domingo, 28 de abril de 2024

A propósito de "Más respeto que soy tu madre"

          Están los que se sienten cómodos escribiendo cosas inventadas, como ser novelas o cuentos y están los que tienen la capacidad de contar lo real, lo que vemos. Estos son los cronistas, periodistas. Y están los que pueden hacer las dos cosas. Qué suertudos. Bueno, yo me encuentro entre los primeros.           

   Porque si ahora tengo que escribir la crónica, ya sé de antemano que quedarán cosas por contar, atmósferas, pinceladas en el aire que no puedo asir para poner en estas líneas.  


   Quisiera proyectar la alegría y cierto clima de jolgorio, que, a pesar del mal tiempo político que nos toca, no hemos perdido.

       Pero la realidad siempre supera a la escritura. Es así. 

       La realidad versus lo ficcional. La novela que nos convocó es una obra bien ficcional, con personajes inventados, con arquetipos exagerados, algunos queribles, otros no. Muy ficcional es esta novela, sí. Sin embargo retrata, a mi modo de ver, una realidad difícil de retratar, que es la de Argentina destruida por el neoliberalismo de los noventa y de las políticas industricidas que hemos sufrido. La familia Bertotti- Gonzales, cuyo padre acaba de perder su trabajo en la fábrica Plastivida, y cuya madre, la querida Mirta, había perdido también su trabajo en la boutique.

      En este océano de desempleo la familia resurge gracias a los ahorros del más amado hijo mayor y de la instalación de una pizzería disparatada como la familia misma.

      Y hablando de seres queridos, queremos tanto a Mirta, la cronista de su vida en menopausia. La menopausia del programa neoliberal en los comienzos de los años dos mil.

      La Argentina que no es la misma que conocimos las y los que vivimos los años de Perón más los sesenta y los setenta. Pepa y Anita lo corroboraron.  Y me permito acá citar un pasaje en el que habla del abuelo Américo: “Pasaron los años. Mi suegro prosperó muchísimo desde que llegó de Milán con una mano atrás y otra adelante,…”  Vivimos el país del progreso y el ascenso social, aun atravesando dictaduras plomizas como las de Onganía, Lanuse y otros…qué feo tener que nombrarlos. A los Bertotti les tocó otra realidad. El padre desempleado, que, además, era una bestia violenta; el hijo del medio, el Caio, pobrecito, sin sueños; la hija Sofía, que vendía ilusión de sexo por internet; el hijo mayor, de otra generación, que sí podía soñar, viajar, enamorarse, tener un bebé y hasta hacer el gran sacrificio por los suyos.

      No olvidemos al abuelo Américo, la cumbre del disparate.

      ¿Una obra de ficción que retrata muy bien la realidad? ¿Una ficción de género realista al modo de Unamuno, Balzac, Manuel Gálvez? No. Acá hay realismo disparatado con mucho humor y personajes grotescos, delirados,  como la Negra cabeza, las novias del Caio, la vieja Montforte que nunca aparece, el pizzero uruguayo y hasta la ciudad de Mercedes también.

      Nuestro encuentro fue muy lindo, y como dije al principio, quisiera proyectarlo bien en estas líneas.

      Fue en la casa de Dani, en la hogareña sala de abajo, puesto que las condiciones climáticas no ayudaban a instalarnos bajo el cielo villurquí. Todos en ronda alrededor de la mesa ratona. Pepi y su sonrisa, Nacho en el sillón con Rosi, Silvana, Cristian, yo, Anita, Dani terminando el círculo y levantándose a servir y ofrecer. Gran anfitrión. La mesa, repleta de manjares que todavía recuerdo. Una torta de manzana, unas masitas secas, unas galletitas, muchas cosas había y casi todas dulces.

      No todos fuimos muy entusiastas y gustosos de la novela. Yo sí, por supuesto. Rosi, asombrada, contó que ella se la leyó en dos días mientras la preciosa Ayme jugaba. Nacho advertía la escritura en forma de entregas y dijo no haber disfrutado de tales discontinuidades.

      La bella Paula llegó más tarde y fue cálidamente recibida. Era su primer encuentro con nosotros después de su viaje a la tierra natal. Nos dio a escuchar un audio de su papá opinando sobre la novela. Nos dio palabras sabias, de refinado lector. Encontró en la novela las semejanzas entre los países latinoamericanos.

      Quisiera poder reproducir la voz y el discurso del papá de Paula. O volver a escucharlo. Fue un momento de absoluta atención de todos. Fue un momento de pausa en nuestras ansiedades.

      La novedad que trajo Silvana también es curiosa. Resulta que nuestra compañera se topó con la versión española de la novela en la que Mirta se llamaba “Lola” y la historia se desarrollaba en la postrimería del franquismo.

      Muy distinta, y, a la vez bastante parecida fue aquella España post dictadura. Franco dejó a España sin pobreza pero con la sociedad llena de vacíos; es decir, llena de ausencias. En casi todas las familias o grupos faltaba algún tío o primo o amigo. El infame dictador no paró de firmar sentencias de fusilamiento hasta sus últimos días. En la argenta familia Bertotti también había una ausencia.

      En la novela de Hernán Casciari la familia se mueve en bloque para sobrevivir. Ponen la pizzería, se van a vivir a la casa del abuelo, se comparten las amantes entre abuelo y nieto. 

      Rosi se refirió a la historia diciendo que trataba de una familia atravesada por el amor. O que había un fondo amoroso en ese grupo familiar. Pienso que ese fondo amoroso está en el relato y en el estilo de la protagonista, sobre todo cuando se refiere a cada personaje. Hasta cuando en un momento, mientras miran la ecografía del nieto, le habla a su hijo el Caio de la siguiente manera: “Se quedaron los dos petrificados. La sofi medio empezó a moquear, y el nene se hacía el machito pero se notaba que por dentro le corría un frío.

- ¿Cuánto mide?-pregunta el Caio.

- Así - le hago con los dedos para que entienda.

- ¿Y yo a esa edad cuánto medía?

-¿Vos? ¡Mucho menos! – le digo- . A vos recién te captó la lente a los ocho meses. Con decirte que pensábamos que eras un tumor. Si incluso estuvimos a punto de extirparte.

- Igual medio tumor sos, por lo maligno – mete cizaña la Sofi, pero el Caio no le da bola.”

      Porque acá el humor es constante y constantemente incorrecto.

      Y otra pregunta. El Zacarías, la bestia bruta violenta de la historia, ¿Tenía que ser peronista?

      El amor de Mirta por su hermano desaparecido de quién se desprende, o se entrelee una suerte de afinidad con su amado hijo mayor, el Nacho.

      Su hermano decía de Julio Cortázar que era su amigo y Mirta se refiere así a su hermano: “Francisco lo adoraba. Tanto lo quería, que, cuando supo que lo estaban buscando, pobrecito, había metido en un bolso una muda de ropa, un cartón de Jockey club y su edición de Rayuela destartalada. Pero no hizo a tiempo a irse del país ni de ninguna parte. No pudo irse.”

