la de muchos a esa generación.

  Los generales dictadores fueron Onganía, Levingston, ocho meses y Lanusse hasta la vuelta de Perón. Primero, el gobierno de Héctor J, Cámpora, después Lastiri como seis meses, hasta que asume el General. Años de alegría, libertad y violencia. El 1 de Julio del ’74, el Pocho muere y asume Isabelita. De estos tiempos, mejor, no cuento. En marzo del ’76 hacen el golpe y estamos ante la dictadura más sangrienta e industricida de nuestra historia que dura hasta el ’83.

  En el ’83 escribe Mempo Giardinelli  Luna caliente, y es en el  año ’83 cuando los argentinos clausuramos, decidimos definitivamente y para siempre “no golpear jamás las puertas de los cuarteles”, defender las instituciones, hacer cumplir los mandatos presidenciales desde el principio hasta el final, que eran de seis años. En ese año la escribe y en el ’84 la edita, creo que por Bruguera. También en ese año estuvo primero No habrá más penas ni olvido, de Osvaldo Soriano, otro escritor querido y puntal de la democracia.

  Otro libro muy vendido en ese año, el primero de la democracia y bajo la presidencia del doctor Alfonsín, fue Diario de la Argentina, de Jorge Asís. Este novelón no recibió mención alguna de ningún crítico de medio alguno, pero vendió como el que más junto a El nombre de la rosa de Umberto Eco.

  Es que aquella fue una época, unos años en los que todos queríamos leer, ir al teatro, releer, escribir, bailar, hacer política, ver todo el cine que la dictadura cívico eclesiástica militar había prohibido. A Mempo lo tengo muy ubicado en esos años de esplendor y expresión cultural. “Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera, nadie quiere que adentro algo se muera”, decía María Elena.

   Pero ahora, vayamos a centrarnos en la novela. La historia empieza directamente, sin introducciones ni presentaciones; se inicia con la atracción erótica entre Ramiro Bernárdez, un académico de treinta y dos años recién llegado de Francia, y Araceli, la chica púber, hija de Braulio Tennembaum amigo del protagonista. El amigo que se calienta con la hija del amigo, y la hija que se calienta con el amigo del padre bajo la luna caliente y el calorazo que debe hacer en el Chaco. Atracción perversa, si las hay.

   Claro que lo prohibido se consuma en una indudable violación. Después queda la duda acerca del estado de la muchacha, digo, si la chica había quedado muerta o viva. Más bien, los lectores nos inclinamos por la primera opción. Y a partir de acá empieza el protagonista a hacer el camino del antihéroe o del villano. Ramiro Bernárdez tiene que huir, encubrir, saber mentir. Comete su segundo crimen. Y lo tiene que encubrir. Violar a la hija de tu amigo y matar a tu amigo, es demasiado. El único  destino que le queda es seguir evadiendo la ley.  Y con respecto a esto, me gustaría citar textuales unas palabras de Silvana: “Yo hice una interpretación muy libre, comparando al personaje con el descenso a su infierno personal, donde se va viendo la transformación de su moralidad y las consecuencias de sus actos. Donde en un contexto de mucha violencia, y cuando se esperaba una condena tangible a sus delitos, su sentencia fue una tortura más bien psicológica encarnada en la culpa y el miedo.”- Silvana dixit. 

   Y, ya que abordamos la degradación moral del protagonista, agrego las palabras de Nacho: “Viví el paisaje chaqueño, me excité con su luna caliente hasta arder. Buena descripción del paisaje. Novela polémica sobre límites. Límites geográficos y también morales.

   ¿Nos puede pasar a cualquiera esto de perder en un segundo la razón y cometer una locura?

   Por un lado fue una violación por la diferencia de edad,  pero ella también lo deseaba, lo buscaba. Polémico. ¿Ella había muerto desde el inicio? ¿Luego aparecía su fantasma? ¿O era la culpa del doctor que lo acorralaba? ¿Shakespeare? ¿Hamlet? El contexto militar, el miedo, que ronda la escena. La locura de la selva misionera. Quiroga. ¿El interrogatorio del milico?

   Por último agrego la tensión que supo generar la novela de Mempo.”- Nacho dixit.

   Frente a la duda de Nacho sobre si hubo violación o no, transcribo una de las últimas líneas del segundo capítulo: “Y entonces él le tapó la boca con una mano, conteniendo el alarido. Forcejearon mientras él le rogaba que no gritara, y se acostaba sobre ella, apretándola con su cuerpo, sin dejar de manosearla, besándole el cuello y susurrándole que se callara. (…) Ella sacudió la cabeza, desesperada por zafarse de la boca de Ramiro, por volver a respirar, y entonces fue él, enloquecido, frenético, le pegó un puñetazo, (…)  Pero como Araceli gimoteaba ahora ruidosamente volvió a pegarle, más fuerte y le tapó la cara con la almohada mientras se corría largamente, espasmódico, dentro de la muchacha que se resistía como un animalito, como una gaviota herida.”

   Queda en el lector la duda sobre el estado en que había quedado la muchacha, digo, si había quedado muerta o viva. La duda aqueja al protagonista, y es la duda lo que lo convierte en asesino y lo que lo hace emprender su derrotero de villano criminal por las rutas chaqueñas.

   Y asocio a esto las palabras de Cristian: “Cuando empecé a leerla lo primero que pensé fue, otra vez una violación, es un tema terrible, ya no tengo ganas de leer esto. Pensé que se venía algo a lo Amores urgentes de Juan Solá o La virgen cabeza, que estuvieron buenísimos, pero un poco me agotó este tipo de lectura. Y enseguida me di cuenta de que no iba por ahí la cosa y me encantó el libro, me pareció muy amena y sencilla la manera en la que está narrado y vi esa sencillez como una virtud de Mempo, en vez de una falta de recursos.” 

   Pero algo insólito, quizá no muy bien verosimilizado sucede, y es la sorpresiva reaparición de Araceli sana, salva y enamorada… Una sensación de absurdo acomete a los lectores. Como si de pronto estuviéramos leyendo una comedia dislocada. Pero es una sensación fugaz. Araceli estaba un poco loca y la cultura de la violación combina muy bien con este clima de época. 

   Es interesante también ver que  el narrador no reflexiona sobre los actos inmorales del protagonista. El narrador muestra las acciones, las reacciones y el terrible paisaje que parece influir en los actos de Ramiro. ¿Podía el protagonista diseminar su culpa en la luna caliente y en el calor tórrido del ambiente? Pero a medida que va avanzando la acción vemos que lo que realmente influye es esto que hoy se denomina “clima de época”. O también llamarlo “moral de época”. Recordemos que esta ficción ocurre en el año ’77, en plena dictadura, en uno de los peores años de represión y falta de libertades Esto nos hace pensar que el protagonista no pudo elegir. Acá hay algo muy contradictorio. Por un lado la “libertad” que implica haberse dejado llevar por un impulso bestial, y por el otro, la falta de libertad al no poder negarse a un impulso violento y tanático como el que tuvo con la púber. La opresión de la luna caliente y también  del año 77 le quitó la libertad de decir no que te da el raciocinio. Se puede leer que Ramiro Bernárdez no eligió, sino que actuó compelido por un impulso al que no se pudo negar. Su voluntad estuvo tiranizada por la luna y el clima de época. La situación tanto política como climatológica funcionó como eso, lo convirtió en un animal carente de la libertad de negarse a hacer lo que está mal, la libertad de negarse que te da el raciocinio.

   La relación entre Ramiro y Araceli se asocia a la que pinta Nabokov en su novela Lolita. Para mí hay una gran diferencia. En la historia del escritor ruso, el protagonista, llamado Humbert Humbert , (sí, es así, su nombre por duplicado), planea en detalle la posesión de la púber Lolita. Al asesinato lo provoca después de haber pervertido a la menor. Lo provoca, no lo comete con sus manos. Todo en esa novela en un roce. El incesto ahí en un roce. Habla de Lolita como rozándola. Humbert Humbert no pierde su conducta civilizada. “Tiene roce”. Por el contrario, el arquitecto recién llegado de Europa a tierras sudacas se bestializa sin querer, casi no piensa en lo que hace. No se gobierna a sí mismo. La luna caliente lo barbariza, lo impulsa. Recién después de su primer crimen debe planear, pensar cada uno de sus próximos pasos, debe fingir, como lo hace con el paraguayo que lo levanta, debe meditar bien lo que va a declarar a la policía después. A pesar de  la luna caliente y el bochorno se convierte en un hábil declarante.

   Y como el crimen dominaba y gobernaba en aquel año, las autoridades podían perdonarlo. Perdonarlo para convertirlo en cómplice del proceso de reorganización. (Ay, hubiera preferido eludir este nombre, perdón.). Por algo (lo dice el texto) al crimen lo investiga personalmente un teniente coronel, Gamboa  Boscheti, que le dice: “- voy a ser claro nuevamente, doctor: usted no está siendo admitido en la universidad sólo por sus estudios, ni por sus títulos. En el proceso en el que estamos empeñadas las Fuerzas Armadas, ello no es posible, sin nuestro conocimiento. Usted viene a ser lo que yo llamaría un hombre de reserva, una persona en estudio. Que nos interesa mucho. Y hasta ahora sus antecedentes son impecables. ¿Se da cuenta?  (…)”

   Avalar lo injusto y lo criminal y reclutar cómplices era propio de la dictadura. A propósito de esto, reproduzco ahora la opinión de Rosalía, Rosi, sobre la novela: “Me pareció ingenioso y creativo en los giros que tomó la historia.

   Su forma de escribir te deja seguir leyendo, olvidándote del tiempo. Lo que dije: escribir sobre lo que pocos pueden decir, o sobre lo que la moral no tensiona. Digo, se anima a polemizar sobre una problemática compleja de abordar.

   Visibiliza la impunidad de las fuerzas y expone a los “ensobrados” ”. Rosi dixit. 

   Pero a la salvación total la encuentra en las palabras de su propia víctima, que es Araceli cuando declara mintiendo: “-Les dije toda la verdad, mi amor, que estuviste toda la noche conmigo y que estamos enamorados.”

   Araceli y la luna lo bestializa. Araceli es una bestia que no quiere hablar ni aclarar lo que pasó, o, más bien, lo que hizo el civilizado abogado llegado de Europa.

   Araceli lo salva.

   La dictadura lo condena y lo salva. La dictadura es bestia porque es bestial ser el que manda y ser la ley al mismo tiempo.

   Faltaría al protagonista hablar, aclarar, sacarlo todo afuera con su víctima- amante Araceli:

   “Entonces, para detenerla, le dijo lo que tanto ansiaba y temía decir:

   _ Araceli -en voz baja, hablándole al oído-, vos creés que yo maté a tu papá, ¿no?

   _No quiero hablar -murmuró ella, despacito, con su voz aniñada-”.

   Otra vez ocultar. No hablar.

   El asesinato a Braulio Tennembaum queda definitivamente impune.

   Estamos, entonces, ante un adentro opresivo, el interior de la dictadura, el año 77 en el que todo se oculta y se miente. Es el interior del texto, es la ficción. El año ’83, cuando el autor cuenta, despliega los hechos, escribe una novela que hubiera estado prohibida en el año en el que se sitúa su ficción. El ’83 fue un año de liberación, el año de nuestro gran pacto democrático, y esperamos que este pacto sea eterno en la Argentina, que la democracia sea la esencia de nuestra patria, que la luna llena, caliente, chaqueña, nueva o menguante, sea para el amor y el goce y nunca para el crimen.

 

Raquel Poblet.

 

 

 

domingo, 30 de marzo de 2025

La furia

     ¡Qué mejor para empezar el año de la Serpiente, que un libro de Silvina Ocampo! Decidimos leer "La furia" en vacaciones, que son 34 cuentos, la mayoría escritos entre 1937 y 1940, época en la que Silvina vivía en la estancia Rincón Viejo en el pueblo de Pardo, con el joven y atractivo Adolfito Bioy Casares, con quien noviaba y luego se casaría... En el país transcurría la Década Infame, que devino luego del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen en 1930. Se sucedieron varios milicos en el poder y en el año 1938 fue elegido un radical, Roberto Marcelino Ortiz, en elecciones signadas por el fraude. Igualmente este contexto de país, a las familias Ocampo y Bioy Casares no le interesaba.

    Los 7 locos fuimos nueve esta vez y estábamos felices de reencontrarnos, pero a su vez nos envolvía una sensación particular inherente al mes de marzo, momento del año en el que terminan las vacaciones y uno empieza a preguntarse qué va a hacer de su vida, cómo va a llegar a fin de mes, si tendrá algún momentito de ocio, de disfrute, etc. 

    La pregunta existencial de marzo se puede resumir de la siguiente manera: ¿podrá uno parecerse más a La liebre dorada, que salta libre por el campo, y por más que la persigan y la quieran cazar, no guarda resentimiento por los desaforados perros que la corrieron sin éxito; o, por el contrario, uno en su cotidianeidad terminará pareciéndose más a esos pobres perros de caza, que mandados por el cazador (empleador, jefe) corren frenéticamente hacia el objetivo, sin medir consecuencias, y acaban moribundos tirados en el pasto?

    Los nueve que estuvimos presentes en los aposentos de Pepa, alrededor de la mesa que ostentaba empanadas, papas fritas, chipás, tartas y vinos, fuimos Nacho con nuevo corte de pelo; el caso Rosi de Freud; Rachel y sus revistas literarias de la década del 80; el pibe Cristian bronceado con sol de Barú; la cada vez más glamorosa Sil (pese a que no pertenezca a la familia Ocampo); Vir y su calidez; Ana María y su incorrección afectuosa; Pepa, la mejor anfitriona que uno pueda tener; y quien escribe, el azabache Dani. También participaron niñeces -Valen, Maxi y Aimé- alegres y entrañables, en contraposición a las que describe Silvina en "La furia".

    ¿Qué decir de los cuentos de la menor de las Ocampo? 

    En los cuentos de Silvina, vida y literatura se confunden, como ocurre en La continuación. En este relato hay una pareja y aparece una tercera que se llama Elena. 

    Elena Garro fue una novelista mexicana, esposa de Octavio Paz y amante de Bioy. La sexualidad y la infidelidad son temas que invaden la literatura de Silvina: 

    "Aborrecí la sangre celosa que corría por mis venas. (...) Te aborrecí porque me amabas normalmente, naturalmente, sin inquietudes, porque te fijabas en otras personas".

    En El asco también surge la infidelidad. Narra la empleada de la peluquería. Asco de Rosalía hacia su marido, barbudo con cara de demonio. Ella vence el asco con voluntad y logra amarlo. Con el amor la casa está linda, ella cocina y él trae regalos. Con el desamor la casa se viene abajo, él es infiel -con la peluquera-, y en ella surgen ganas de matarlo con un cuchillo. 

    "Ser amada no da felicidad, lo que da felicidad es amar".

    En El goce y la penitencia, la que narra es una mujer que se enamora del pintor al que le había encargado, junto a su marido, el retrato de su hijo Santiago. Armindo, el pintor, termina retratando un niño que no se parecía a Santiago, sino al hijo por nacer, producto de la infidelidad.

    En El castigo narra el varón de la pareja, que era extremadamente celoso. Ella, una joven de 20 años, relata su historia desde el presente hacia atrás, hasta el día de su nacimiento, demostrando su fidelidad. Él al final del cuento, envejece 20 años después de escucharla.

    En La paciente y el médico, una joven virgen se obsesiona con su médico. Él le entrega un retrato suyo para que cuelgue en la cabecera de la cama, y recurra a él cuando se sienta mal. Ella salía con hombres a los cuales les cobraba para comprarle regalos al doctor, pero no tenía relaciones con ellos. ¡Es una descripción de la histeria! -gritó la psico Rosi.

    En Carta perdida en un cajón, la historia es entre dos mujeres que se conocieron en la infancia, en el colegio. Empieza la carta con un inobjetable "Imbécil". Continúa diciendo "No me parece posible que el revestimiento de mi esqueleto sea igual al tuyo". La destinataria de todo este resentimiento se llama Alba. Y una tercera, también mujer, se termina enamorando de Alba, al escuchar a la narradora hablar pestes de ella. 

    La superstición sobrevuela los cuentos de Silvina. En La casa de azúcar las supersticiones no dejaban vivir a Cristina. Pero lo que finalmente ocurre, termina dándole la razón. Empieza a vivir la vida de otro por habitar su casa. Cristina se transforma paulatinamente en Violeta, la antigua dueña de la casa, una mujer que usaba vestido de terciopelo, cantaba, era hermosa y tenía amantes. 

    Silvina Ocampo era supersticiosa y medio adivina. Tenía un sexto sentido. Magush leía el destino en el edificio deshabitado que estaba frente a la carbonería en donde vivía. Usaba los ventanales del mismo como barajas. En La sibila, la niña Aurora se había hecho amiga de Clotilde Insfrán, que era corsetera de su mamá y también adivina. Cuando muere Clotilde, le promete a Aurora que "el Señor", en un futuro la iba a ir a buscar a ella también para que estén juntas. Por eso cuando entra el ladrón a la mansión de Aníbal Celino, papá de Aurora, la niña lo esperaba en la escalera, pensando que era "el Señor". El nombre del cuento refiere a las sibilas de la mitología griega, que eran profetizas que conocían el futuro. 

    Por su parte, La casa de los relojes es una tragedia, pero no hay héroe como en las tragedias griegas, sino todo lo contrario. El protagonista es Estanislao Romagán, un relojero jorobado, muy querible, que asiste a la fiesta de bautismo del Rusito, con el traje arrugado. Y como era tan querido, muchos de los asistentes a la fiesta, terminan acompañandolo a la tintorería "La mancha" para plancharle el traje. Pero lo hacen sin sacárselo, sobre la joroba, y terminan quemándolo vivo. 

    Hay tragedia en El vástago donde se va gestando la venganza hacia el abuelo violento. Dos hermanos viven las atrocidades ejercidas por Labuelo durante su infancia y adolescencia. Uno de ellos, el que narra, logra tener una aventura con Leticia, que queda embarazada. Labuelo piensa que el hijo es del hermano Ángel Arturo y lo obliga a casarse con Leticia, que no dice nada. El nieto que nace, es el retrato de Labuelo, y a él no le negaba nada. Ese nieto encarnará la venganza, que luego tendrá un giro trágico.

    La crueldad es una constante en la literatura de Silvina. Mimoso es el perro que muere y es embalsamado con sustancias tóxicas, para ser recordado. Pero termina siendo cocinado y servido en la cena para hacer uso de esas sustancias con el tenedor de libros de la Casa Merluchi, quien insinuaba que la dueña del perro tenía una relación zoofílica con Mimoso. En El sótano, una mujer que habitaba allí, y había aprendido a convivir con los ratones, es encerrada cuando se decide la demolición de la casa. 

    En La furia, el cuento que da el nombre al libro, la crueldad está encarnada por Winifred, la filipina, que parecía una furia o erinia. Según la mitología griega las erinias eran personificaciones femeninas de la venganza, que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. Winifred había prendido fuego a su amiga de la infancia Lavinia con un cirio en un acto escolar, estaban ambas vestidas de ángeles. Esto le cuenta a su amante, que es el que narra, a quien conoce en una plaza a donde había ido porque estaba cuidando un niño. A él le molestaba el ruido que hacía el niño cuando tocaba el tambor. Winifred le advierte de su maldad, y finalmente se escapa, abandonando al niño con él.

    La enfermedad y la muerte a las que Silvina tanto temía, a tal punto que evitaba ir a visitar a amigos internados y a los velorios, son temas centrales. En Las fotografías, Adriana que había quedado paralítica luego de un accidente, el día de su cumpleaños tiene la primera salida del hospital, y muere no sin antes sacarse las fotos protocolares con cada uno de sus familiares. En La última tarde, Porfirio Lasta que vivía tranquilo en su campo con las ovejas, muere asesinado por su hermano que le llevaba la contabilidad. En El vestido de terciopelo, la señora Cornelia Catalpina de Barrio Norte, muere asfixiada mientras se probaba su nuevo vestido de terciopelo asistida por la modista. En La boda, la novia Arminda muere picada por una araña que había sido colocada en su rodete de novia, por una niña de 7 años -que es la que narra-. "La araña por la noche es esperanza". 

    En La oración, una mujer le habla a Dios. Ella le había sido infiel al marido, a quien nunca había querido, con un albañil. Caminando por la calle España en Avellaneda, se topa con una escena horrorosa. Claudio Herrera de 8 años ahoga en una zanja a otro niño Amancio y ella no interviene. A continuación rescata a Claudio y lo esconde en su casa, para evitar el linchamiento. La gente del barrio estaba enardecida, "Durante el entierro la gente no lloraba a Amancio, maldecía a Claudio". Pero a su vez, la mujer que narra, se da cuenta de la maldad de Claudio, y deja abierto el botiquín con los barbitúricos que utilizaba para dormir, para que los use con el marido, a quien Claudio también odiaba.

    La perversidad de los niños también aparece en Voz en el teléfono, en el que el narrador le comunica a su pareja por teléfono, que no había podido encenderle un cigarrillo porque tenía un trauma con los fósforos y las fiestas infantiles. Y relata que de niño había incendiado su casa el día de su cumpleaños con la mamá de él y de sus amiguitos adentro. En Los amigos, Cornelio, a quien todos tenían por bueno, era místico y perverso. Se adjudicaba una inundación y la epidemia de tifus. Generó una convulsión en otro niño Andrés y quiso matar a su amigo (el narrador), pero a último momento ofreció su vida por la de él. 

    Sin pretender agotar el análisis, por último quería nombrar la originalidad de los narradores, tema que también se charló en lo de Pepa. En Los sueños de Leopoldina, narra el perro Changuito, fiel a Leopoldina que tenía 120 años. Lo que ella soñaba se hacía realidad, pero siempre había sido muy humilde y predecía eventos que tenían que ver con la naturaleza. "Como un barómetro anunciaba las tormentas o el buen tiempo; antes que yo, olía al león que bajaba del cerro, a comer los chivitos o a torcerle el pescuezo a los potrillos". Sus nietas Leonor y Ludovica querían que sueñe con "piedras preciosas, con anillos, con collares, con esclavas. Con algo que sirva para algo. Con automóviles". Y no le prestaron atención cuando predijo la llegada del viento zonda, que arrasó con todo.

    En El asco narra la empleada de la peluquería; en La boda narra la niña Gabriela de 7 años, que es la que pone la araña; en El vestido de terciopelo narra otra niña de 8 años, que ayuda a la modista de Burzaco con sus clientas.

    Nos empapamos de literatura ese mediodía de domingo en Villa Urquiza y salimos un tanto perturbados, porque eso generan los cuentos de Silvina, pero enriquecidos. Gran manera de empezar este 2025 de lectura y amistad. Auguro, a la manera de Silvina, Magush o la niña Aurora, un año de bellos encuentros loquísticos.





El Azabache Dani

    


    

    




    

viernes, 13 de diciembre de 2024

Los 10 años locos

Sáenz Peña, Sábado 30 de Noviembre de 2024


Estamos acá reunidos porque Los 7 Locos cumplimos 10 años de existencia.

En julio de 2014 -pleno invierno porteño- arrancamos con la muy modesta y simple idea de leer y discutir sobre literatura, siendo nuestra única condición que los autores a tratar hubieran nacido por estas latitudes, las del Sur. Para agregar un condimento diferente, pensamos en reunirnos en lugares que se relacionaran tanto con la obra como con el autor elegido. 

A partir de esa iniciativa, hemos tenido ya 84 encuentros, leímos 76 libros -uno por mes-, de 60 escritores diferentes.

El grupete está formado por gente común pero apasionada. ¡Quedan todos invitados a formar parte! No es sombrío y gris como Los 7 locos del Astrólogo y Erdosain. Es alegre y combativo. 

Una de sus principales características es su heterogeneidad: hay jóvenes de setenta y pico, madres de niños y de gatos, abuelas modernas, fanáticos de Freud y Lacan, escritores, licenciados recibidos en la academia y otros en la calle, médicos, brasileros cariocas, monógamos, poliamorosos, bailarines de tango, etc.

Somos heterogéneos, diversos, pero tenemos 3 puntos en común:  soñamos con que otro mundo es posible, más equitativo y con oportunidades para todes; defendemos la educación y salud pública de calidad y también los espacios públicos y populares como esta biblioteca -muchas gracias Daniel por recibirnos- y creemos fervientemente en lo colectivo como salida.

Empezamos siendo 3 y ahora somos alrededor de 15. Este grupo se fue constituyendo por oleadas. Fue muy importante la del 2016 con la incorporación de Pepa, Ana María, Guille, Alicia y Tati. Después vino la del 2022 en la que se sumaron la pícara Raquel, el Cristian de San Martín y la blonda Sil, y actualmente estamos viviendo la tercera oleada, que es local, de Sáenz Peña y nos trajo a Vir, Cami, y Andre, pero también a Lucas, Luis y Euge de otras regiones.

Recorrimos con el grupo 23 de los 48 barrios porteños: estuvimos en Agronomía, donde vivió Cortázar antes de radicarse en París; nos juntamos en Palermo donde Borges tenía su biblioteca y charlamos acerca de los Lemmings de Fabián Casas en su Boedo natal.

En provincia de Buenos Aires arribamos a Temperley, donde el Astrólogo de “Los 7 locos” tenía su quinta; nos congregamos en Munro, en la Casa de la Memoria y Resistencia Jorge “Nono” Lizaso, que en los años 70 funcionó como una unidad básica de la Juventud Peronista, para compartir “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh y navegamos por el Paraná en el Tigre de Haroldo Conti.

Calculando las distancias   -como viajeros que somos- éstas representan 675 kilómetros de camino en estos 10 años, lo que equivale a viajar de Capital Federal a Córdoba capital. 

Durante el impasse pandémico compartimos 12 encuentros virtuales, y la pelota no se manchó: en esa época transitamos la poesía de Alfonsina Storni, la trans literatura fantástica de Camila Sosa Villada y nos pusimos en contacto por primera vez con Ricardo Piglia y su novela epistolar “Respiración artificial”.

En el 2022, devenimos vacunados, y volvimos a abrazar el placer incomparable de la presencialidad. Ese primer encuentro post pandemia fue en el Jardín Botánico con el libro “Pulpo” de la escritora y miembro del grupo Raquel Poblet -que dicho sea de paso hoy se rifa-. Porque este grupo también tiene eso, compartimos lo que nosotros mismos escribimos.

Como ejemplo podemos nombrar también el libro de poemas “A barlovento”, de nuestra compañera Guillermina Nicolini, que “por esas cosas de la vida” hoy no puede estar acá con nosotros en presencia, pero sí en espíritu.

De los 60 escritores leídos, 22 son mujeres, es decir el 37%, este porcentaje debería ir en aumento. La primera escritora mujer que elegimos fue Samanta Schweblin y su libro de cuentos “Pájaros en la boca”, en septiembre de 2016, ya llevábamos 2 años de historia con el grupo. Tardamos un poco en empezar a leer mujeres. Después vinieron muchísimas más: Aurora Venturini, Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Hebe Uhart, Silvina Ocampo, Camila Sosa Villada y Dolores Reyes, entre otras.

Es más, Dolores Reyes participó en el encuentro que hicimos cuando compartimos “Cometierra” en septiembre de 2019. Porque ese fue también un plus de este grupete de lectura que hoy cumple 10 años, convocar a los autores. Y algunos se coparon: Juan Diego Incardona cuando leímos “El Campito” y Haidu Kowski cuando compartimos “Instrucciones para robar supermercados”, son dos ejemplos de ello.

Además de los encuentros de lectura, tuvimos 4 tertulias memorables: la primera fue la Tertulia Los Siete Locos en el Centro Cultural El Colectivo de Villa Urquiza en Diciembre de 2016; luego la Tertulia Latinoamericana para agasajar a nuestro compañero Wagner brasilero que estaba de visita, en lo de Pepa en diciembre de 2019; la tercera fue 3 años después, la Tertulia pospandémica en diciembre de 2022 en mi terraza y la última la Tertulia Iniciática para dar comienzo al año del Conejo en febrero de 2023. Ésta la de “Los 10 años de Los Siete Locos” sería la quinta.

Por último, no quiero dejar de nombrar nuestro blog: literaturamaga@blogspot.com, el nombre en honor a la Maga de Rayuela, de la que todos nos enamoramos, no sólo Horacio Oliveira. En él se deja testimonio a través de crónicas cortas y algunas fotos, de todo lo que vamos sintiendo y pensando en los sucesivos encuentros. Ya tenemos 46 escritos, algunos de ellos memorables, los otros indispensables…

 En este 2024, año del dragón y de un gobierno que admira millonarios y busca congraciarse con el FMI, Trump y Elon Musk, hambreando y reprimiendo al pueblo, nosotros volvimos a apelar a los libros, al encuentro, el compañerismo, el afecto, y el sentido del humor; a la lectura que conmueve y a la poesía como refugio. Es nuestra pequeña revolución y seguiremos batallando de esta forma por 10 años más.    

¡Bienvenidos a la fiesta de Los Siete Locos!









Quelonius Monk

martes, 19 de noviembre de 2024

El tormento más puro

 

  En la crónica pasada hablé de “día histórico” para Los siete locos. Los días históricos suelen ser hitos en la historia o en la vida de uno; “hito” significa fuera de lo cotidiano o repetible; bueno, significa eso y mucho más. Quiero decir que voy a contradecir estos intentos de definir tal palabra, puesto que otra vez; es decir, a la vez siguiente, Los siete locos hemos vivido otro día histórico. Sí, hicimos nuestra reunión mensual en la biblioteca Mariano Moreno de Sáenz  Peña por primera vez. Y hay otro detalle. Diez años cumple este grupo y bien festejado será dentro de unas semanas.

  Nos reunimos adentro de paredes llenas de libros. A une se le iba la vista leyendo los lomos o, simplemente, viendo los colores y recordando cosas leídas o por leer. La buena biblioteca vence al tiempo, se pueden encontrar todos los siglos en los anaqueles.

  Acomodamos unas mesas, distribuimos los manjares y las bebidas,- era la hora de almuerzo,- sacamos un poco las miradas de los estantes y nos concentramos en nuestras caras dispuestas en círculo. Estaban Virginia, yo, Camila, Andrea, Nacho, Anita, Pepa y Dani. Estaba también la pareja de Camila que se fue antes, qué lástima. Y faltaban Rosi, Cristian, Silvana, qué lástima.


   El libro que nos convocó esta vez, este 10 de noviembre de 2024, fue nada menos que “El tormento más puro” de Fernanda García Lao.

  Sí, nos concentramos en nuestras caras. Todos estábamos con los ojos abiertos… ¡Qué buenos cuentos! “¡Qué ocurrencias”,- dijo algune de nosotres. Caras de extrañeza en la ronda. Es que estos cuentos son extraños. Extraños porque son realistas, no son fantásticos. Bien realistas son. Todo lo que ocurre aquí puede pasar. Todo lo que ocurre en estos cuentos es posible. Lo que hace Margarita, la virgen añosa, con su cuerpo en el cuento “Tan de cerca”, puede pasar. De hecho pasó. Nuestra autora lo cuenta en una entrevista refiriéndose a una actriz norteamericana. Recuerdo muy bien el hecho y comparto el espanto. Y todos hemos conocido o visto por tele monstruitos así… Perdón, no quiero espoilear.

 

  En Dos veces Gregorio, la hermana de la narradora quiere encontrarse con su marido, aunque con un detalle afectivo especial.

  O la protagonista de El día que murió papá que tiene que hacer varias tareas con un problema líquido.

 

  En Alfonso y su corcel todo es extraño, pero todo es posible, como fue posible que fuera el futuro mismo el que conspirara contra la monarquía gracias al advenimiento de la mecánica. Máquinas y obreros, decadencia de los reyes.

  El plagio del padre en el cuento que da nombre al volumen, asombra, pero es posible.

“La humanidad de un lado, las bestias de otro.” El cuento: Jardín desnudo” nos habla de civilización y barbarie. El protagonista no ve en la naturaleza a un bello paraíso. No. Siente la obligación de poner orden: “La naturaleza es un escándalo. Y yo intento sostener mi rol de hombre educado. Lanzo una amonestación general para censurar la barbarie, pero el jardín no me pierde de vista.” Asevera cerca del final del relato. Yo, por capricho, siento la obligación de contestarle a este protagonista citando los versos finales del largo poema inédito del Marqués de Sade intitulado “La verdad/ La vérité”. Es un poema que se dedica a insultar al dios católico y a las leyes de los hombres, y, cuando habla de “ella” se refiere a la naturaleza. Acá van los versos:

  “Después de los mejores años, si su voz nos llama,

    Regresemos junto a ella burlándonos de los dioses;

    Su crisol nos aguarda para recompensarnos;

    Lo que adquiere su poder, nos lo devuelve su necesidad.

   Allá todo se reproduce, todo se regenera;

   La puta es la madre de los grandes y de los pequeños,

   Y todos nosotros siempre somos muy queridos para ella,

   Monstruos y malvados como buenos y virtuosos”

 

  No es que yo esté muy de acuerdo con el Marqués, pero recomiendo leerlo. Fue un escritor genial.

