martes, 25 de julio de 2017

Los secretos que guardamos en "Don Benjamín"

   Nosotros sabemos que estamos locos, que somos muchos más que “Los siete locos” y que elegimos voluntariamente recorrer las ambivalentes calles del barrio de Constitución ese sábado primero de julio de 2017. En un principio, con el afán de explorar los alrededores, establecimos como punto de encuentro la Plaza Garay. Sin embargo, inevitablemente en ese barrio, todo nace en la Plaza Constitución. La mayor parte del grupo se encontró casi fortuitamente frente a la fachada victoriana de la cabecera del ferrocarril Roca, cuyo nombre no se eligió al azar evidentemente y cuya arquitectura europeizante de fines del siglo XIX se entrevera con la nueva estación de subtes de diseño europeo a la siglo XXI y con la geografía urbana de coloridos puestos callejeros,  sórdidos personajes acurrucados en rincones  y agentes de la policía de la ciudad.

   Caminar por Avenida Garay fue sumergirse de lleno en  la experiencia real de los escenarios que Mariana Enríquez describió en algunos de los relatos que conforman “Lo que perdimos en el fuego”, el libro que nos convocaba. Varios “chicos sucios” haciendo esquina, deambulando, corriendo detrás de sus padres, una santería rancia con imágenes de santos paganos que invitaba a especulaciones acerca de cualquier tipo de rituales oscuros, casas antiguas abandonadas y selladas con cientos de retazos de pósters publicitarios superpuestos donde podría haberse escondido el Petiso Orejudo.


   Finalmente, en frente de la Plaza Garay, el bar “Don Benjamín”, una de esas fondas de barrio donde los platos desbordan y te atienden como en casa, donde en alguna mesa solitaria hay un paisano frente a una botella de cerveza que mira el paisaje urbano a través de la ventana. Ahí nos sentamos finalmente los viejos siete locos: Dani, Pato, Pol, Ana, Pepi, Alicia, Nacho, y Guille para dar la bienvenida a las nuevas incorporaciones: Damián y Nati.

   Una vez servidos, dimos comienzo a la tertulia con una intervención de otro mundo: del celular de Dani emergió una cara blanca en un fondo oscuro y de repente, una voz grave y seria. Desde el exótico Oriente, un casi fantasmagórico Selmo nos mandaba sus impresiones del libro. Casi en consonancia con esto, la voz desvanecida y ronca de Nacho tomó la posta y encaró el tema de la virtualidad siniestra en el cuento “Verde, rojo, anaranjado” y de qué manera nos enfrenta con una realidad tan omnipresente de nuestro tiempo: “la fobia social” que es una epidemia en Japón, según lo que nos contaba Ana. Para Daniel todo el libro trata temas reales aunque se los presenta bajo la máscara de lo fantástico, como por ejemplo la marginalidad en “Chico sucio” o en “Bajo el agua negra”, la depresión o las problemáticas adolescentes. Ana agrega que también los lugares, los escenarios aparecen casi como personajes porque representan ciertos mitos, la idiosincrasia de quienes los habitan y de los mismos lectores que se identifican con ellos. Ahí es cuando tira sobre la mesa con desparpajo, como si arrojara un animal recién muerto para escándalo de los comensales, porque así es ella, el tema del masculinicidio que ella cree ver en los cuentos. Inevitablemente se suceden unos largos minutos de discusión en la que intervienen  Pol y Nati sobre la violencia de género, el femicidio y sus implicancias históricas y culturales.


   Para Nacho el libro genera incomodidad porque señala que “hay basura bajo la alfombra”, lo que presentan los cuentos es la normalidad de mucha gente, ahí está lo siniestro. Por eso para Pato el último cuento es revelador de un mecanismo propio y a la vez terrorífico de la humanidad: antes los hombres eran los que quemaban a  las mujeres, el cuento revela que las mujeres toman ese lugar y se apropian de ese acto. Todo se va normalizando en la sociedad, aún lo más terrible.

   En consonancia con eso Guillermina y Nacho descubren que en “La casa de Adela” son los chicos quienes ven la “verdadera” realidad mientras reina la incomunicación con los adultos que viven la fiesta menemista. Al mismo tiempo Nacho destaca de qué manera se presenta la pulsión de muerte en este cuento y en “Nada de carne” como algo romántico, de qué manera el mundo adolescente vislumbra ese horizonte como algo deseable, hasta qué punto se puede ir en el sufrimiento. Esto dispara un sinfín de asociaciones en todo el grupo. La que más tiempo resuena es la de la muerte digna en oposición al suicidio. Pero para zanjar la cuestión aparece Pol, que hasta entonces se mantuvo expectante y meditabundo para volver a citar uno de sus cuentos de cabecera de Abelardo Castillo “Also sprach el señor Núñez”: “No podemos terminar sino de manera trágica en esta sociedad.”

   En definitiva el libro de Enríquez no parece contar nada novedoso: lo terrorífico es la realidad. Pepi descubre por qué nos espanta tanto: lo ominoso es eso conocido, pero que impacta cuando es visto en mayor magnitud, tal como sucede en “Los pájaros” de Hitchcock. Inmediatamente después Dani anuncia su próxima paternidad, pero luego de las breves felicitaciones, descubre de qué manera es una situación que puede espantar. “Pablito clavó un clavito” magnifica las transformaciones naturales que se dan en una pareja al afrontar la paternidad, nos  coloca en el lugar del personaje deseando en algún punto que el bebé no existiera, pensando que en cualquier momento el padre mata a su propio hijo.


   Para Nacho lo más siniestro es la pobreza espiritual en la que nos sume la incomunicación representada en “Verde, rojo, anaranjado”. Nos conocemos a través de colores, de estados virtuales. Esto da pie para otro de los grandes temas de la tarde y de sobremesa en el bar “Don Benjamín”, flan de por medio: la tecnología que incomunica. Pol indica que eso pasa porque el afuera es peligroso. De hecho los espacios públicos se privatizan, como las plazas por ejemplo, mientras que los espacios privados se hacen públicos: hoy todo el mundo publica sus asuntos en las redes sociales. Damián indica perspicazmente que cada vez tenemos más aparatos para agilizar nuestras tareas, pero nosotros no sabemos qué hacer con ese tiempo libre y nos quedamos esperando ansiosamente que los dichosos dispositivos terminen lo que les encomendamos. Estamos en la era de la ansiedad. Estamos en la era de la posverdad, dice Pato, el momento en que sólo conocemos la verdad a través de lo que los medios nos comunican. No experimentamos la realidad, la performamos a partir de lo que nos dicen que queremos ver, sentir, pensar. 


   Alicia interviene casi tímidamente para decir que el libro no le gustó tanto como el de Samantha Schweblin, pero sí le produjo una impresión profunda el último cuento “Las cosas que perdimos en el fuego”, porque pone en escena un tema de absoluta relevancia para nuestro presente, incluso lo piensa como un material para trabajar con sus alumnos.  Al mismo tiempo cuenta que “Bajo las aguas negras” le recuerda una excursión realizada con alumnos por Dock Sud, por esos lugares marginales y tristes. Las historias tienen para ella algo de autobiográfico, de las obsesiones de la autora. Y entonces Pepi indica que hay que tener en cuenta los epígrafes del libro: dos citas de Bronte y Sexton, dos mujeres que rompieron con el modelo de mujer de su época. Evidentemente Mariana Enríquez pretende deconstruir todo lo que se espera de ella: tanto en el contenido como en la forma ya que usa un lenguaje más frío, más oscuro. Pato recuerda que Enríquez es fanática de Stephen King y que se plantea como un objetivo el hecho de escribir un libro que genere tal sensación en el lector que quiera tirarlo y no leer más.

   Tanto Alicia como Nacho vuelven sobre el tema de lo macabro cotidiano: lo más siniestro está en el propio círculo íntimo como en “Pablito clavó un clavito”, pero esta incomodidad hace pensar, enfrenta al lector con una realidad evidente, como las películas de Trapero. Damián encuentra que la escritura de Schweblin resulta más amable porque hace uso de la elipsis, en cambio Enríquez dice todo, con desparpajo. Es entonces cuando Pol sentencia también con mucho desparpajo que hubo cuentos de Enríquez que le aceleraron el tránsito…


   Terminamos la tertulia decidiendo nuestra próxima lectura, barajando fechas y posibles lugares de encuentro. Nos despedimos del bar “Don Benjamín, comenzamos a separarnos y alejarnos del barrio de Constitución. Cada uno se fue pensando qué tanto nos transformó esta lectura, en qué grado hizo que nos diéramos cuenta de que lo siniestro está en todos nosotros: en la fantasmagórica presencia virtual de Selmo, en la sinceridad apabullante de Ana al buen estilo Enríquez, en el propio reconocimiento de Pepi en las mujeres fuera de género, en la dulce Alicia llevando a sus alumnos a Dock Sud, en el silencio tímido pero inquietante de Nati, en la identificación de Dani con el personaje de “Pablito clavó un clavito”, en el miedo atávico de Nacho a la “depresión tecnológica”, en Guille y sus preferencias literarias fuera de lo común, en el tránsito intestinal de Pol, en la ansiedad latente de Damián ante la eficiencia de las máquinas… Porque en definitiva todos, absolutamente todos escondemos algo siniestro.



                                                                                                    Tati


martes, 30 de mayo de 2017

Sudeste

Capítulo 1: El que espera desespera.

    Haroldo nos llevó al Tigre. A la tardecita temprano nos congregamos en la estación de tren. Guille fue la primera en llegar y a continuación caímos Ana, Nacho, Pol, Fer y quien escribe. Timo, en cambio, recién se estaba subiendo al Mitre en Retiro. Es que el tiempo no existe en el río, se fusiona con uno. Lo que se observa es el cambio del paisaje con las distintas estaciones. Esta concepción del tiempo, fue tomada a rajatabla por Timo.


                Las mujeres del grupo, Ana y Guille, aprovecharon la espera para ir a averiguar si estaba abierta la casa de Haroldo. El río había subido por el viento sudeste y no era seguro que pudiésemos visitarla.

                Los muchachos aguardamos en la estación unos 40 minutos comiendo bizcochos de grasa hasta que caímos en la cuenta que las chicas no habían regresado. Las dimos por perdidas y salimos a buscarlas por Tigre continental. A esa altura, Timo andaba por San Isidro.

                Preguntamos en Información Turística , anduvimos dando vueltas por la sucursal del Imperialismo Mc Dollar, nos asomamos al muelle y finalmente decidimos regresar a la estación. Ellas estaban allí esperándonos con toda la información para viajar a lo de Haroldo. Timo llegaría 15 minutos después.

                Con paso veloz nos dirigimos al muelle y subimos a una lancha taxi, la casa museo cerraba en 45 minutos. Arrancó el motor, nos aflojamos, vino alguna náusea pasajera y respiramos hondo. Ya estábamos en el río. Ya estábamos metidos en Sudeste.  



Capítulo 2: La casa de Haroldo.