      Y ahora, a cuarenta años de la partida de nuestro escritor, querría citar las palabras de la protagonista narradora refiriéndose a nuestro escritor:

      “Yo no soy una gran lectora, ustedes ya lo saben. Yo no sé nada. Pero tres de los seres que más amé y amo en este mundo fueron felices y mejores personas después de haber conocido a Julio Cortázar, Y hoy, que estas personas ya no están, y la que está se me fue a vivir tan lejos, toco con la yema de los dedos ese primer libro amarillo, ese Bestiario deshojado, y pienso que sí, que si ellos lo decían, ese hombre de ojos de gato, tan buen mozo, altísimo, también es amigo mío. Y lo quiero como si lo hubiera leído siempre, como si a mí también su amistad me hubiese cambiado la vida.”

      Retomando el tema del principio. Sí, veo un retrato de la Argentina desastrada por el neoliberalismo, aunque es notorio que el autor escribió la novela a puro talento e imaginación, sin plantearse el panorama político que en el relato podemos leer. Y veo en la historia una fuerte herencia de nuestro grotesco criollo, de nuestro sainete y de un fuerte humor discepoliano. Es una tradición que nos atraviesa a muchos escritores y lectores.

      Nos quedamos charlando, brindando. En alguno de los cuartos Vicente, Maxi, Valen y Aymé jugaban. Se oían las vocecitas y algunos “plaf”, “pum” de almohadones y juguetes voladores.  El otoño y la literatura nos extendieron la charla. Se hicieron las seis de la tarde sin que nos diéramos cuenta.



 

Raquel Poblet

 

 

lunes, 11 de marzo de 2024

Los amores urgentes

     Era urgente volver a juntarse porque la extrema derecha gobierna el país, el porcentaje de pobreza aumenta a números inhóspitos y la violencia está a la vuelta de la esquina. Era urgente como ciertos amores. 

    Pepa puso su living espacioso y cálido como siempre y encima cocinó pizzetas. La primera en llegar fue su hija Rosi, que estaba desconsolada porque el psicoanálisis que tanto ama, no alcanza a explicar el macabro fenómeno Milei. 

    A continuación arribamos mi mamele Ana María, mi negrito Cholo, la glamorosa y blonda Sil con lentes de sol y yo, el narrador magrebí Daniel. Tímidamente empezamos a atacar las papas fritas, los palitos, los alfajores de maizena y chipás, cuando el timbre anunció primero la llegada del pibe de San Martín Cristian y depués a la desopilante Raquel. 

    Finalmente, el grupete se completó con la presencia de Nachito, que entró a la casa con Maxi de una mano -que corrió a jugar con el Cholo- y Valen de la otra -que con sus ya casi 11 años decidió sentarse a la mesa con nostros-. 

    Todo estaba listo para iniciar el 2024, año del Dragón, con una trilogía: Los amores urgentes del chaqueño Juan Solá. 

    

    El puntapié inicial en la conversa lo dio Raquel, quien indagó en voz alta: ¿qué es un amor urgente y cuáles son los que aparecen en la novela? Inmediatamente nuestras mentes se transportaron a la carta que Galaxia le dejó a La Chaco a modo de despedida:

    "(...) pienso en esas veces que te hablé de los amores, de todos los amores, pero especialmente de los amores urgentes: esos que precisan quienes ya nada tienen. Escribo y pienso en el Oreja. Pienso en sus hermanos, en mi abuela Amanda y su perfume, del que no pude despedirme porque mi padre pensaba que su amor me hacía débil. Pienso en las cosas que permanecen después de la ausencia".   

    Queda bien claro cuáles eran los amores urgentes para Galaxia, y entre ellos no figura el que la unía con Ximena. Sí el que había tenido con Oreja, un pibe que había estado preso en Rawson y se encontraba solo en el mundo. Rafael, alias el Oreja, no sabía qué había sido de la vida de sus 4 hermanos a los que extrañaba angustiosamente y necesitaba de inmediato afecto. 

    Otro amor urgente fue el que necesitó Galaxia cuando era niña y todos la llamaban Cristóbal. Lo halló en la abuela Amanda, quien supo ver en sus ojos las estrellas y reconocerla mujer.

    Ni hablar del sentimiento que forjaron el Oreja y sus hermanos en la infancia, cuando estaban a merced de ese papá violento y abusador. Fue un amor como refugio, que los rescataba de la perversidad paterna y la complicidad materna, un lazo fraterno que nunca olvidaron y fue el motor para seguir viviendo. 

    Es que todas las violencias habidas y por haber aparecen en estas tres novelas trágicas de Juan Solá. Sin embargo, circunda al relato un halo de luz, de poesía. Como ejemplo se puede citar aquella escena en la que Galaxia, luego de verse obligada a prostituirse porque no encontraba otro trabajo -le había pedido laburo al verdulero, a quien luego descubre como cliente-, se pone a hablar en la calle, de noche, con tres niños pobres que emergían del contenedor de basura como ratoncitos, y les comparte las empanadas que había comprado como cena:

    "-Qué rica está la empanada, doña -dijo el pibe con la boca llena.

     -Qué suerte que nos encontramos -respondió Galaxia. -Les tengo que contar una cosa -les avisó, y alcanzó a ver los ratoncitos de curiosidad asomándose a sus pupilas negras, y no fue capaz de hacer otra cosa que sonreír y amarlos como se ama todo aquello que nos recuerda la resiliencia de lo bello sobre lo doloroso".

    De eso se trata, que lo bello venza a lo doloroso. Que el amor venza al odio, como diría Cristina recordando a Evita. Y este pensamiento se ve reflejado en la frase que escribió Alba detrás de la foto en la que aparecía con Pachi siendo jóvenes: "la oscuridad es un instante de luz dormida". 


    
En el libro circulan distintas formas del afecto, no sólo los amores urgentes, también los ñeris, que es el nombre de la 2da novela, escrita en el año 2018.

    La primera vez que aparece el significado de "ñeri" en la novela es en una de esas nostálgicas cartas que Agustín le escribe a Federico:

    "(...) ñeri significa un hermano, una hermana, un amigo y una amiga, un lazo incorruptible por la fantasía del tiempo, la complicidad hecha carne y sobre todo, una lágrima partida al medio para enjuagar dos ojos que se miran. Todo en simultáneo.

     ¿Querés ser mi ñeri Federico?"

    A su vez, "una persona cualquiera, de esas que andan por la vida regalándole verdades (y un poco de paz) a la gente que se cruza" había nombrado a Agustín como su ñeri. Se refiere a la chica del ciber, que estaba enamorada de las cartas que recibía de un muchacho que recién empezaba a conocer y le proponía mudarse con él a Comodoro Rivadavia, Sarita. Y las historias se entrecruzan.