 

   Y ahora, déjenme dedicarle unas palabras a Hortensio, el protagonista del cuento “Prohibido entender este momento

  Hortensio es hijo de una madre soltera que queda segregado del grupo familiar. Es un bastardo que tiene razón. Quiero decir que el narrador y los lectores estamos a favor de él. Heredó una biblioteca. Las bibliotecas heredadas siempre tienen sorpresas, quiero decir que en ellas podemos encontrar libros que uno no sabía que existían y que aparecen de golpe. No son las bibliotecas sin secretos que uno va acopiando a lo largo de los años. No. Las bibliotecas heredadas son aquellas de las que desconocemos el origen y cuyos libros se van mezclando con los que nosotros vamos comprando. Son esas bibliotecas desorganizadas las que vencen al tiempo. Ese era el hogar de Hortensio. Él era un lector y su experiencia de vida estaba en la lectura misma. Y se consideraba así mismo un lector verdadero, genuino. “He anestesiado mi vida para estirar el tiempo”, le dice al juez. Y luego califica a cada uno de los miembros de su familia, la legítima, la que no es bastarda y que quiere despojarlo de sus entrañas, su tradición y su hogar:

-        “Señor juez, soy un lector irremediable, He anestesiado mi vida para estirar el tiempo. Los muertos me escriben. Conozco mejor sus cabezas que las de nadie, incluida la mía. Para el resto, la biblioteca es un modo de llenar espacios de vida ociosa. Elena maneja el esnobismo como método de sublimación estética mientras vende ibuprofenos. La abuela Nuria utiliza el siglo XIX como sedante. Y el tío Uriel es un cobarde, emplea la literatura para evadir apuros genitales y seducir jovencitas en el corralón de materiales. Encontré más de quince bombachas en el departamento…”

 

  Hortensio lee todo el tiempo y lo reprenden por eso. Lee un cuento de Silvina Ocampo, “El vestido verde aceituna”, que recomiendo y que está en el volumen Viaje olvidado de la misma autora.

Lee La Eneida. ¿Alguna identificación con Eneas?

  Lee a Marosa Di Giorgio, y, si me permiten, transcribiré un pequeño poema en prosa del libro Clavel y tenebrario de ella. Lo cito por capricho y porque quiero congraciarme con Hortensio:

   “En las noches de enero, las diablas daban a luz cerca y allá lejos, bajo sus negras melenas, sus largas pestañas.

  Los diablos, apenas nacidos, empezaban a hacer cosas atroces, malignidades, corrían por todo el campo, iban hasta la casa, pasaban el dormitorio, la cocina, volvían, de nuevo, volando hacia las diablas, que contemplaban con ojos impasibles, los juegos y los nacimientos.”

 

   En los poemas de Marosa hay muchas hortensias, además.

 

    Hortensio se enamora de una mujer, Felisa y dice de ella: “esa mujer era un texto”. Y es esa mujer, una persona que no lee y que le dice. “Yo soy humana y no leo.”. Ella le devela el enigma del cuerpo de su madre muerta y él tiene su gran experiencia erótica. La tiene con esa mujer que era un texto. Y al final… Hortensio era un ave fénix.

 

  Hay frases magistrales en todos y en cada uno de los cuentos. (“magistrales”, ¿será ese el adjetivo que debo usar?) Digo, frases como la que habla de la ceguera de la madre de Claudina “Las dioptrías de ella se hicieron pantano”; o “misas, casamiento o cualquier otro trastorno del pensamiento”

 

   Recomiendo a todos y  cada uno de los cuentos de este volumen. Siempre hay otros autores detrás del autor que estamos leyendo. Yo oigo la voz de Silvina Ocampo, claro, la de Felisberto Hernández, la de Horacio Quiroga,-la misma autora lo señala en una entrevista; oigo la voz de Leopoldo Lugones en “Las fuerzas extrañas”, que si bien es un  fantástico, tiene la extraña oscuridad de los cuentos de nuestra autora. Pero repito, en “El tormento más puro” todo es real extraño. Porque es extremado. Porque, como dice la autora “en estos cuentos lo cotidiano ya está roto”.

  Yo digo, y repito, perdón, digo otra vez, que es extraño porque es posible, porque lo que estas ficciones narran son hechos extrañísimos que tienen posibilidad en nuestro mundo real. Están al límite de lo que creemos real y esto nos lleva a la pregunta: ¿Cuál es el límite de lo real? ¿Dónde empieza lo irreal? ¿Dónde se quiebra el código de posibilidad?

  Ahora, en la actualidad, muchos nos hacemos esa pregunta. Digo en la actualidad en la que estamos viviendo, no en la que viven Estelita, Hortensio, Margarita y los otros personajes. Ahora, en la Argentina, ¿No estaremos viviendo una realidad al borde de lo horrendo fantástico? No, desgraciadamente, el esperpento dominante es bien real.

  Pero, mejor, no asociemos esta realidad chabacana que hoy nos toca con la literatura de la autora que hoy nos convoca, que es buena y vale la pena.

  Termino esta crónica con un poema de Juan Rodolfo Wilcock, poeta argentino, que se fue a vivir a Italia, amigo de Bioy, de Silvina y del grupo Sur. Quizá, el soneto que pongo ahora fuera  lo que estuviera leyendo Hortensio en el velatorio de su madre.

  Bueno, va soneto neorromántico de Wilcock:

 

   Los destinos

 

Nuestra vida está llena de otras vidas,

como esas piedras junto al mar, cubiertas

de formas que vivieron y están muertas,

en un resto de nácar convertidas;

 

las algas usurparon sus medidas,

su color un disfraz, y en las desiertas

ondas se mueven para siempre inciertas

de su roca natal y confundidas.

 

Cómo serán la desnudez primera,

los ojos que tuvimos en la infancia;

nuestra forma en el cielo cómo era

 

predestinada a esta terrena estancia,

no lo sabremos. Y otro es quien se presta

al labio nuestro, y quien por fin contesta.

 

                                       J.R. Wilcock

 

Adiós a todos. Nos vemos en la fiesta de los diez años.



 

Raquel Poblet.

 

domingo, 27 de octubre de 2024

El Eternauta II: la transformación de Juan

    Día histórico para los siete locos, que, sí, ahora somos muchos más que siete. Además de Virgi y Papá Luis, se nos incorporaron Camila, Andrea y Lucas.

   Y digo “día histórico” porque también, al igual que en el encuentro pasado, estrenamos casa nueva en el barrio de Sáenz Peña, la casa de Virgi, amplia, cálida ¡Y con piano!

   Adaptamos los muebles, hicimos una gran ronda con sillones y sillas. No faltó lugar para nadie. La mesa en el medio, pletórica de manjares.

   El eternauta II. La cara de Juan Salvo en la tapa nos anuncia más violencia, menos piedad. El héroe se volvió despiadado y brutal como los enemigos a los que tiene que enfrentar.

   Nuestro héroe está cada vez más cerca de ese monstruo inefable e indescriptible que es el poder. ¿Cómo es el poderoso? ¿Qué cara tiene? ¿Cómo es el que mueve los hilos? ¿Quién es? ¿Quién coordina a los gurbos, a los hombre robot, a los manos, a los zarpos? Ya conocemos la jerarquía de estos esbirros, pero, ¿quién es el que está arriba de los manos? ¿Por qué se llaman los “ellos”? Palabra ésta que nos remite a Freud, recordemos: “superyó, yo, ello”. Los ellos no tienen nombre, es como si no tuvieran denominación. Papá Luis y Rosi señalaron la no casual coincidencia de este “nombre” (para mí es un no-nombre o desnombre), con el inconsciente reprimido. 

   Hablamos mucho del cambio de Juan Salvo. Rosi dijo que se fue deshumanizando. Pepi señaló que él ya era un hombre que no se permitía dudar. Virginia hizo una alusión a la historia bíblica de la Señora de Lot. Es verdad, Juan Salvo no puede mirar para atrás. Juan ya no es el padre de familia que quiere volver. Ya no estamos en el tiempo en el que el motor de la acción era volver al chalet a estar con sus penélopes, Elena y Martita, a recuperar su dulce vida. Juan ya no es un señor feliz y estable en la bella casa de Vicente López. Ahora es un guerrero y el enemigo es más importante que su dulce vida. Ahora el héroe va hacia adelante a conquistar el enigma. El enigma es un vacío de lenguaje. En el enigma no hay relato. Es lo que no se conoce. El poder es un enigma. Es lo que mueve la acción en una historia. Juan va hacia ese enigma. Va hacia ese enemigo del que apenas conocemos algunas señales, pero no su forma. El enigma lo hace avanzar y la acción también. En esta segunda parte llega a atrapar a un ello y lo elimina con una crueldad que no demostró en el eternauta I. Ese asesinato se desarrolla en tres cuadritos sin palabras, hasta que al final se oye al narrador decir: “Tiembla el torso del Eternauta, hasta que por fin…” Sin dudas ni vacilaciones, sólo con un temblor del torso, ahoga, estruja, retuerce y lo dice. “Confirmado, no era un mano, era un ello”. Pero es tan inasible este enemigo, que, a pesar de la crueldad y la fuerza, no se sabe si lo mató del todo o si el ello se escabulló. Era “un ello…uno de los nunca vistos señores de los manos, uno de los directores….”

   No podemos ver al poder real, pero Juan sigue adelante hasta descifrar ese enigma y poder eliminarlo.  Y es capaz de arriesgar y perder a sus seres más queridos en el promontorio con tal de derrotar a ese enemigo poderoso genocida e inenarrable.

   Juan ya no es Juan. Es el Eternauta. Ya no está con un grupo de amigos con quienes compartir el rol de héroe. Es un guerrero solo que va solo con su saber. Saber que, por circunstancias ajenas a él, no puede compartir. Los nuevos amigos no cuentan con el saber de él. Ni con la experiencia de él. Un saber de guerrero militar del que él mismo se sorprende cuando comprueba que hasta sabe fabricar armas.  

   Es muy hermoso ese pasaje en la novela (esta es en una novela gráfica, sí) en el que se ponen a trabajar con los humanos de las cuevas. Es un momento de comunidad y trabajo. Hay  otros momentos así de amor y convivencia, lo que nos dice que la paz es posible.

   Enfrentar, ser capaces de toparse con el enigma, con  lo que no tiene relato.

   El Eternauta se rehúsa a entregar  a los quinientos hombres al enemigo. Como Teseo, decide enfrentar a eso que se desconoce y que oprime nuestras vidas. No entregar a los quinientos hombres. Cualquier similitud con el mito de Creta, el rey Minos y el minotauro, no es pura casualidad. Cualquier similitud con la realidad política de países empobrecidos pagando deudas infinitas a vampiros financieros, tampoco es casual.  La circunstancia de ricos endeudando a los pobres se repite desde la antigüedad, por eso las similitudes con la ficción no son casuales.

   Si bien Juan ya no está con los amigos de antaño, si bien está avanzando con su nuevo saber de sobreviviente, un saber que lo aísla de sus nuevos amigos, tiene ahora un nuevo acompañante que es el mismo guionista. Sí, es el mismo Oesterheld actuando en el espacio de la ficción. Un Oesterheld dibujado con la cara más “adocenada”, como dice Solano López en el gran documental de Juan Sasturain. Dice también que “es un hombre maduro, un poco pacato”. Este nuevo acompañante tiene las cualidades inversas a las de Juan, aunque se comporta heroicamente varias veces. No tiene la agilidad física que ha adquirido Juan en su transformación, pero es ayudado por jóvenes, los jóvenes de las cuevas. Hermosos todos, valientes, que conocen  las causas y se hacen cargo de la lucha. El pueblo de las cuevas es el momento y el lugar del afecto, es el punto amoroso de la historia; quiero decir, el pueblo de las cuevas es el único lugar en el que se sale del desierto hostil en el que se desarrolla la acción. Son humanos, son sobrevivientes, son amigos. Y son bellos. Son combatientes contra ese poder que los esquilma.  Pagaban un tributo en pescado a un efemeí (FMI) inefable, intangible y fagocitador. ¿Sería esta otra similitud no casual  con la actualidad del momento?

   El eternauta II salió en el año ’76. Cristian nos recordó que Oesterheld desde la clandestinidad le enviaba los manuscritos a Solano López, y que ya no se veían personalmente. Es que la similitud de la ficción con la realidad acá no es casual, como tampoco es casual la similitud entre las épocas. ¿Verdad?

   Bueno, Germán Oesterheld ingresa a la ficción, admira y acompaña a Juan, a quien ya no llama Juan, sino “el eternauta”. Germán es acompañante, narrador y testigo, y, además, sabe que acá hay una discontinuidad en el tiempo, por eso es testigo y sólo comparte ese saber con Juan. Pero también el guionista advierte el cambio de Juan y cuando habla de él lo llama directamente “el eternauta”. (Uy, perdonen, estoy repitiendo, qué le voy a hacer.)

   Germán advierte esa transformación en su amigo, y, después de que este matara al ello (no sabemos si lo mató), se pregunta: “¿Y vos, Juan? ¿Quién sos vos Juan?”

   Germán también se transforma. Hace el camino inverso al de Juan Salvo. Germán pasa de ser un hombre solitario a conocer y gozar del cariño de los compañeros. Conoce y anda siempre con Cosme y otros jóvenes que lo ayudan. María lo cura. A él lo mueve el amor de sus compañeros jóvenes. Y acá hay otra similitud con la realidad de la época en que fue escrita esta obra que, por supuesto, no es pura casualidad. Y este cariño que Germán siente y reconoce, me hace pensar en unos versos de Juan Gelman que me gustaría citar ahora. Son del poemario Notas, del año ’79.

Este que transcribo ahora es Nota XIII:

 

 “cada compañero tenía un pedazo de sol

  en el alma/el corazón/ la memoria/

  cada compañero tenía un pedazo de sol/

  y de eso estoy hablando

 

  no estoy hablando de los errores que

  nos llevaron a la derrota/ por ahora/ no

  estoy hablando de la soberbia/la ceguera/el delirio militarista

          de la conducción

    estoy diciendo que cada compañero tenía un pedazo de sol

 

    que le iluminaba la cara/

     le daba calor en el pavor nocturno/

     lo abellaba alegrándole los ojos/

     lo hacía volar/volar/volar”

 

   He citado un fragmento. El poema continúa.

 

   Otro detalle que sí conocía Germán (hablo siempre del Germán de la ficción),  es que el eternauta, era el testigo del tiempo. El tiempo es una materialidad en esta historia. ¿Se puede conocer el tiempo? ¿Se puede ver? ¿Se lo puede manipular? Si bien es una dimensión artificial, Juan Salvo pudo desarmarlo en la novela anterior, El eternauta I. Pudo colocarse y recolocarse en distintas épocas. Era este uno de los saberes que mucho no podía compartir. Y por esta razón también, Germán, abandonó bastante el nombre Juan y pasó a llamarlo el eternauta. Esto fue también causa y efecto de la transformación del héroe.

   Un enemigo nuevo que aparece ahora son los zarpos. Otros esbirros del poder. Son seres humanos mutantes y caníbales alcanzados por la radiación. Ahí el eternauta se da cuenta de una verdad crucial.  

   Estos zarpos se parecen mucho a esa patota que entró con gas  pimienta en la universidad de Quilmes y que después se fotografió haciéndose pasar por estudiantes. Insisto, las similitudes ficción- realidad acá no son casuales. 

   Y me gustaría transcribir una reflexión de nuestra compañera Pepa. La transcribo.

Pepa dixit:

   “Juan Salvo decide asumir personalmente esta lucha porque sabe que no le va a alcanzar para enfrentar al ello. La vida de Oesterheld fue así. Cuando sus hijas empezaron a militar, militaban desde una posición burguesa, porque eran chicas de un colegio de gran nivel económico. Ahí va cambiando todo. Ellas se meten y él las va acompañando. Elsa no. A medida que él se va comprometiendo, él va sabiendo que es perseguido, que lo van a agarrar. Él pone sus esperanzas en los jóvenes, están sus hijas, pero el ideal político pudo más. Sabía que lo iban a apresar, que iba a ser un desaparecido. La lucha política, la necesidad de cambiar este mundo atroz en el que el ello gobierna y que no es otro más que nuestro enemigo de siempre. Ahí hago una relación con la vuelta de Obligado, en donde las tropas anglo francesas vienen hacia el sur para enfrentar a los puertos tanto de Uruguay como de Buenos Aires y se encuentran con la resistencia de Mansilla. (Eran Lucio Norberto y Lucio Vicente, padre e hijo). El conductor era Rosas. Murieron un montón de esos soldados, que, además hicieron la cadena enlazada de costa a costa. Y el paisaje de las costas de Obligado es muy parecido al paisaje de las cuevas. Los muchachos que intervinieron en esa pelea desigual, que terminó en una victoria pírrica, al decir de algunos historiadores, terminó con muchas más muertes de la parte rioplatense. Inglaterra y Francia se dieron cuenta después que se  habían trenzado en un enorme desafío, totalmente loco.  El pasaje de las cuevas se parece a la Vuelta de Obligado por el paisaje y por la desigualdad de fuerzas.”

   Y ahora, luego de las sabias palabras de nuestra querida Pepa, permítanme el capricho de transcribir otro poema de Juan Gelman, el que viene antes del que ya cité. Lo asocio a los humanos de las cuevas y a toda la lucha del eternauta, por eso. Ahí va:

 

Nota XII

 

los sueños rotos por la realidad

los compañeros rotos por la realidad/

los sueños de los compañeros rotos

¿están verdaderamente rotos/perdidos/nada

 

Se pudren bajo tierra?/¿su rota luz

diseminada a pedacitos bajo tierra?/¿alguna vez

los pedacitos se van a juntar?

¿va a haber la fiesta de los pedacitos que se reúnen?

 

y los pedacitos de los compañeros/¿alguna vez se juntarán?

¿caminan bajo tierra para juntarse un día como dice manuel?/

        ¿se juntarán un día?

de esos amados pedacitos está hecha nuestra concreta soledad/

per/dimos la suavidad de paco/la tristeza de haroldo/la lucidez

de rodolfo/el coraje de tantos

 

ahora son pedacitos desparramados bajo todo el país

hojitas caídas del fervor/la esperanza/la fe/

pedacitos que fueron alegría/combate/confianza

en sueños/sueños/sueños/sueños

 

y los pedacitos rotos del sueño/¿se juntarán alguna vez?

¿se juntarán algún día/pedacitos?

¿están diciendo que los enganchemos al tejido del sueño general?

¿están diciendo que soñemos mejor?

 

   Les cuento que Juan Gelman le dedicó este poema al escritor peruano Manuel Scorza, el que escribió Redoble por Rancas y otras novelas más. También les cuento que  las minúsculas, los cortes de verso, las barras y la puntuación en mi transcripción son fieles al original.

 

   Ahora quiero contar cómo terminó nuestra reunión. Aunque siempre haya detalles que habrán quedado por decir. Esta obra es tan compleja como apasionante. Y les pido a los integrantes del grupo, que si tienen algo por agregar, comentar, refutar o corregir, lo hagan, sí.

   ¿Cómo terminó la reunión?

   Los pequeños, tan hermosos, se pusieron a correr, a jugar y a hacer acrobacias entre nosotros. Pusimos los muebles en su lugar. De pronto hubo un grupo que aparecimos en la sala de delante de la gran casa de Virgi, y ¡Oh! ¿Era Frederick Chopin? ¿Era Marta Argerich? ¿Era Charlie García? ¡No! Era el mismísimo  Dani poniendo sus humanos y diestros  dedos sobre el piano, jamás sobre máquinas malignas, no, sobre el piano, y nos vimos primero cantando “aprendí a ser, formal y cortés”, después “él era un reeyyy, de esteee luuugaaar”. Después canciones de los Beatles y después más sui Generis. Es que Los siete locos somos hippies que marcamos tendencia.



                                                                              Raquel Poblet