                No era muy lejos. Tardamos sólo 15 minutos en lancha. Ese tiempo bastó para introducirnos de lleno en ese mundo de agua, sauces, juncos y humedad. El mundo de los pescadores.

                Al llegar bajamos Nacho y quien escribe a averiguar si existía la posibilidad de dar una vuelta por la que otrora fue casa y ahora museo, de Haroldo Conti. Nos recibió Mari Carmen, una mujer de unos 55 años, quien no sólo nos permitió entrar, sino también se ofreció a contarnos historias sobre Haroldo persona, porque a ella la literatura no le interesaba demasiado.

                En aquella época, Mari Carmen, sus padres y su hermana vivían en la casa de al lado. Nos relató anécdotas de Haroldo levantándose del almuerzo de repente y yendo a la cocina a escribir, en un rapto de inspiración. Nos mostró la mesa donde escribía en la cocina, la cocina propiamente dicha viejísima y sus dos pavas. Aparentemente se la pasaba tomando mate.

                Después subimos la escalera. Allí se percibe todo, el crujir de la madera, el cantar de los pájaros, el motor de una chata a lo lejos, tal cual se describe en Sudeste.

                Arriba hay dos ambientes. El primero con un gran hogar, construido por el abuelo de Mari Carmen. En ese cuarto ocurrían las guitarreadas que se prolongaban hasta altas horas de la noche.

                El segundo ambiente es el cuarto de Haroldo, simple y austero. Dos camas de una plaza, una en cada costado, una biblioteca, una televisión de aquella época, blanco y negro, que todavía funciona y donde se podía ver un partido de fútbol actual.


                Terminamos la recorrida en el balcón que da al río y a un camino de madera que conduce al muelle. Mari Carmen continuaba contándonos historias: “a Haroldo le gustaba comer comida casera, por eso criaban cerdos allí”; “tenía la salud frágil, siempre estaba mal de la panza”; “él me llevó de viaje a la Paloma y regresé toda rota, con un dedo fracturado y la rodilla machucada”; “era bastante mujeriego”; “era un ser extraordinario, lo quería mucho”.


                La temperatura había bajado y cerca del río, donde estábamos esperando la lancha de vuelta, se sentía más. Pero nosotros, los 7 que estábamos allí, los 7 locos, que somos de la ciudad, del cemento y el smog, queríamos sentir un ratito más ese otro mundo. El oleaje que hipnotiza , las hojas y ramas de los árboles desplazadas por el viento, las aves que hablan en lo alto y el río bravo que transcurre como la vida.


Capítulo 3: Sudeste.

                Cuatro cafés con leche, un café con crema, 2 tecitos y 4 tostados mixtos. Agregále una coca y un vasito de soda cortesía para cada uno. Gracias. Ya estábamos calentitos en un bar a pocos metros de la estación de tren, listos para pensar juntos Sudeste, la primera novela de Haroldo, que data del año 1962.

                El río es como la vida y tal vez por esa razón Sudeste empieza y termina con una muerte. Esto se entiende, si asumimos que la muerte forma parte de la vida y que la vida no existiría de no ser por la muerte, los famosos opuestos de Heráclito.

                Inicia con la muerte del viejo. El viejo se pasó la vida trabajando en la pesca. Siempre la misma rutina, despertarse de madrugada, antes que salga el sol, vestirse, comer un pedazo de pan con mate y salir al río. Un día decide sentarse a esperar la muerte.

                En este punto surge la discusión, al viejo la muerte no lo sorprende, sino que él toma una decisión: “voy a sentarme a esperarla”. Algo debe haber sentido en el cuerpo, una señal que le hizo entender, que ya era el momento.

                El Boga, la vieja y el viejo Bastos no se conmueven demasiado frente a la actitud del viejo, y en un principio no le creen. El viejo permanece sentado, progresa el deterioro físico y un día deben trasladarlo al hospital. Muere y se lo entierra sin demasiado rito. Para ellos la muerte es un trámite, porque se toma como natural.


                Comienza argumentando Ana, con la conocida pasión puesta en cada palabra: “Uno es un ser para la muerte”, citando a Heidegger. Continúa: “la única certeza que tenemos es la muerte. El capitalismo nos ha quitado un montón de cosas, entre ellas, la oportunidad de elegir cuándo morir”.

                La muerte con la que finaliza la novela es la del protagonista, el Boga, nombre de pez para este hombre del río. Es una muerte trágica, a la altura de una tragedia griega, pero él  logra morir, luego de un esfuerzo sobrehumano, en el lugar donde deseaba, sobre el “Aleluya”, un barco también fallecido y abandonado en ese río.

                Acto seguido, se abordó el tópico de la soledad. Nacho irrumpió en el atardecer: “El Boga buscaba la soledad pero también le temía”. Citamos un fragmento del libro que relata el momento en que el Boga intenta abandonar al Cabecita y su perro Capi, su única compañía. Y la desesperación de estos dos últimos, que se arrojan al río e intentan alcanzarlo, corriendo el riesgo de ahogarse. Nacho además interpretó que el Cabecita y su perro eran amigos imaginarios del Boga, por este miedo a estar sólo.

                Se habló de los personajes de la novela: el Boga, el viejo y la vieja, el hombre, La Rubia, el Cabecita, el viejo Bastos, como parte de un “lumpenaje” descripto por el autor, que habita las islas y el río. Discutimos el concepto de “lumpen” según Marx, que son los marginados, los que viven de la caridad o el robo, los que no tienen conciencia de clase y pueden terminar sirviendo a los intereses de la burguesía, los que no son capaces de llevar a cabo la revolución.

