Alma, si
tanto te han herido,
por qué
te niegas al olvido,
por
qué prefieres
llorar
lo que has perdido
buscar
lo que has querido
y amar lo que murió…
Rosita Melo y Homero Manzi
Con un humor hilarante, constante, contagioso,
así empiezan y terminan cada uno de los cuentos del libro que los siete locos
nos propusimos leer en este junio nublado y frío de 2026 para reunirnos en la
casa de Lili. Y con ese humor nos saludamos y nos fuimos acomodando en el
comedor de la gran casa de Banfield después de habernos organizado en los autos
de Cristian y de Virginia. Salir de capital nos hace bien, salir
del norte, también. Y recorrer, atravesar
la General Paz y llegar a ese lugar que también existe y que nos espera
y al que deberíamos ir más seguido porque tiene mucha luz y mucho cielo y
porque nos recibe Liliana con su afectuosa hospitalidad y porque la promesa de
la terapia de cuencos nos encantó.
Con el humor que nos contagió el volumen llamado Al acecho de Isidoro Blaisten, empezamos la conversación. Creo que el cuento que más nos gustó fue Desde el alma, pero empezamos contando el primero, el que lleva el título del libro. Este es el relato menos humorístico y el que encierra más misterio. ¿Quién fue el asesino? En la tapa de la primera edición hay una mano con una sartén de hierro. Esa es la gran pista. En este cuento se invirtieron los roles aparentes. Quien parecía ser el o la víctima o victimario/a, devino en su contrario. Acá hay puro misterio. No sabemos qué quieren los personajes. Tampoco se los identifica. No sabemos si se quieren conocer o, simplemente, se quieren acechar, perseguir, atacarse o amarse.
A partir de acá los cuentos son distintos.
Además de humorísticos, todos tienen dos historias. Y no me refiero con esto a
la teoría del iceberg propuesta por Hemingway y muy bien explicada por Ricardo
Piglia en una de sus entrevistas. Por supuesto que en estos cuentos hay una
“historia 2” que se cifra por los intersticios de la “historia 1” y que el lector descubre al
final. Pero me refiero a otra cosa. Digo que en la historia de superficie hay
dos historias: la que transcurre en el momento actual de la acción y otra que
en la mayoría de las veces es construida por el mismo protagonista. La construye el
protagonista por celos o por nostalgia.
El diputado Estigmetti ve pero no ve, supone
pero no sabe, entrevé como si se tratara de una puerta que no se puede abrir, o
una cerradura chica por la que se mira sin entender. Y esa falta de certeza le
hace imaginar lo peor. Cree que la Toti lo engaña con el joven cuentista y se
imagina historias, escenas. Ya lo sabemos, el celoso vive atormentado por “no
saber del todo” y en esa falta, en ese vacío
se construye, se inventa, se crea un relato que lo llena. También,
además de los celos, es la nostalgia lo que lleva a Estigmetti a crear otra realidad. Otra
realidad más poética que es la del recuerdo de la juventud cuando la Toti era
bella y zaguaneaban de lo lindo “(…) La
foto que ahora estaba colgada al lado del Botero, en el marco de plata
colonial. Estigmetti, con el bigote finito; la Toti, flaca y sensual,
esplendorosa y perfecta, con el vestido ajustado. El vestido resaltaba la curva
de la cadera. En el gris de la foto, los ojos de la Toti brillaban con un negro
inaudito. Al fondo se veía la estatua de Sarmiento.”
En su
esfuerzo por ser un aristócrata al modo García Atkinsons, Estigmetti encontraba
un remanso, un descanso en el recuerdo de juventud cuando viajaba con la mente
a sus retozos juveniles.
Estigmetti vive luchando en medio de esa
riqueza. La abundancia lo abruma. Vive para construir la casa, la quinta, el
living más grande de Sudamérica que superara al del General Noriega y que era
una caballeriza reciclada medio hedionda. La fastuosidad en su vida era un gran
peso. También el tiempo lo presionaba. Se remarca el contraste con la
tranquilidad del colega aristócrata. Y se ve la afinidad entre los dos en lo
que hace a corrupción. El fino y el mersa eran igual de truchos.
Todo contado con un humor digno de Gasalla y
Capusotto o Malena Pichot. O al revés; estos tres actores, seguro, han sido
buenos lectores del gran Isidoro Blaisten.
Este cuento, que más bien es una nouvelle,
refiere, por supuesto, al menemismo. Ese fue un decenio, que, a pesar de los
pesares que trajo a la Argentina, fue muy proclive a ser referido con humor.
Quiero decir que el menemato fue una jarana, una partusa absurda e injusta. El
menemato fue infame y disparatado, sí. Pero, volvamos a la literatura.
Digo, entonces, que este cuento, que más bien es una nouvelle, es una descripción costumbrista, realista y disparatada de un diputado corrupto. La historia satiriza al menemismo. Pero es una pura descripción que se sostiene y avanza gracias a la obsesión que se le imprime al protagonista y que le traza un camino hacia un final que no es más que un crimen fallido.
Otro cuento en el que el protagonista crea una segunda historia valiéndose del recuerdo es Desde el alma. “…y siguió tocando Desde el alma. Y cuando mamá cantaba Desde el alma, creo que no sólo los seres humanos que pasaban a la vera de nuestro balcón, sino todos los gorriones del barrio de Balvanera venían a escucharla.” Como hacía el desdichado y exitoso Estigmetti, acá el protagonista,- me refiero a el gordo-, cuando recuerda, también construye el momento de armonía y placer, que es esa otra historia. Recuerda esa juventud pasada (la juventud maravillosa) de los setenta,- acá aludida con alguna sutileza- , en la que ambos, el gordo y la gorda eran intelectuales y flacos. Ahora eran trogloditas sibaríticos que se erotizaban en un escenario que para la cultura marketinera que nosotros mamamos, es el más antierótico de los mundos, el mundo de la obesidad. ¿Es antierótica la obesidad? Quizá no para todos, pero sí para la cultura mediática y convencional que nos circunda. “Hemos hecho el amor sobre los sobres de orégano, que, extendidos sobre el piso, dispuestos sobre los mosaicos, son un buen colchón”
Bacanales de sexo de a dos, derroche inmoral
de comida fue el destino del gordo y la gorda que habían sido intelectuales
adeptos a los cines y bares de la calle Corrientes. Acá otra vez el
protagonista construye, crea esa otra historia en la que reinan la armonía y la
belleza. Ese espacio paradisíaco también existe en el recuerdo de su mamá tocando el
vals Desde el alma con todos los gorriones alrededor.
En este cuento hay una fuerte crítica
generacional. La voluble hija ostenta una ideología y una inseguridad que va en
consonancia con la época. Me refiero al individualismo propio de los noventa, muy
distinto a la cultura de grupo que habían tenido los padres en su juventud.
Recordemos que este libro es del año 1995 y pinta su contemporaneidad.
Otro cuento que quisiera referir es Cosecha
del día. Acá también hay dos historias paralelas. A diferencia de los
cuentos anteriores, no se trata de un paraíso creado por el recuerdo del
protagonista. No. Hay dos historias paralelas. Dos matrimonios que se encuentran
a cenar. Por arriba de la mesa se habla culturosamente y por debajo de la mesa,
entre las piernas de los comensales se suceden las traiciones eróticas y otros
secretos.
Otro cuento muy celebrado por nosotros fue Versión
definitiva del cuento de Pigüé.
Norberto circula por la gran ciudad. El psicólogo, las cinco psicólogas
divorciadas, los talleres, el grupo de varones gastronómicos, la escribana
naturista, Amarilis, los nombres de los personajes, la gran cantidad de
actividades que ofrece Buenos Aires,-las
situaciones absurdas amorosas, la profusión de objetos, el deambular por talleres culturales buscando experiencias
nuevas, deambular sin ritmo, buscando un paraíso primoroso, que, al final, sólo existe en su Pigüé natal.
Y, a pesar de tanto, al final se concreta el
gran acto. (“nunca hablaba del padre”). Hace el acto real y material. Pero la
poética, el arte y las pasiones se hallaban en su pueblo natal.
Este cuento es una sucesión de relatos
cortos. Es una cadena de relatos cortos. Cada relato es una actividad que
practica en Buenos Aires. Cada relación es como cada una de las islas en la que
recala Odiseo (Ulises) en La Odisea. En cada una vive una vida nueva y distinta
y cuando esa vida lo aleja de su origen él quiere volver a su Ítaca, que es su
Pigüé natal, en donde está su pasión poética, su ideal de belleza y armonía.
Claro que esa armonía con la que sueña Norberto es graciosa y disparatada. Cito
una cita que citó Nacho hablando de esto: “Pigüé
con sus achiras y su trigo chuzo y sus Chalchaleros en las cacharpayas y el
chingolo chapaleando en la laguna y el rezo del mamboretá. Pigûé con sus
piquillines silenciosos y el grito del chajá destruyendo el vaho de las heladas. Pigüé quieto y solitario y el
silbo de la cachila entre las matas achaparradas de mburucuyá.”
Otro cuento que también exhibe dos historias es Príncipe de los vikingos. Mostrando costumbres de otra época, la hermana del protagonista y el marido ponen la mesa y arreglan la casa para la llegada de los invitados. Hay un ingeniero muy ponderado que es el gran prócer del dueño de casa. En un momento se enumeran los saberes de este profesional y cada uno de los detalles es una humorada. Después este solemne ingeniero se emborracha y pierde la compostura. La otra historia, la más romántica, la del “paraíso construido” es la del juego de los chicos, el lugar de la imaginación y la inventiva.
Isidoro
Blaisten nació el 12 de enero de 1933 en Entre Ríos. Cuenta que su padre fue un
albañil que progresó hasta llegar a tener una empresa de construcción bastante
poderosa y que un buen día decidió vender todo para irse a vivir al campo. Como
no sabía ni entendía nada de tareas agrícolas se fundió y toda la familia, que
era numerosa, de ocho hermanos, se tuvo que venir a vivir a Buenos Aires a un
conventillo. Nuestro autor tenía cuatro años. Así es como dice que conoció la
abundancia y la pobreza.
Escribió muchos libros de cuentos. Todos son
maravillosos. Y con una prosa muy propia y con un humor que es poético y por
eso inolvidable. Son imperdibles Dublín al sur, del año ’80. También El
mago, del ’74; Cerrado por melancolía, que se leyó mucho, se
vendió y se leyó y es del año ’81. La felicidad, es del año ’64; Carroza
y reina, del 86 y las Anticonferencias. Escribió un poema muy
conocido, llamado Sucedió en la lluvia, y la famosa Balada del boludo.
Le insistieron en que escribiera novela, y, bueno, de tanto que le insistieron
escribió Voces en la noche. Pero él fue un cuentista por excelencia y se
lo oye decir en varias de sus entrevistas que prefería y cultivaba la narración corta.
Me lo imagino en bares y cafés disfrutando de
charlas entre amigos. Se casó con la profesora Graciela Melgarejo. Siempre lo
vi como un tipo feliz y macanudo. Perteneció a una generación, o, más bien,
diría que lo asocio a escritores como Juan Sasturain, Mempo Giardinelli, al
negro Fontanarrosa, a Vicente Batista, a Horacio Salas, a Liliana Heker, María
Granata, Àngela Gorodischer, Mario
Golobof, Jorge Asís, (ay, no quiero
olvidarme de ninguno). Estos escritores, que han cultivado un realismo con
buena locura y que con mucho respeto y esmero se dedicaron al género cuento, están
todavía entre nosotros y se merecen un homenaje mayor.
Nuestro querido autor de Al acecho,
libro que él considera ser una metáfora de la Argentina en ese tiempo, nos dejó
el 28 de Agosto de 2004. Lo extrañamos.
Raquel
Poblet




