    Sarita también se convierte en ñeri del Oreja en el micro que los traía a él de la cárcel y a ella del desamor y la decepción con Sebastián.

    Originalmente Sarita había aprendido el significado de la palabra ñeri de su papá, el Hornero, a quien tanto había amado y añoraba en secreto. Su deseo siempre fue volver a sentirse segura y querida como en su niñez cuando el Hornero vivía. Y lo termina logrando creo yo, cuando regresa con La Chaco, su confidente de la infancia, a Villa Santa Elisa. 

    El Hornero se pone gris, deja de levantarse de la cama y muere cuando pierde el trabajo. Es imposible no asociarlo a la realidad actual del país. 

    Cris nombró un poema del mismo autor que se llama, oh casualidad, "El hornero", narrado por un árbol viejo, "que estaba más cerca de ser leña que monte", y que recibe a un hornero herido que había escapado de un cazador, y a quien ayuda a sanar. Cuando el hornero curado y agradecido decide irse, el árbol "que quería que fuera libre, pero que ahora comprendía cuánto le lastimaba su libertad", encuentra una razón para seguir viviendo: "hay un hornero libre en algún lugar del monte, y me urge oírlo cantar otra vez".


    Lo interesante de la forma de contar de Juan Solá, es que historiza a sus personajes. Los describe empezando siempre por la infancia de los mismos y las relaciones que tejen con los padres, familiares, amigos, escuela, y su sexualidad. 

    El niño Sergio (Ximena) que sentía miedo de ir al colegio porque sus compañeros lo hostigaban, y la ocurrencia de decir que tenía el album de los Caballeros del Zodíaco para que lo respeten; la paliza que le propinó el papá a Lucas (Lucy) por elegir el Power Ranger Rosa para la torta de su cumpleaños; Duilio (Carina) que se llamaba como el abuelo por ser el menor de 9 nietos, a quien lleva el papá a debutar a un cabaret, donde encuentra a Valeria, una mujer trans con quien se identifica. Estos son unos pocos ejemplos del recorrido que hace el autor por la vida de sus personajes. 

    Ni hablar de la trayectoria de Oreja y sus hermanos. El mayor de los cinco es obligado a vender guías en el  subte; la que le sigue, Carmen, es condenada a un prostíbulo en Comodoro Rivadavia; Corina es rescatada de su familia por un novio traficante; Walter es enviado a lo de la tía Dori en Azcuénaga para protegerlo del padre, quien lo había golpeado hasta dejarlo inconciente por jugar con una muñeca; Cinthia es vendida a la patrona de la mamá, cuya hija discapacitada había muerto; y él es abandonado y queda a merced del papá maltratador, cuando su mamá huye con Chiqui. 

    Justamente el motor de Galaxia es juntar a estos hermanos, y prácticamente se inmola en manos de Gabriel Romano para que esto ocurra. El pedido a La Chaco en su carta de despedida es que continúe con esta misión.  


    Conmovidos en forma unánime por la obra que compartimos, con las botellas de vino vacías, ya era hora de ir terminando la juntada de lectores. "Lo inesperado no tiene cabida en un mundo que decidió creer en los relojes y las agendas". ¡Qué le íbamos a hacer! Teníamos que volver a los relojes y la rutina. La tarde de domingo anunciaba depresión. 

    Pero alguno de nosotros levantó la mano y decidió leer una última frase, para recordar que tenemos salvación si hay amor:

    "Porque lo maravilloso del amor no es la gloria íntima de los amantes, sino las bondades que siembra cuando quienes aman vuelven a habitar el mundo que respira detrás de las paredes que les guardaron el secreto de la desnudez. El amor nos hace mejores personas, piba, me aseguró. Porque el amor será las flores del patio pero también la membrana líquida de los techos rotos".

    Nos sacamos un par de fotos como testimonio del encuentro, Pepa nos abrió la puerta, y antes de partir, algunos de nosotros creímos ver a Galaxia apoyada en un árbol sobre la calle Ceretti y también creímos escuchar como un susurro:

    "Sólo es efímera la existencia de quien se aferra a estar vivo. En esta despedida que preparo con primor hay una eternidad que jamás comprenderá quien no pueda entregarle la carne a la urgencia del amor".  



                                                                                                                                                                Kelo


    




    

    

    

    

viernes, 8 de diciembre de 2023

Ganó la derecha, pero tenemos a Croce... ¡hay esperanza!

    Fue el domingo de la semana siguiente al resultado electoral este último encuentro de los 7 locos. Fue un domingo de sol, un día peronista propiamente dicho, con el cielo límpido, aunque con los ánimos nublados. Yo llegué temprano. Llegué una hora antes. Equivocación debida a la ansiedad, o quizá  la urgente necesidad de verse con compañeres after de catastrophe.

  Eran las dos cuando toqué el timbre a la bella Paula, que tan diligentemente me abrió, me recibió y subimos escaleras arriba en el pintoresco caserón de Flores. ¡Qué acogedoras son las casas antiguas! Sobre todo en momentos en los que realmente queremos escapar de la actualidad. Escapar y a la vez hablar, como si esto que llamamos “actualidad” no fuera más que un tema de conversación.


    Pauli y yo barrimos el salón, instalamos una mesita ratona en el centro y fueron llegando les loques lectores. Se oía el trotar por las escaleras, las risas, las expresiones de asombro. Creo recordar que llegaron, primero Anita, con su risa serena, Dani, Nacho, Valen y Maxi; Pepa, la gacela Pepa, Silvana, rubia de New York (te queda muy lindo); Rosi, ojos grandes, mirada intensa. Todos estábamos intensos. Nos sentamos en ronda, y, claro, nos largamos a hablar de política todos juntos, todos a la vez, con mucho humor e impaciencia, mezclábamos relatos personales con acontecer político, opiniones con risotadas. Rosi dijo haber superado su ánimo de reclusión, y estaba, por suerte, activa en la conversación. Faltaban Cristian y Jason. Pauli observaba e intervenía poco. Le contamos algo de la historia argentina reciente; nos la contamos unos a los otros, nos interrumpíamos, nos reíamos, qué le vamos a hacer. Vamos a tener que reponernos de la catástrofe electoral. Cuando nos juntamos les amigues compañeres el optimismo sube. Yo soy optimista.

    Nuestra anfitriona nos puso de pie en ronda e hicimos una sanadora relajación recorriendo el cuerpo, aflojando hasta sentarnos a referir sobre el libro que nos convocaba.

    Antes que nada debo contar que en la mesa  había manjares sabrosos, saladitos y dulces, todos muy estimulantes para la conversación imaginativa y vital que supimos sostener.

    El libro en cuestión es “Los casos del comisario Croce”, que Ricardo Piglia escribió en el año 2007 -fueron años felices-,  y que se editó póstumamente. Una amiga mía que lo asistió en sus últimos momentos, me contó, cosa que está consignada en diversos artículos periodísticos y en su tercer diario, que utilizaba una máquina cuyas teclas eran sensibles a la mirada. Increíble, maravilloso y tristísimo.

    Los casos del comisario Croce son once, aunque el último “caso”, sea un compendio de varios casos contados de forma muy resumida.

    Por alguna razón no son llamados “cuentos”. No guardan la regla de contar dos historias como nos refiere nuestro autor en su célebre “Tesis para un cuento”, en la que el cuento clásico, sobre todo en el género policial, “narra en primer plano la historia 1 (el relato, el juego) y construye en secreto la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.” Acá no. Acá son casos desplegados, con su solución a la vista y con una segunda historia en presencia o que emerge completa en palabras del propio detective.

    Una novela o, más bien una biografía va atravesando estos casos. Es la vida del comisario Croce. Ficcional como el personaje, por supuesto.

    Sabemos que Croce es un héroe de la resistencia peronista, y lo sabemos por el magnífico cuento “El astrólogo”, en el que nuestro detective se encuentra con este célebre personaje de Roberto Arlt, que, después de lo ocurrido en Los lanzallamas, acá, en la ficción de Piglia aparece transformado en un ladrón de joyas perseguido por nuestro policía al que esquivó muy hábilmente. Luego, en este mismo caso, ambos son los perseguidos, y se encuentran y reconcilian por esa misma condición, los dos, policía y ladrón, escapando de la represión de la  fusiladora.

    Piglia le dio un final a este gran personaje de Roberto Arlt, el astrólogo, así como Borges le dio un gran final a la vida de Martín Fierro en su cuento “El fin”, y como también le dio un origen biográfico (de ficción, obvio, siempre ficción), al querido Cruz en “Historia de Tadeo Isidoro Cruz”’. Gesto poderoso e interesante el de Piglia, esto de darle a un personaje de Roberto Arlt un lugar destacado  como el que Borges le dio a los personajes de José Hernández. Nuestro autor habla largamente en varios artículos sobre la relación que él encuentra entre Arlt y Borges.

    Croce es casi un prófugo. Vive en la costa porque tuvo que escapar de la fusiladora, pero pareciera que el exilio fuera una constante en su vida. Vive solo, rodeado de poca gente. Está retirado de su profesión, jubilado, pero le gusta volver a ocuparse y darle un sentido a su vida. Y se lo da, como cuando le regala el acordeón al marinero croata. Hermoso primer cuento. Pero no quiero espoilear más.

    Otro cuento inolvidable es “La película”. Se trata de eso, de una película, pero de una película pornográfica en la que, supuestamente, actúa nuestra abanderada de los humildes, y de la que se dice como remate y gran mensaje político, que, sabemos, el pueblo la perdonaría.

    “La conferencia” es el cuento en el que Piglia más se dedica a hacer lo que él siempre hizo: reflexionar sobre el género y reflexionar sobre los textos que él mismo construyó haciendo visible esta reflexión en el texto mismo. Este relato se trata de una conferencia organizada por Rosa, personaje importante de esta saga. (¿Es una saga? Diría que sí) Organiza una conferencia dictada por el más célebre de nuestros escritores, al que no se nombra. Nadie del pueblo asiste porque el pueblo siempre prefiere los eventos deportivos. Pero sí va nuestro comisario. El pobre se queda dormido, y, de pronto, se despierta porque se siente interpelado. Es que en esta conferencia, el célebre escritor, habló sobre el género policial, y Croce, que no obedece al estereotipo del detective razonador, limpio y casto del género policial clásico como Holmes, el padre Brown o Dupín, y que tampoco es el típico investigador vicioso, borracho, drogón y reventado del policial negro norteamericano, se sintió aludido.

    Croce es un detective criollo. En realidad, ni siquiera es detective, es un comisario veterano, o sea que ocupa y transgrede el lugar del detective de género policial que siempre está cuestionando el sentido común de la policía. Croce se permite situarse en ambos lugares: el de policía y el de investigador. Y encima es retirado. Croce es un detective al que no le interesa razonar mucho, que prefiere atender a sus “pálpitos”, y que ve “la doble vida” en todos. En el relato (buenísimo) “El impenetrable”, muy citado por Dani y Nacho, el narrador lo explica bien: “El comisario había pensado varias veces en esas conductas, hasta en sus últimos detalles, para poder asir el perfil posible de los hombres – y de las mujeres- que llevaban una vida paralela. Aunque a veces pensaba que la identidad usada como coartada- por ejemplo, en su caso, hacer de comisario-era en verdad, su vida falsa y que la otra era en realidad más intensa y más verdadera.”

    Dos mujeres en la vida de Croce: Rosa, la bibliotecaria del pueblo, y la irlandesa. Rosa, que no quería que lo vieran con él, no porque fuera policía, “por eso no, Croce,… es que sos muy feo.”

    La identidad de género como tema aparece muchas veces en la obra de Piglia. Acá se ve en el relato “La excepción”. Se trata de un cirujano en la batalla de Caseros. Un cirujano que en un encuentro privado con Urquiza  trata a este de traidor y es condenado. (Recordemos el gran cuento de Piglia, “Las actas del juicio”, en el que aparece el general entrerriano). Es muy interesante cómo se va descubriendo el secreto. La identidad es un secreto. Lo recomiendo.

    Además de los once relatos de casos están las palabras liminares y la Nota de Autor. En las primeras, las liminares, subrayaría y citaría unas líneas: “El crimen descarga al mercado de trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduciendo así la competencia entre los trabajadores y poniendo coto hasta cierto punto a la baja del salario, y, al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe a otra parte de la misma población. Por todas estas razones, el delincuente actúa como una de esas “compensaciones” naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren toda una perspectiva de ramas “útiles” de trabajo.”

    Es que todo el libro es una reflexión acerca de la delincuencia y la sociedad, y, para sorpresa nuestra, esta suerte de prólogo llamado “Liminar” está firmado por Karl Marx y fechado en 1857.

    Nos queda pendiente a mí y a quien quiera acompañar en la lectura, la novela Blanco nocturno, que es, justamente, la novela de nuestro querido comisario, personaje que nos despierta un cariño y al que quisiera volver a leer. Es también la última novela de nuestro escritor, gran profesor de teoría y de literatura argentina, que, por suerte, nos ha dejado mucho por leer.

 

Raquel Poblet

 

domingo, 2 de julio de 2023

El beso de la mujer araña

    Es una novela acerca de los afectos, pero también sobre la traición y los ideales. En ocasiones los ideales revolucionarios se ponen por encima de los afectos. Molina muere asesinado por ayudar a Valentín y su causa, pero previamente él lo había traicionado confabulando con el comisario, para lograr su libertad y regresar con su mamá.

    La historia se construye con varios relatos, y en ese armado se vislumbra la genialidad del escritor, Manuel Puig. Uno de esos relatos es el diálogo entre Molina y Valentín en la celda compartida del penal de Devoto. Otros tantos relatos son las películas que le cuenta Molina a Valentín para pasar el tiempo. Como ejemplos se pueden citar "la pantera que no podía besar"; "el viudo alcohólico y su mujer zombie"; "la actriz francesa que se enamora de un jerarca nazi"; y "el pianista ciego que se enamora de la sirvienta fea". 

    Esas películas se desarrollan como historias paralelas, que se relacionan con la de ellos dos, porque en su mayoría son de amor, tórpidas, pasionales y con finales trágicos. 

    Y el tercer relato, que completa los otros dos, está dado por las geniales notas al pie, que esbozan diferentes teorías científicas -médicas, psicológicas, psicoanalíticas- que intentan explicar el por qué de la homosexualidad, su causa. ¿El por qué de la homosexualidad de Molina o de Manuel, el escritor?

    Y si de afecto se trata, ese sentimiento es el que discurre entre los integrantes de "Los 7 locos", que se dieron cita en el departamento de Raquel, ubicado bien alto, en el piso noveno de un edificio sobre la avenida Las Heras, en el barrio de Palermo. 

    Nos dispusimos alrededor de una mesa ratona el pibe Jason con su remera de Millonarios -el flamante campeón del fútbol colombiano-, Nachito, Rosi, Pepa y sus riquísimas pizzetas, Ana María, la anfitriona Raquel -que estaba atenta al nerviosismo de su gatita-, la última incorporación de esta banda Sil de Salliqueló, y quien escribe, el Dani. Les niñes, Aimé de 2, Maxi de 6, Vicente de 5 y Valen de 10 años, alternaban entre el living para dibujar y el enorme balcón al frente para correr eufóricos. Como diría Raquel, "más que un departamento con balcón es un balcón con casa", por su tamaño y trascendencia.

    Rosi, la más pequeña de los hermanos Vázquez Carbón, habló del compañerismo entre Valentín y Molina, y la importancia de este concepto, que etimológicamente significa "compartir el pan". Molina le compartía el pan y todo lo que le traía la mamá primero, y luego el comisario haciéndose pasar por la mamá. También lo limpiaba con su propia sábana cuando Valentín tenía diarrea, la diarrea que él mismo le provocaba en confabulación con el comisario. 

    Así lo recuerda Valentín, bajo los efectos de la morfina recibida para aliviar el dolor de la tortura:

    "(...) y la mujer-araña me señaló con el dedo un camino en la selva, y ahora no sé por dónde empezar a comer tantas cosas que me encontré, "¿son muy sabrosas?", sí, una pata de pollo al espiedo, galletitas con pedazos grandes de queso fresco y rodajas arrolladas de jamón cocido, y un pedazo tan rico de fruta abrillantada, de zapallo, y con una cuchara al final me como todo el dulce de leche que quiero, sin miedo de que se termine porque hay mucho...".

    A todos los reunidos en el depto de Raquel, el autor, Manuel Puig, nos pareció un adelantado para la época que vivió. Nachito hizo un recorrido por su historia: nació en 1932 en General Villegas, un pueblo chico en la Pampa Seca, donde era dificilísimo que crezca una planta, salvo que se ponga mucho empeño en el riego. De niño le gustaba mucho ir al cine con su mamá, que era profesional, química, y trabajaba en el hospital del pueblo. Varias veces en la semana asistía al cine y quedó encandilado desde niño con las actrices hollywoodenses de aquel tiempo, tales como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe y Gina Lollobrigida, entre otras. Casualmente las mismas que le gustaban a Molina.

    De las argentinas elegía a Mecha Ortiz, quien aparece en la foto de arriba.

    Manuel se la pasó viajando por el mundo -Buenos Aires, Italia, Nueva York- y sabía muchos idiomas. Deseaba dedicarse al cine, hasta que se dio cuenta que no era bueno y que además implicaba mucho esfuerzo. Así que se volcó a la escritura, aunque sus novelas nunca dejaron de ser cinematográficas. 

    Volviendo a la novela que nos convocó, en "El beso de la mujer araña" hay un cuestionamiento claro de los roles de género, como se entrevé en el siguiente diálogo:

    "-Molina, hay una cosa que me gustaría preguntarte.

    -¿Cuál?

    -Es complicada. Bueno... es esto: vos físicamente sos tan hombre como yo...

    -Uhm...

    -Sí, no tenés ningún tipo de inferioridad. ¿Por qué entonces, no se te ocurre ser... actuar como hombre? No te digo con mujeres, si no te atraen. Pero con otro hombre.

    -No, no me va...

    -¿Por qué?

    -Porque no.

    -Eso es lo que no entiendo bien... Todos los homosexuales no son así.

    -Sí, hay de todo. Pero yo no, yo... no gozo más que así.

    -Mirá, yo no entiendo nada de esto, pero quiero explicarte algo, aunque sea a los tropezones, no sé...

    -Te escucho.

    -Quiero decirte que no tenés que pagar con algo, con favores, pedir perdón, porque te guste eso. No te tenés que... someter.

    -Pero si un hombre... es mi marido, él tiene que mandar, para que se sienta bien. Eso es lo natural, porque él entonces... es el hombre de la casa.

    -No, el hombre de la casa y la mujer de la casa tienen que estar a la par. Sino, eso es una explotación.

    -Entonces no tiene gracia.

    -¿Qué?

    -Bueno, esto es muy íntimo, pero ya que querés saber... La gracia está en que cuando un hombre te abraza... le tengas un poco de miedo.

    -No, eso está mal. Quién te habrá puesto esa idea en la cabeza, está muy mal eso.

    -Pero yo lo siento así.

    -Vos no lo sentís así, te hicieron el cuento del tío los que te llenaron la cabeza con esas macanas. Para ser mujer no hay que ser... qué se yo... mártir. Mirá... si no fuera porque debe doler mucho te pediría que me lo hicieras vos a mí, para demostrarte que eso, ser macho, no da derecho a nada".

    A Manuel Puig le interesaba particularmente el tema del "género" y las relaciones de poder que se tejen por el simple hecho de haber nacido varón o mujer. Le parecía injusto que su madre, que era química como se dijo anteriormente y trabajaba en el hospital regional, debiera ocuparse también y en soledad de las tareas de la casa y la crianza de él y su hermano menor.

    Por otra parte, la discusión que se da en las notas al pie, citando pensadores, científicos, filósofos y otras "voces autorizadas", y que acompaña a la historia principal, trata acerca del origen de la homosexualidad, pero también sobre el por qué y para qué de la represión psíquica. Cuestiona la necesidad de reprimir deseos para adaptarse a una sociedad que es injusta, cínica y discriminatoria.

    "En cuanto a la homosexualidad misma, Marcuse señala que la función social del homosexual es análoga a la del filósofo crítico, ya que su sola presencia resulta un señalador constante de la parte reprimida de la sociedad.

    Sobre la represión de la perversidad polimorfa en Occidente, Dennis Altman, en su libro ya citado, dice que los dos componentes principales de dicha represión son por un lado la eliminación de lo erótico de todas las actividades humanas que no sean definidamente sexuales, y por otro lado la negación de la inherente bisexualidad del ser humano: la sociedad asume sin detenerse en reflexión alguna, que la heterosexualidad es la sexualidad normal". 

    Se puso en tela de juicio la teoría freudiana para explicar la homosexualidad, simplificada en un cortocircuito en la identificación del sujeto con el progenitor de sexo opuesto: la mamá en el caso de los niños y el papá en el de las niñas, en el momento de la resolución del complejo de Edipo entre los 3 y 5 años de edad. 

    Al respecto, Rosi defendió a su maestro. Sostuvo que "Freud plantea que la identificación reemplaza la elección de objeto, quiere decir que el yo, toma sobre sí las propiedades del objeto (un rasgo del objeto) con lo cual la identificación nunca es absoluta, sino más bien parcial.

    No se trata de buscarle el origen a la homosexualidad -continúa la psicoperonista de Munro, apoyada por Jason- sino de pensar que siempre como sujetos nos constituimos en relación a las identificaciones. El foco está puesto más allá del ´cuento del imaginario colectivo´, busco en mis parejas una mamá o un papá, sino más bien, a qué identificaciones, un sujeto está alienado.

    Termina diciendo que hay un esfuerzo arduo en Puig por tratar de explicar algo del origen de la homosexualidad, y Freud va más allá de eso en su obra, en este caso escrita en el año 1921. Para que no digan que Freud no fue un pionero y evitar que se lo trate de viejo retrógrado". 

    Alrededor de la mesa ratona fluía la conversación y también la digestión de los manjares caseros y de panadería. Cada uno de nosotros, adultos, con la sexualidad asumida, nos preguntábamos acerca de la represión en estos términos: ¿quién va a reprimir más, la derecha peronista representada por Massa o el fascismo apenas camuflado en falso republicanismo de un Larreta o una Patricia Bullrich?

    La respuesta es que "no hay salida", y que la única certeza que tenemos es que seguiremos siendo pobres, porque todos los caminos conducen al neocolonialismo encabezado por el FMI. Pobres pero felices, porque no hay nada más revolucionario que la felicidad, y porque siempre tendremos el refugio de la lectura, y en este caso de la lectura compartida con amigues. 

    En fin, tal vez sea momento de leer y juntarse más y de volver al "perverso polimorfo" que alguna vez fuimos, en épocas venideras de tanta represión y decadencia.





El Dani

   

     

     

domingo, 16 de abril de 2023

Nuestra parte de noche

     Después de varias semanas de calor agobiante, inéditas en marzo, las nubes negras aparecieron en el cielo y comenzaron a agruparse. Se venía la tormenta, justo el día del encuentro en el que hablaríamos de las sensaciones que nos dejó "Nuestra parte de noche" de Mariana Enríquez.

    Explotó el cielo y devino el aguacero. Los que ya estábamos en el cuarto de la terraza -Ana María, Pepa, Nacho y sus críos Valentina y Maxi, Raquel, Paula y quien escribe: Dani- festejamos el alivio climatológico y abrimos las ventanas. Los últimos en llegar -Jason, Cris y Rosi- tuvieron que correr bajo la lluvia a través del pasillo de la casa chorizo, subir rápidamente la escalera con el riesgo de resbalarse y meterse de un sopetón en el cuartito.

    Ya estábamos listos para iniciar nuestro rito, que nada tiene que ver con la Oscuridad, todo lo contrario, otorga Luz a nuestras vidas de alienación capitalista. 

    "Nuestra parte de noche" estaba sobre el tapete, tercer libro que compartíamos de Mariana Enríquez, primera novela, y hubo que transitar más de 600 páginas de horror...

    La mujer de las letras, nuestra Pepa, abrió el juego con una pregunta disparadora que ella misma contestó, citando un párrafo de la novela ¿Por qué "Nuestra parte de noche" y no "Nuestra parte de la noche"? Es en un instante de muchísima intimidad entre Juan y su hijo Gaspar, en el que el padre le dice que lo único que puede dejarle es un momento compartido, que tiene que ver con la noche y la oscuridad, pero que es de ellos dos, "nuestra parte de noche". Y que todas las personas somos un poco luz, y otro poco oscuridad.

    La protagonista de la novela es esa relación padre e hijo, y el objetivo último es "salvar a Gaspar". Rescatarlo de la Oscuridad -así con mayúscula- que está representada por esa familia, o mejor dicho, por esas familias: los Bradford, los Mathers y los Reyes.

    Se trata de familias poderosas, que se unieron en una Orden en el siglo XVIII, y vienen de Europa. Son la oligarquía, están más allá de la Ley y el Estado. Y el deseo de quienes lideran estas familias, Florence y Mercedes, es vivir para siempre, obtener el secreto de la inmortalidad a través de la Oscuridad. Importa el fin, no los medios.

    Con respecto a esto último Raquel, que apenas llegó al encuentro, lo primero que hizo fue meter una botella de champagne en el freezer, exclamó con voz enérgica: "la amoralidad es una marca de clase". Y varios de nosotros asociamos a la familia Bradford con la Blaquier, y por qué no a Carlos Pedro Blaquier con Mercedes Bradford y Florence Mathers. 

    Blaquier, empresario argentino dueño del ingenio Ledesma en Jujuy, recientemente fallecido y elogiado por diarios tan derechosos como La Nación, estuvo denunciado por participar en la desaparición de empleados de su empresa por los militares genocidas en el año 76. Nuevamente la relación entre oligarquía, militares, poder político, iglesia y medios de comunicación, tan evidente y que tanto daño hizo.

    Los militares de esa época, muy poco inteligentes, con escasísima capacidad de reflexión, pero que portaban las armas, fueron el instrumento de esa oligarquía local, y del poder invisible que habita el gran país del norte. 

    Volviendo al eje central de la novela, múltiples sentimientos produce la relación padre e hijo, entre Juan y Gaspar, que dispara varios interrogantes: ¿salvar al hijo de lo que él padecía, ser el medium entre esas familias perversas que formaban la Orden y la Oscuridad, es un acto de amor? Llegar a lastimarlo cruelmente, cortandole el antebrazo con un vidrio hasta llegar al hueso, para que tenga el sello que lo proteja y evite que la Orden lo encuentre, ¿tanta violencia es justificable? ¿Hasta qué punto los padres pueden dañar a un hijo con el argumento de protegerlo?  

    Juan, de extracción muy humilde, es doblemente vulnerable: por su cardiopatía y por la falta de recursos de su familia. Es vendido por su padre al cardiólogo que lo opera, Jorge Bradford, quien descubre y se deslumbra con sus condiciones de medium. 

    Juan, tan alto y hermoso, irresistible por su personalidad y rasgos físicos, se siente un esclavo. 

    "(...) no me preguntes si me gusta mi vida ni si soy feliz. Soy pobre y estoy enfermo. No tengo educación, no tengo familia, no tengo dinero. No creo ser capaz de trabajar. Necesito la asistencia que ustedes me ofrecen. Soy un sirviente".

    Yendo al otro polo, el opuesto a Juan, la Orden y la Oscuridad; la luz en la historia está dada por el grupo de 4 amigos, Adela, Vicky, Pablo y Gaspar, que se conocen desde niños y se acompañan y contienen. Nadie pudo comprender mejor que Gaspar, la tristeza, vergüenza y dolor que le produce a Adela no tener uno de sus brazos. A ninguno de ellos les sorprende que Vicky duerma siempre con medias desde que escucharon la terrible historia de Omayra, la niña colombiana que agonizó frente a las cámaras, atrapada en la lava de un volcán. Pablo siente atracción por Gaspar y Adela confía mucho en él, sin saber que son primos y que la ausencia de su brazo fue consecuencia de un ritual con la Oscuridad.  

    Se nombró el cuento "La casa de Adela" del libro "Las cosas que perdimos en el fuego" de la misma escritora, como semilla que germinó esta novela.

    Varios de los lectores reunidos en el cuartito de la terraza elogiaron el relato periodístico como recurso: el Pozo de Zañartú por Olga Gallardo, 1993. La devastadora historia de Beatriz, que ya había perdido a Adela en una extraña casa abandonada, y buscaba los restos de su marido Eduardo, militante de izquierda desaparecido por la dictadura militar. 

    Beatriz había podido cortar los lazos familiares con los Bradford, pero la desaparición de su compañero y la persecución de los militares, la obligaron a volver con su hija Adela pequeña a Puerto Reyes. Escapando de la oscuridad de los militares terminó en la oscuridad de su familia. 

    A todos los miembros de esta secta de lectura nos generó miedo y pesadillas leer "Nuestra parte de noche", pero a la mayoría nos atrapó. A algunos les costó mucho encontrarse con el horror cada vez que abrían el libro. "El horror", lo que no se puede nombrar, dirían Rosi y Jason, los psicoanalistas de la grupa. 

    La lluvia había parado y salimos a la terraza a brindar con el champagne que había traído Raquel. Juntarse a compartir literatura nos ayuda a escapar un poco de la Oscuridad que implica vivir en un país con un 50% de pobreza, dependiente del fondo monetario internacional y con el fascismo de un Milei o de una inescrupulosa Patricia Bullrich como opción de cambio. Caigo en la cuenta que el apellido "Bullrich" de alta alcurnia, empieza con la misma letra que "Bradford". 

    Pero siempre está la Luz -voy a escribirla con mayúscula también-, todo el tiempo aparecen los opuestos de Heráclito. La Luz de la ciencia, de la educación y salud pública, de los trabajadores, de la música, el teatro y el arte en general, de la gente humilde, honesta y luchadora, de las mujeres luchadoras, de los amigos y amores. 

    La luz de este grupo de lectura.

    



Quelonius    

    


miércoles, 28 de diciembre de 2022

Crónica del encuentro por "Río de las congojas"

  Fue el seis de Noviembre del 2022 que nos, los lectores de la gran Libertad Demitrópulos, nos juntamos en la terraza de Dani, rodeada siempre por el unánime cielo villurquí.

  Como todavía estaba un poco fresquito, nos guarecimos en el salón musical que está muy bien ventanado. Alrededor de una mesa ratona llena de manjares olímpicos, estábamos Pepa, Ana, Nacho, Yo, Jason, Pau y Dani. Sabemos que hubo otros lectores que la leyeron y que no pudieron venir, pero ya charlaremos y la comentaremos en algún otro encuentro.

  Estábamos todos con los ojos muy abiertos porque “esta novela me encantó”; “es rara, pero me encantó”; “al principio no podía enganchar, pero me encantó”; “Sí- dijo Jason y creo que Dani también,- esta fue la mejor novela del año”.

  Y bajo estos estados incantatorios (así denomina Cortázar a los efectos de lo poético), empezamos a referir partes, fragmentos y a releer párrafos.

 ¿Rara la novela? Bueno, sí. Empieza narrando Blas de Acuña, de quien Jason dijera que era un “gran personaje”, y, sí, lo es porque quizá fuera éste el protagonista y no la adorada María Muratore. Blas de Acuña es el que más narra. También narra la heroína supermujer, batichica del siglo XVI, porque la ficción se ubica en el año mil quinientos y tanto; Juan de Garay vivió desde el 1528 al 1583, dicen los manuales de historia (never google). Hay también un narrador omnisciente que aparece por momentos. O sea que tres son los narradores de esta acuática novela, sí, porque tuve la sensación de nadar mientras la leía, quiero decir, todo era acuático, navegable, navegante; la historia avanzaba por el río Paraná, o bajaba, según dice el narrador del primer capítulo: “ Bajé de La Asunción con Juan de Garay y una runfla de mozos como yo: mestizos". “ El río a la vera estaba, el río ahí sigue estando”. Blas de Acuña, de los tres narradores, es a la vez, el más presente. Y de todos los mestizos, es el que se destaca, digamos, el individuo más singularizado, aunque en un momento nombra a unos cuantos mestizos, y, sobre todo, a uno en especial, a Lázaro de Venialvo, que fue el que encaró la rebelión, “el más dolorido”, el traicionado por “Cristóbal de Arébalo, el peor de los traidores”. “El Lázaro no tuvo tiempo de sospechar la falsedad de este aliado, solamente en su agonía, en el pasaje de una puñalada a otra que el traidor propinaba, habrá tenido el relámpago de la verdad.”

  A toda la primer parte de esta obra la recorre una rebelión contra la bestia ibérica que los había llevado desde La Asunción a Santa Fe, y que después no les dio tierra ni mando  ni nada de lo prometido.

  En el momento de la traición y represión es cuando se rebela la identidad de la heroína batichica supermujer.

  Esta novela es una historia de bastardos, “¿Onde quedaba la lujuria de esos viejos cochinos que nos semillaron en mujer guaraní?” se pregunta Blas de Acuña. Y afirma más adelante que todos los mestizos son bastardos, y que todos los mestizos, tan racializados, eran los que peleaban, los que ponían el cuerpo en la guerra permanente de las épocas coloniales, la guerra entre españoles y pueblos originarios; entre godos y timbúes o quiloazas. Entre medio de estos dos bandos estaban los bastardos sin identidad clara. Porque no eran claros, pero tenían que pelear, sangrar, morir  o sobrevivir bajo la férula del español.

  En estas épocas el destino no se elegía. Nada se elegía. Las mujeres debían casarse o prostituirse o ser monjas. Los hombres debían ir a la guerra aunque no quisieran ir. Terrible destino el de los varones también.

  Las mujeres son nudos o cruces de sentido. Ana Rodríguez, venida de España en barco para casarse en las Indias con marido español. Ana Rodríguez, mujer que da el mal paso en una escala en Portugal, o, más bien, que transgrede su destino de casadera y que también es amante de Juan de Garay y de la que no se sabe por qué sufre bulling de parte del pueblo. Ni siquiera puede ir a la Iglesia.

  Ana Rodríguez transgrede su destino de mujer, ella abandona a su hija en vida, pero asume su maternidad en el último minuto, o en el minuto anterior a su muerte y así revela su misterio.

  Es que, como dije más arriba, es una novela de bastardos, y en ellos el enigma era la filiación, saber de quién eras hijo, quién fue el padre que te engendró para dejar de habitar esos inciertos lugares intermedios.

  María Muratore. La chica tutelada por un gran padrino que la crió con el mayor esmero para desposarla después, cosa que no pudo ser; María Muratore “la muertecita” es la gran heroína, la que rechaza el rígido destino de las mujeres, María Muratore se rehúsa. Rehúsa a casarse con quién la cuidó y sanó de la herida mortal. ¿Quién dijo que no hay hombres capacitados para las tareas de cuidado? Blas de Acuña, su eterno enamorado, veló por ella con el mayor de los afectos y la casó contra su voluntad, él amó a su muertecita rebelde. Mucho la cuidó y mimó para poseerla después. Pero la quería.

  La gran heroína también se atreve a rehusar al deseo del más poderoso, mata a sus esbirros y huye con su amigo, el negro Cabrera, músico, un personaje entrañable, muy pobre. Ella le cambia el anillo por la canoa con la que escapa. El anillo es un objeto-recurso condensador de largos pasados en mucha literatura.     María cuando lo entrega, se despega de mucha tradición. Con ese anillo condensador de un aura primordial, el negro esclavo podrá comprar su libertad y ella, bajo identidad cambiada, Fernán Gómez, y ropa de hombre, huye por el río. 

  Y hay una tercer mujer, heroína también, transgresora, que tenía un proyecto propio, era laboriosa, era industriosa, era costurera. Decidió fundar un linaje, dar principio y futuro, crear una tradición y un punto de origen. Isabel Descalzo creó la leyenda de “la muertecita”, el objeto de adoración, el mito de origen. Ella se queda, se instala en una chacra, acepta el pacto que propusiera su padrino Don Alonzo Martínez y acepta casarse con su ¿hermano? Tal como  Adán y Eva, dos hermanos son fundadores de una estirpe que pondrá fin a una vida nómade, llena de guerras.

  Y pensando en esto de los tres destinos posibles, hay algo notable en la novela y es el tratamiento que se le da a la vida en la “calle del pecado”. Ahí se vivía una atmósfera de libertad y placer que era como un paréntesis en medio de la opresión eclesiástico- colonial. Hay un párrafo que Nacho leyó especialmente y que no casualmente muchos habíamos subrayado. Lo cito. Es Blas de Acuña, (gran personaje) el que habla: … “Siempre he tenido a las meretrices como madres huérfanas, medioángeles sueltos por el mundo para alegrar el corazón de los hombres machos, conjuradoras de soledades, dispuestas a brindar a cualquier hora y a quien fuera, el perfume de su misericordia. Son gráciles cuando jóvenes, finas cuando envejecen. Más corre la vida en ellas, más delicadezas acopian, porque todas son señoras del sufrir y del mercar, y de ambos negocios mantienen libre el corazón. No soy hombre de repudiar a las putas.”

  Isabel Descalzo se ocupa de enterrar a María para tener un pozo de recuerdo, una melancolía necesaria, un objeto de adoración cargado de pasado, de historia, un objeto de culto, un mito.

  En la novela hay retrato de época, sí. Disiento con la idea de que es como una crónica de indias. Las voces que crea la autora narran y describen desde la intimidad de los narradores. Si vamos a las crónicas de Colón o a las de Hernán Cortés, vemos que en ellas hay un afán por ser objetivos, distantes y una necesidad de mostrar la geografía en detalle. En Río de las congojas, no. Ya desde el título estamos sumergidos en el puro líquido emocional de los personajes. Emociones mezcladas con la geografía. ¡Y qué patriarcal que era la sociedad! Todas las mujeres eran calificadas en su honra por los accesos carnales sufridos o gozados.

  También disiento con eso de que María Muratore era mestiza. No, no lo era. Se descubre su filiación. Pero no espoileo.

  Los grandes enigmas de esta historia son las identidades de los mestizos que siempre son bastardos, sobrevivientes de sus padres españoles opresores. Estos protagonistas están poniendo el cuerpo entre medio de los verdaderos rivales. Indios versus invasores españoles. Mucho queda por decir. La novela es política y poética.

  Libertad Demitrópulos nació en Jujuy, en Ledesma, nada menos, en 1922, y murió en 1998. En este año, 2022 se han cumplido cien años de su nacimiento.

  En los primeros noventa, muchas feministas empezaron a colocarla en un lugar merecido. En 1997 ganó el premio Boris Vian. Había publicado esta novela en 1981.

  Le sigue “sabotaje en el álbum familiar”, de 1984; “Un piano en bahía desolación”; un ensayo sobre poesía argentina, una biografía sobre Eva Perón y otras novelas más.

  Dicen los que la han leído que sus novelas suelen tratar sobre mujeres humildes como la querida María Muratore y como la misma Evita.

  Estuvo casada con Joaquín Giannuzzi, el amor de su vida.

  Y nosotros amamos esta novela, dijimos que fue la que más nos gustó. Aunque Nacho afirmó que  El entenado lo fascinó más. Y, sí, por supuesto, Saer es una masa y se mete en el 1500 en tierras americanas muy desconocidas siendo un protagonista sin nombre, un puro humano sin pasado. Los personajes del Río de las congojas tenían todos un nombre y  un apellido, aunque estuvieran flojos de papeles en cuanto a paternidades y filiaciones en una sociedad mucho más clasista y racista que la actual.

  Y a propósito de esto, nosotros, reunidos alrededor de la mesa empezamos a contar quiénes eran nuestros abuelos y ascendientes. Pepa empezó a contar anécdotas muy graciosas de su padre y sus abuelos gallegos, Pau contó que fue nacida en Bélgica. Todos venimos de migraciones y, por suerte, vivimos en una época libre de discriminaciones del tipo “bastardo” o  de la creencia en razas superiores, aunque algún ignorante suelto lo niegue. Somos ajenos a esas consideraciones, aunque neuróticos por otras, pero no importa, siempre brindamos por nuestros encuentros, por nuestras lecturas y ahora brindo por este encuentro del que estoy hablando y por el de diciembre en el que escuchamos humorísticas canciones y tonadas de los artistas clown que engalanan a este grupo bajo el cielo azul villurquí.



 

                  Raquel Poblet.