                “Estos personajes viven en una marginalidad extrema. Viven el día a día”, nos dice Guille. Ya en 1962, año en que fue escrita Sudeste, se nota la preocupación de Haroldo Conti por estos temas, el cuestionamiento acerca de las condiciones de vida de la población y el estado de las cosas. Un cuestionar para el cambio, por una sociedad más justa.

                “En estos personajes hay poca palabra y mucho compromiso” agrega Guille. “Gente de pocas palabras pero de palabra”, remata nuestra compañera.

    Da la impresión que el Boga, el viejo y la vieja no tienen sentimientos. La entrañable Ana María aclara la cuestión: “Existe una diferencia entre sentimientos y sensaciones. Las sensaciones dependen de los sentidos, en el sentimiento ya existe elaboración, pensamiento. Estos personajes son pura sensación y naturaleza”.


                La charla amena flota como los botes y deriva en el tema del destino. Hay una aceptación del destino por parte del Boga. Se deja llevar, no tiene un rumbo fijo. En ese sentido es como el río. Pero el destino le juega una mala pasada y lo junta con el hombre y La Rubia. Y casi involuntariamente, comienza a formar parte de una bandita de vagos y malhechores.

                Los platos estaban vacíos, los tostados se habían deglutido ansiosamente y a esa altura quedaba el fondito del café tibio, pero restaba muchísimo hilo de Sudeste por cortar. ¿Quién narra Sudeste? La pregunta surgió porque en ocasiones no se entiende quién está contando la historia. Para Guille el narrador es el Boga, pero se nombra a él mismo en tercera persona, como José Luis Chilavert o el Diego en los reportajes. Para el señor Pol el narrador no es ninguno de los personajes. Sí coincidimos en que se trata de un narrador omnisciente.

                Pol y Nacho se unieron en una idea directriz: “Hoy día, los seres humanos nos creemos los dueños de la naturaleza, en Sudeste ocurre lo opuesto, el Boga se funde con la naturaleza”. Pol contó acerca de un documental, donde los chinos pescan un tiburón enorme solamente para cortarle la aleta. Luego lo dejan morir. Aparentemente comer aleta de tiburón es socialmente distinguido. Esta escena ejemplifica la falta de respeto del hombre moderno por la naturaleza.


                A colación del tiburón cruelmente asesinado, anclamos en el tema de la violencia. Encontramos en la naturaleza violencia. Dicho de otra forma, hay eventos naturales que son violentos. Un terremoto que arrasa un pueblo o un león que corre al bambi, lo caza y se lo come podrían servirnos de ejemplo. A lo que Guille retrucó: “estamos de acuerdo, que el león coma un bambi es violento, pero no acumula bambis para vender”. 
       
                Coincidimos todos en que no hay nada más violento que el sistema capitalista, en el cual estamos sumergidos, viviendo como podemos, metabolizando de alguna forma, con alguna enzima “seleccionada darwinianamente”, la pobreza, la exclusión, la marginalidad, los asesinatos, la meritocracia, el cinismo de los que nos gobiernan.

                Y la distinción entre violencia natural y cultural, derivó la barcaza de la charla hacia la pregunta de los militantes de los años en que fue escrita Sudeste: ¿se justifica la violencia para combatir la violencia? Se nombraron revoluciones pacíficas como la “Revolución de los Claveles” de abril de 1974 en Portugal y la resistencia no violenta de Gandhi para lograr la independencia India en 1947.

                Levantamos campamento cuando la aguja del reloj apuntó al 7 y el atardecer ya estaba instalado sobre el río allí en el Tigre. Los hombres de ciudad vivimos pendientes del tiempo. Pero en ocasiones, como en esta oportunidad, cuando la compañía es amena y la discusión interesante, nos olvidamos de él y nos dejamos llevar, como si estuviésemos acostados en un bote que es arrastrado por la corriente…



                                                                                                       Kelo

viernes, 12 de mayo de 2017

El campito

    Comienza un nuevo encuentro de Los Siete Locos, con un tinte especial. Hoy, además de conocer integrantes nuevos (bienvenidos Fran, Guille y Fer), por primera vez participará el autor del libro. Para este sábado 29 de abril del 2017 elegimos leer El Campito de Juan Diego Incardona, por recomendación de Tati en algún encuentro pasado. Le escribimos a Juan Diego por facebook y él se mostro muy contento por la idea y nos propuso encontrarnos en el ECuNHi (Espacio Cultural Nuestros Hijos) dentro del Espacio Memoria y Derechos humanos (Ex-ESMA). En el predio, él trabaja en el microcine coordinando un ciclo del séptimo arte. Luego nos enteramos que en este lugar comenzaron los primeros párrafos del libro en cuestión así como otros de sus escritos. 


     Iban a ser las 14 hs y así como dijo Saint-Exupéry, a medida que se acercaba el horario de juntada el entusiasmo iba in crescendo. La caminata por las calles del predio (cuyos nombres harían poner de muy mal humor a militares) hasta llegar al ECuNHi acompañaron esta sensación.


      Los primeros en llegar fueron Ana, Guillermina, Pol, Dani, Jime, Fer y su Manu que andaba gateando por los pisos. Se encontraron con Juan Diego quien los recibió como si fuese su casa. Luego llegamos nosotros y un poco después Nacho, Pepi, Tati y Javi. Fue un récord de participantes. Sin respetar la época del año, los mosquitos gigantes también dijeron presente, quizás fue una mutación generada por rayos cósmicos de La Sudoeste, pero por suerte llevamos Off. 

    Juan Diego nos propuso hacer una pequeña visita al espacio para los que no lo conocían. Nos contó sobre la historia del lugar, de los orígenes que se remontan a los años 20, de los horrores de la dictadura, del pañol donde se robaban pertenencias de los detenidos, de la inmobiliaria trucha que funcionaba ahí mismo, donde les vendían la casa a los que tenían secuestrados. Pasamos al salón dónde antes funcionaba parte del liceo naval y ahora se realizan  obras de teatro, recitales y talleres. Una figura imponente del Eternauta vigila estas actividades constantemente. Las Madres de Plaza de Mayo “desembarcaron” en el 2008 en este edificio y pintaron flores y soles en las paredes.


     Decidimos pasar al microcine para comenzar a navegar por los turbulentos matorrales del Campito. Mientras tomábamos asiento en las butacas e íbamos preparando el mate, entró al lugar un gato negro para darnos la bienvenida, como introducción de lo que vendría… Juan Diego nos pasó un video de Crónica TV de los años 90 en el cual habitantes de Villa Celina, su barrio, relataron haber visto al “Hombre Gato”. El video no tiene desperdicio, nos sirvió para entrar en clima.

     Antes de hablar del relato, nos llevó a su infancia, donde era habitual ver a reyes magos peronistas en alguna Unidad Básica dándoles regalos a niños y niñas del barrio, donde era habitual sentir La Marcha luego de un Vía Crucis, luego de Navidad, o escuchar historias fantásticas sobre el hombre gato (incluso homicidios que terminaban con el titular ‘no era el hombre gato’), la culebrilla, curanderos, rutas, descampados, fábricas abandonadas, humo, río contaminado, travesuras de chicos, desorganización con los apellidos. Nos acordamos y compartimos otras historias como la de la llorona, el pombero, la luz mala, la puerta 12…


     Juan Diego nos contó que el predio de la Ex-ESMA también tiene su carga mágica, energética. Y al estar trabajando en este lugar, aprovechó para escribir parte del Campito, Estrellas Federales y Amor bajo cero, mirando el parque por una de las ventanas del ECuNHi. Así construyó parte de su realismo mágico.

      En esos años, los barrios vecinos al suyo eran “cascos de luz rodeados por oscuridad, terrenos vacíos, rodeados por campitos". Mientras las voces alertaban sobre esos lugares misteriosos, él y sus amigos se internaban en sus pastos y dejaban correr la imaginación. Le comentamos que el haberle puesto de título a su libro El Campito y por todo lo que se cuenta, es una linda forma de resignificar ese espacio oscuro. Sí, así mismo como se resignificó el predio donde estamos, un lugar frío que fue invadido por las llamas de la gente y la lucha.


     También se habló sobre el significado de la otredad y su relación con el relato. Desde los comienzos de la literatura argentina se puso sobre la mesa la temática del otro como peligroso, la civilización o barbarie de Sarmiento (tema que siempre aparece en cada encuentro!). El coqueteo con la marginalidad también surge en la serie Okupas, donde la Gral. Paz sirve como símbolo de resguardo ante el peligro de lo que hay del otro lado. En El Campito, los hombres extraños que provienen de Saavedra, representan ese aventurarse al conurbano, y como desencajan, terminan en una prisión. “La literatura argentina nació de una violación” lo dijo David Viñas, refiriéndose a la violación del unitario en la obra "El matadero" de Echeverría. Siempre el peligro. Se nombraron varios ejemplos como "Cabecita negra" de Rozenmacher, "La cautiva" de Echeverría, "Casa tomada" y "Las puertas del cielo" de Cortázar y los cuentos de Martínez Estrada. 

     Juan Diego nos compartió recuerdos de su barrio de la infancia, el juego en las calles, la mezcla de culturas, la veneración de santos populares y la relación con los fenómenos naturales. Sin negar la inseguridad existente actual, reflexionamos sobre el miedo que se gesta desde los medios y el impacto que éste tiene sobre el inconsciente colectivo. Carlitos el ciruja se basó en la historia de un ciruja de verdad que vendía ajo, cantaba tangos y era acompañado por un perro gordo que comía pan todo el tiempo.


     La juventud de Chorza, como lo llamaban al autor, así como se puede leer a través del personaje homónimo del libro, transcurrió en la esquina, así como la de antiguos tangueros. Guitarras y canciones de Viejas Locas o de Río Verde completaban el óleo. El rock barrial o rock chabón, nació ahí (y algunos dicen que murió ahí también con la tragedia de Cromañón). Él fue compañero del Pity Álvarez de Viejas Locas aunque después se dejó de ver. Nos contó de su peregrinación por Plaza Francia vendiendo anillos y su búsqueda de palabras marketineras para captar la atención de la gente, lo cual lo obligó a estudiar letras. Entre su nuevo chamuyo y su experiencia acumulada vendía hasta un collar de bosta en pleno Recoleta y se daba el tupé de elegir sus clientes de acuerdo a cómo le caían.


     Nos contó que se basó en Pedro Páramo de Juan Rulfo para escribir "El campito", el cual le llevó dos años. Quería hacer un libro que se entienda y a la vez cargarlo de personajes. Quiso poner en escena a sus personajes amigos y compartir con ellos un café. Las rosas galvanoplásticas fueron tomadas de "Los siete locos", Hugo del Carril representado por el cantor, Jauretche como el paisano y Aldo, el enano gigante fue traído de otros lares también. En las estrellas federales aparecen personajes de Oesterheld. 

     El relato transcurre en distintas capas temporales y hasta en diferentes relieves. Ese camino sin rumbo lleno de aventuras a veces toca escenas del Quijote en su locura, la brújula que quiere comprarse Carlitos nos lleva a pensar en la versatilidad de la gente más necesitada, que sigue luchando aunque para muchas personas sean "Los invisibles" de siempre. Es un relato dantesco que mezcla la cotidianeidad con temáticas como el peronismo. A este último lo aborda desde un ángulo no partidario sino más bien relacionado con la idiosincrasia popular -esto lo señaló Dani entre mates y galletitas-. 

     Las consecuencias de la deshumanización y la crueldad de los hombres que idearon y ejercieron violencia contra el pueblo, se evidencian en la marginalidad y soledad de los “barrios secretos”. Pero a la vez surge en ellos la unión y la fortaleza. Fran, nos compartió experiencias de su niñez en López Camelo donde actualmente vive y de cómo le hizo recordar las historias de este libro (aunque más urbanas) a aquel tiempo, en donde se sucedían picados de fútbol y juego al aire libre. Nachito fue transportado hacia Chacarita donde vivía de niño (si Pepita no lo deja mentir…) y jugaba en una casa abandonada a imaginarse marcianos junto con otros niños/as de su barrio.


     Se lee un pasaje en el cual Carlitos se siente extrañado al estar en la casa del Cantor, comiendo en una mesa. Tati comenta que esta sensación de libertad y aventuras que narra el autor le hizo acordar a Nacho (de todas formas, aunque siempre nos emocione este valioso integrante, no olvidemos que hay que echarlo del grupo). Luego recordamos la parte en la que el jardinero valoriza el trabajo de Carlitos de “buscavidas”, como un oficio vocacional que requiere “templanza, ingenio y mucho corazón”. Ante esta situación, Carlitos sonríe y se emociona. Hablamos de lo importante del reconocimiento y de la dignidad. Saramago en su relato “El ciego del armonio” toca este tema. Pol contrasta esta situación con la parte en la cual el ciruja conoce a Candela, quien lo hace pensar en “sentar cabeza”.  

     A Dani el libro le hizo recordar otro escrito, anarquista, que hablaba sobre los crotos. Se reflexiona sobre la figura de éstos y Fran señala la diferencia entre capital y conurbano. En este último la figura del ciruja sobresale más que en capital donde hay más en número. También depende del día y del horario. Javi nos cuenta que vive en microcentro y que la distinción entre el día y la noche, entre el día de semana y el fin de semana es muy notable y se siente. Elige el sábado por la tranquilidad.  

     Nacho interrumpe el curso de la charla para regalarle a Incardona un dibujo hecho por él en una cartulina celeste con un marcador marrón, del Esperpento. Asombrado el autor lo recibe en nombre de todos y le agradece. Juan Diego cuenta que estuvo a un paso de ponerle la tetas de Evita pero no quería hacer una parodia, así que hizo marcha atrás. Llama la atención las manos de Perón en el monstruo.


     Volvemos a tocar el tema del peronismo, Pol cita la frase de Soriano en No habrá más penas ni olvido: “¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista... Nunca me metí en política...” Se habla del ascenso de la izquierda en este último tiempo y del surgimiento de herramientas de este partido como organizaciones de base, asambleas participativas, que pueden nutrir al peronismo para la vuelta. Juan Diego cree que el peronismo fue la única fuerza política que se convirtió en cultura.

     Ali le pregunta al autor si influyeron los sueños en su obra, él le responde que no directamente pero que sí siente una dimensión onírica estando despierto, situación que reflexionando entre todos decidimos que es peligrosa ya que uno puede chocar por ejemplo. Nos cuenta que le es necesario mezclar la realidad con la ficción quizás como forma para contar sus orígenes y hacer trascender a su barrio, a su gente, a sus sueños.

     Comparte con nosotros el asombro de haberse enterado que estudiantes de la carrera de letras se recibieron con una tesis basada en libros de él. “No podía creer que me muestren un pdf de 200 páginas, citando a Foucault de un relato que escribí de mis tiempos, aquellos que pasé tirado en una esquina” Así como cuando llevaron su obra a un penal y los presos multiplicaron el mensaje y escribieron relatos sobre sus barrios.

     El encuentro se cerró con una actividad muy conocida por las que crearon todo esto, por las madres de la plaza: caminar. Caminamos por las calles del predio hasta el Centro Cultural Haroldo Conti, sin saber que unos minutos más tarde eligiríamos a este autor para continuar sumando kilómetros a estos maravillosos encuentros literarios que se dan al ritmo de la luna. Gracias a Juan Diego, a la gente del ECuNHi y a cada uno/a de nosotros/as que bancamos este espacio itinerante totalmente ganado que es Los Siete Locos.

  
Alicia y Patricio



MATERIAL CITADO POR INCARDONA

·         Regístrese, comuníquese y archívese (Arg, 2009) Sobre el impacto cultural de la dictadura https://www.youtube.com/watch?v=2pXKWOzCNhI


·         La batalla de Argel (Italia, 1966) Donde se muestra el accionar del ejército francés en Argel. El grupo de tareas 3.3.2 que funcionaba en la ESMA copió sus estrategias, como así varios grupos dentro del plan Cóndor. https://www.youtube.com/watch?v=F8D_80qdxHg


·         La Santa Cruz, refugio de resistencia (Arg, 2007)  El rol de la Iglesia de Santa Cruz y de los Padres Palotinos. https://www.youtube.com/watch?v=g5t5BKH-dY8


·         99,9% La ciencia de las abuelas (Arg, 2013) Abuelas y la genética. https://www.youtube.com/watch?v=-p2aNVhoRxI


·         Víctor Basterra (Fotógrafo detenido que aportó fotos de militares para la megacausa ESMA) https://www.youtube.com/watch?v=Hef2LSaPFvI


·         Ana María Ponce, poeta detenida desaparecida (1977)




·         Poemas: https://issuu.com/maurobellini/docs/poemas


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¡¡¡Muchas gracias Juan Diego Incardona!!!




sábado, 1 de abril de 2017

No habrá más penas ni olvido

              El azar, que no necesariamente expresa la ausencia de Dios, sino que puede manifestar la existencia de uno que, al decir de Serú Girán, “se nos mea de risa” o bien –para honrar el politeísmo de nuestra querida Ani- la presencia de varios que se hallan sentados en ronda y jugando al Ta Te Ti para determinar cuál es el próximo en hacer su movida en el mundo; quiso que nos juntáramos el 25 de marzo, un día después del aniversario del golpe de Estado de 1976, que otorga el marco en el que se desarrolla la historia del boxeador Rocha y el cantante de tangos Galván, y dos días antes del aniversario de la vuelta del exilio de Soriano en el año 1983. No fue azaroso, en cambio, el punto de encuentro: La Perla, bar ubicado en La Boca, barrio donde vivió durante algún tiempo el escritor hincha de San Lorenzo.


            Un servidor cronista arribó al lugar convenido luego de una larga travesía que implicó un trasbordo de subte a colectivo en Plaza de Mayo. El olor a chori todavía impregnaba el aire de ese centro neurálgico de la ciudad: constituía un recuerdo de una jornada de recuerdo. Por cierto, la llegada ocurrió aproximadamente 60 minutos después del horario pautado, justo en el mismo momento en que el Dios judío ganaba la partida de Ta Te Ti. Sin pensarlo mucho, Yahveh (¿ya ve usté?) procedió a llevar adelante su jugada: despertarle al cronista el bichito de la culpa, acción que condujo a éste, precisamente, a ofrecerse a cronicar en compensación por su aparición demorada. Ani, Pepi, Pato, Nacho y Dani, que no habían puesto reparos en la tardanza de Pol, tampoco lo hicieron ante su propuesta.

            Nacho abrió la reunión. Más aún: abrió el promisorio año de este hermoso grupo de lectura. Sostuvo que las novelas le habían parecido “light”, lo que hizo que las leyera de corrido. El cronista percibió que el payamédico no veía con buenos ojos la mencionada característica y, en ese sentido, se separaba de la opinión emitida por Cortázar sobre No habrá más penas ni olvido: “Leí de un tirón tu novela y eso en mí es siempre un primer balance favorable; sigo creyendo que un libro que agarra da ya la prueba de su calidad”.


            A continuación, Nacho comentó que la incursión en los libros suscitó el recuerdo de una situación vivida en su trabajo. Contó que un día apareció un puntero político de la zona y le pidió que atendiera inmediatamente a su padre, a pesar de que había antes que él varias personas esperando. La negativa de Nacho produjo una discusión acalorada. En un momento, el facultativo anarco-punk preguntó a qué partido pertenecía su interlocutor. Difusa pero no sorprendente, la respuesta fue: “yo soy peronista”. La anécdota orientó el debate hacia el tratamiento de los siguientes interrogantes: ¿eso es ser peronista? ¿Qué es el peronismo? Al respecto, Nacho leyó el siguiente pasaje de No habrá más penas ni olvido:

- Dicen que somos bolches.
- ¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política.

            Dani dijo que la izquierda peronista consideraba a Perón como un líder revolucionario, mientras que la derecha lo percibía como aquel que sería capaz de aquietar a quienes lo veían como un líder revolucionario. “El peronismo es una bolsa de gatos” concluyó el médico fanático de un club cuyo estadio porta el nombre del General. Ahora que escribe estas palabras, el cronista se pregunta si Mauricio entra en la aludida bolsa o queda afuera como Chatrán y otros gatos. Por lo demás, la tapa del ejemplar de Cuarteles de invierno de Nacho tenía dibujado un gato negro porque Soriano amaba los gatos. Como sea.

            Pepi, por su parte, se encontró, en cierta ocasión, en la compleja tarea de explicar a sus primos españoles qué es el peronismo. Complejidad que, desde su perspectiva, derivaba del hecho de que se trata de un fenómeno que “atraviesa la historia, atraviesa diferentes clases y atraviesa diferentes generaciones”.

            Agregó que se enamoró del peronismo en una marcha realizada a principios de la década del ’80. En aquella oportunidad, el cansancio que provocó en ella la caminata no resultó indiferente a un muchacho (porque los peronistas son muchachos) que así habló: “¿quiere un choripán, compañera?” Gesto que evidenciaba que el peronismo iba más allá (o, mejor dicho, más acá) de las banderas y consignas pomposas: alcanzaba el nivel micro del vínculo cara a cara. Gesto que, a su vez, mostraba que el chori era al peronista lo que la espinaca a Popeye.


            Pato dijo que el peronismo tenía una dimensión afectiva ausente en el anarquismo, el comunismo y el socialismo. Al respecto, Pepi recordó que en la facultad, los militantes de la izquierda clásica bajaban una línea muy teórica que quizás algún que otro estudiante comprendía, pero que definitivamente los obreros no. Dani trajo a colación las críticas que Jauretche propinó a la izquierda en el Manual de Zonceras.

            Ani, que calificó al General de “pollerudo cobarde” (etiqueta de mayor calidad que la de “tirano prófugo”, en la humilde opinión del cronista), introdujo el siguiente interrogante: ¿por qué Evita nunca fue presidente e Isabelita sí? Su respuesta no tardó en llegar: porque Perón no la dejó. Pepi afirmó que circulaba una hipótesis según la cual el ejército presionaba a Juan Domingo para que obstaculizara el inquietante ascenso de la abanderada de los pobres. Al parecer, Perón impidió que Eva viajara a Estados Unidos a operarse en mejores condiciones de la enfermedad que vivaron los gorilas.

            Dani aportó dos frases de su suegro peronista para seguir pensando este fenómeno made in Aryentain: “yo soy más peronista que Perón” y “el objetivo del peronismo es el poder”. En relación a la primera, comentamos que expresa el carácter paradójico del peronismo. En relación a la segunda, planteamos que la izquierda también busca el poder, pero no está dispuesta a negociar con otros actores, a ensuciarse en el barro, posición que Nacho apoyó con firmeza.

            El poder constituyó otro de los tópicos abordados en la reunión. Una vez más, el tordo riverplatense dio el puntapié inicial. Sostuvo que existen elementos simbólicos que invisten de poder a quien los porta. Por caso, el ambo que erige al médico por sobre el paciente. Dicha situación puede dar rienda suelta al abuso de poder, al autoritarismo. Nacho se refirió a otro ejemplo en el que una burócrata de una obra social se imponía arbitrariamente sobre una afiliada.

(En este momento, el cronista recibió su medio sánguche de lomito completo, por lo que su atención a lo charlado y a lo por él registrado se debilitó considerablemente).

Dani también aportó un caso en el que un pibe de la villa le pedía a los gritos que denunciara a los gendarmes porque él, en tanto médico, tenía poder y, por ende, iba a ser escuchado. Al respecto, Nacho leyó un fragmento de No habrá más penas ni olvido:

Juan retrocedió hasta el auto. Sin dejar de apuntar tanteó en el piso hasta encontrar la escopeta. La levantó y se la mostró.
-Sin esto sos una mierda. No valés nada.

            Pepi invitó a pensar la otra cara del poder a través de una anécdota nacida de su trabajo. El jefe apareció con unas ideas nuevas que encontraron el rechazo de los empleados. Ante tan rotunda negativa, el jefe les preguntó qué sugerían y nadie respondió. En definitiva, proponer no implica solamente exponer ingeniosas estrategias sino asumir las consecuencias de la implementación de dichas estrategias. El poder conlleva una responsabilidad que muy pocos están dispuestos a soportar.

            Todavía con migas en sus dientes, Pol habló de dos aspectos de la novela que le llamaron la atención: por un lado, los móviles de muchos de los personajes. Lo que los llevaban a jugarse la vida no eran los ideales de izquierda o de derecha. Eran metas mucho más mundanas: el Sargento García quería ascender (“¡Qué va a decir mi negra!” expresaba contento cuando Fuentes le firmó su promoción), el comisario, a quien había designado Fuentes, se puso contra éste porque le prometieron un cargo en Tandil y su señora quería que sus hijos estudiaran allí, Galván volvió a avisarle a Rocha que no peleara porque sentía cierto afecto por él, etc. Por otro lado, personas que se conocían muchísimo se encontraron en dos bandos contrarios que buscaban exterminarse. Por caso, Fuentes y Suprino: el lazo cercano que había entre ambos, manifestado en el hecho de que el primero le había vendido una camioneta al segundo, no impidió que, de pronto, se convirtieran en enemigos a muerte.


            Pol agregó que también le despertaba curiosidad el título de No habrá más penas ni olvido. En efecto, remite a un tango que habla sobre la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la historia allí narrada transcurre en un pueblito de la provincia de Buenos Aires ¿Por qué habrá optado por ese título? Es más, el epígrafe de la primera parte es la estrofa completa:

Mi Buenos Aires querido / cuando yo te vuelva a ver / no habrá más penas ni olvido

            A modo de conjetura, se le ocurrió la siguiente respuesta: dicha estrofa adquiere sentido si se reemplaza “Mi Buenos Aires querido” por “Mi General querido”.

Mi General querido / cuando yo te vuelva a ver / no habrá más penas ni olvido.

            Cosa que se liga con el final del libro:

-Va a ser un lindo día, sargento.
García se dio vuelta en dirección al pueblo y se quedó con la vista clavada en el horizonte. Tenía el rostro fatigado, pero la voz le salió alegre, limpia.
-Un día peronista- dijo

            Pepi encontró una alusión a Los siete locos de Arlt en No habrá más penas ni olvido. En particular, al famoso octosílabo ¡rajá, turrito, rajá! Se trata de un octosílabo debido a que, si bien la frase cuenta con siete sílabas, se le suma una más porque la última palabra es aguda. Por cierto, semejante información fue aportada por Patricio, quien la aprendió de su mamá, la querida Alicia. Pues bien, en la aludida novela de Soriano, Pepi encontró otro octosílabo: ¡torito macho, carajo!

            A Nacho, Cuarteles de invierno le hizo acordar a otro libro que leímos: El patio de atrás de Carlos Gorostiza. En efecto, ambos aluden a la indiferencia de la sociedad ante la dictadura.

            Y a Pol, Cuarteles de invierno le hizo acordar a Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Los personajes, sin estar directamente relacionados con la política, se vieron, de repente, envueltos en una trama sangrienta: en el primer caso, un boxeador y un cantante de tangos que llegaron al pueblo a participar de una fiesta; en el segundo, personas que se juntaron a escuchar en la radio una pelea de box.


            El cronista no quiere terminar la crónica sin decir: amigos, amigas, hermano, mamá: ¡HOY HA SIDO UN DÍA PERONISTA!