domingo, 15 de mayo de 2022

Las primas

     Tarde soleada de otoño en la Florida bonaerense. Después de elucubrar acerca de las distintas líneas de colectivo que podían llevarla a destino: que la 152, no mejor el 161, ¿y el tren que sale de Carranza no me dejará cerca? Finalmente Raquel optó por el taxi y lo sintió como un fracaso, pero quería estar temprano.

    Los hermanos marroquíes Pol y Dani y su madre yugoslava Ana María acudieron en un renault clio color azul oscuro, que al final de la juntada Guille elogió porque tenía 5 puertas.

    Los demás tardaron mucho, como haciendose desear. Los anfitriones Guille y sus gatos fueron muy hospitalarios, pero había una gata blanca con manchas marroncitas de 20 años echada en la puerta de entrada, que no se oponía al ingreso de los visitantes, pero lo dificultaba.

    Ya había chipás, coquitos, papas fritas y 2 mates funcionando, cuando arribó la quinta, portando un look muy intelectual, la Pepa Carbón; siguió el arquitecto racinguista y bragadense Fer y por último la sonriente Lucía, la más nueva del grupo. Cristian que alegó haberse quedado varado en una reunión familiar nunca llegó. Éramos 8 los que evocaríamos a Aurora Venturini.

    Podríamos haber sido más, pero Nachito se pescó la peste covideana y debió permanecer aislado en su depto de Villa Raffo. Quiso estar presente de todas formas y envió audios con su parecer de "Las primas".

    "¡No puedo creer que esté contando semejantes cosas con tanta liviandad! Rompe con los modelos tradicionales de escritura. La religión, la hipocresía de la iglesia católica: la descripción del canelón. La novela es desopilante, cargada de ironía. Se puede laburar ESI (Educación Sexual Integral) con esta obra". Éstas fueron algunas de las ideas que esbozó el generalista punk en sus audios, sponsoreados por movistar.

    En la casa de Guille, fue Raquel la que arrancó hablando de Aurora y su vida, en vez de empezar por Yuna y la novela. ