En la crónica pasada
hablé de “día histórico” para Los siete locos. Los días históricos suelen ser
hitos en la historia o en la vida de uno; “hito” significa fuera de lo cotidiano
o repetible; bueno, significa eso y mucho más. Quiero decir que voy a
contradecir estos intentos de definir tal palabra, puesto que otra vez; es
decir, a la vez siguiente, Los siete locos hemos vivido otro día histórico. Sí,
hicimos nuestra reunión mensual en la biblioteca Mariano Moreno de Sáenz Peña por primera vez. Y hay otro detalle.
Diez años cumple este grupo y bien festejado será dentro de unas semanas.
Nos reunimos adentro de paredes llenas de
libros. A une se le iba la vista leyendo los lomos o, simplemente, viendo los
colores y recordando cosas leídas o por leer. La buena biblioteca vence al
tiempo, se pueden encontrar todos los siglos en los anaqueles.
Acomodamos unas mesas, distribuimos los
manjares y las bebidas,- era la hora de almuerzo,- sacamos un poco las miradas
de los estantes y nos concentramos en nuestras caras dispuestas en círculo.
Estaban Virginia, yo, Camila, Andrea, Nacho, Anita, Pepa y Dani. Estaba también la pareja de
Camila que se fue antes, qué lástima. Y faltaban Rosi, Cristian, Silvana, qué
lástima.
El libro que nos convocó esta vez, este 10 de
noviembre de 2024, fue nada menos que “El tormento más puro” de Fernanda
García Lao.
Sí, nos concentramos en nuestras caras. Todos
estábamos con los ojos abiertos… ¡Qué buenos cuentos! “¡Qué ocurrencias”,- dijo
algune de nosotres. Caras de extrañeza en la ronda. Es que estos cuentos son
extraños. Extraños porque son realistas, no son fantásticos. Bien realistas
son. Todo lo que ocurre aquí puede pasar. Todo lo que ocurre en estos cuentos
es posible. Lo que hace Margarita, la virgen añosa, con su cuerpo en el cuento
“Tan de cerca”, puede pasar. De hecho pasó. Nuestra autora lo
cuenta en una entrevista refiriéndose a una actriz norteamericana. Recuerdo muy
bien el hecho y comparto el espanto. Y todos hemos conocido o visto por tele
monstruitos así… Perdón, no quiero espoilear.
En Dos veces Gregorio, la hermana de
la narradora quiere encontrarse con su marido, aunque con un detalle afectivo
especial.
O la protagonista de El día que murió papá
que tiene que hacer varias tareas con un problema líquido.
En Alfonso y su corcel todo es
extraño, pero todo es posible, como fue posible que fuera el futuro mismo el
que conspirara contra la monarquía gracias al advenimiento de la mecánica.
Máquinas y obreros, decadencia de los reyes.
El plagio del padre en el cuento que da
nombre al volumen, asombra, pero es posible.
“La humanidad de un lado,
las bestias de otro.” El cuento: Jardín desnudo” nos habla de
civilización y barbarie. El protagonista no ve en la naturaleza a un bello
paraíso. No. Siente la obligación de poner orden: “La naturaleza es un
escándalo. Y yo intento sostener mi rol de hombre educado. Lanzo una
amonestación general para censurar la barbarie, pero el jardín no me pierde de
vista.” Asevera cerca del final del relato. Yo, por capricho, siento la
obligación de contestarle a este protagonista citando los versos finales del
largo poema inédito del Marqués de Sade intitulado “La verdad/ La vérité”.
Es un poema que se dedica a insultar al dios católico y a las leyes de los
hombres, y, cuando habla de “ella” se refiere a la naturaleza. Acá van los
versos:
“Después de los mejores años, si su voz nos
llama,
Regresemos
junto a ella burlándonos de los dioses;
Su
crisol nos aguarda para recompensarnos;
Lo que adquiere su poder, nos lo devuelve
su necesidad.
Allá todo se reproduce, todo se regenera;
La puta es la madre de los grandes y de los
pequeños,
Y todos nosotros siempre somos muy queridos
para ella,
Monstruos y malvados como buenos y virtuosos”
No es que yo esté muy de acuerdo con el
Marqués, pero recomiendo leerlo. Fue un escritor genial.
Y ahora, déjenme dedicarle unas palabras a Hortensio,
el protagonista del cuento “Prohibido entender este momento”
Hortensio es hijo de una madre soltera que
queda segregado del grupo familiar. Es un bastardo que tiene razón. Quiero
decir que el narrador y los lectores estamos a favor de él. Heredó una
biblioteca. Las bibliotecas heredadas siempre tienen sorpresas, quiero decir
que en ellas podemos encontrar libros que uno no sabía que existían y que
aparecen de golpe. No son las bibliotecas sin secretos que uno va acopiando a
lo largo de los años. No. Las bibliotecas heredadas son aquellas de las que
desconocemos el origen y cuyos libros se van mezclando con los que nosotros
vamos comprando. Son esas bibliotecas desorganizadas las que vencen al tiempo.
Ese era el hogar de Hortensio. Él era un lector y su experiencia de vida estaba
en la lectura misma. Y se consideraba así mismo un lector verdadero, genuino.
“He anestesiado mi vida para estirar el tiempo”, le dice al juez. Y luego
califica a cada uno de los miembros de su familia, la legítima, la que no es
bastarda y que quiere despojarlo de sus entrañas, su tradición y su hogar:
-
“Señor juez, soy un lector
irremediable, He anestesiado mi vida para estirar el tiempo. Los muertos me escriben.
Conozco mejor sus cabezas que las de nadie, incluida la mía. Para el resto, la
biblioteca es un modo de llenar espacios de vida ociosa. Elena maneja el
esnobismo como método de sublimación estética mientras vende ibuprofenos. La
abuela Nuria utiliza el siglo XIX como sedante. Y el tío Uriel es un cobarde,
emplea la literatura para evadir apuros genitales y seducir jovencitas en el
corralón de materiales. Encontré más de quince bombachas en el departamento…”
Hortensio lee todo el tiempo y lo reprenden
por eso. Lee un cuento de Silvina Ocampo, “El vestido verde aceituna”,
que recomiendo y que está en el volumen Viaje olvidado de la misma
autora.
Lee La Eneida.
¿Alguna identificación con Eneas?
Lee a Marosa Di Giorgio, y, si me permiten, transcribiré
un pequeño poema en prosa del libro Clavel y tenebrario de ella. Lo cito
por capricho y porque quiero congraciarme con Hortensio:
“En
las noches de enero, las diablas daban a luz cerca y allá lejos, bajo sus
negras melenas, sus largas pestañas.
Los diablos, apenas nacidos, empezaban a
hacer cosas atroces, malignidades, corrían por todo el campo, iban hasta la
casa, pasaban el dormitorio, la cocina, volvían, de nuevo, volando hacia las
diablas, que contemplaban con ojos impasibles, los juegos y los nacimientos.”
En los poemas de Marosa hay muchas
hortensias, además.
Hortensio se enamora de una mujer, Felisa y
dice de ella: “esa mujer era un texto”. Y es esa mujer, una persona que no lee
y que le dice. “Yo soy humana y no leo.”. Ella le devela el enigma del cuerpo
de su madre muerta y él tiene su gran experiencia erótica. La tiene con esa
mujer que era un texto. Y al final… Hortensio era un ave fénix.
Hay frases magistrales en todos y en cada uno
de los cuentos. (“magistrales”, ¿será ese el adjetivo que debo usar?) Digo,
frases como la que habla de la ceguera de la madre de Claudina “Las dioptrías
de ella se hicieron pantano”; o “misas, casamiento o cualquier otro trastorno
del pensamiento”
Recomiendo a todos y cada uno de los cuentos de este volumen.
Siempre hay otros autores detrás del autor que estamos leyendo. Yo oigo la voz
de Silvina Ocampo, claro, la de Felisberto Hernández, la de Horacio Quiroga,-la
misma autora lo señala en una entrevista; oigo la voz de Leopoldo Lugones en “Las
fuerzas extrañas”, que si bien es un
fantástico, tiene la extraña oscuridad de los cuentos de nuestra autora.
Pero repito, en “El tormento más puro” todo es real extraño. Porque es
extremado. Porque, como dice la autora “en estos cuentos lo cotidiano ya está
roto”.
Yo digo, y repito, perdón, digo otra vez, que
es extraño porque es posible, porque lo que estas ficciones narran son hechos
extrañísimos que tienen posibilidad en nuestro mundo real. Están al límite de
lo que creemos real y esto nos lleva a la pregunta: ¿Cuál es el límite de lo
real? ¿Dónde empieza lo irreal? ¿Dónde se quiebra el código de posibilidad?
Ahora, en la actualidad, muchos nos hacemos
esa pregunta. Digo en la actualidad en la que estamos viviendo, no en la que
viven Estelita, Hortensio, Margarita y los otros personajes. Ahora, en la
Argentina, ¿No estaremos viviendo una realidad al borde de lo horrendo
fantástico? No, desgraciadamente, el esperpento dominante es bien real.
Pero, mejor, no asociemos esta realidad
chabacana que hoy nos toca con la literatura de la autora que hoy nos convoca,
que es buena y vale la pena.
Termino esta crónica con un poema de Juan
Rodolfo Wilcock, poeta argentino, que se fue a vivir a Italia, amigo de Bioy, de
Silvina y del grupo Sur. Quizá, el soneto que pongo ahora fuera lo que estuviera leyendo Hortensio en el
velatorio de su madre.
Bueno, va soneto neorromántico de Wilcock:
Los destinos
Nuestra vida está llena
de otras vidas,
como esas piedras junto
al mar, cubiertas
de formas que vivieron y
están muertas,
en un resto de nácar
convertidas;
las algas usurparon sus
medidas,
su color un disfraz, y en
las desiertas
ondas se mueven para siempre
inciertas
de su roca natal y
confundidas.
Cómo serán la desnudez
primera,
los ojos que tuvimos en
la infancia;
nuestra forma en el cielo
cómo era
predestinada a esta
terrena estancia,
no lo sabremos. Y otro es
quien se presta
al labio nuestro, y quien
por fin contesta.
J.R. Wilcock
Adiós a todos. Nos vemos
en la fiesta de los diez años.
Raquel Poblet.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario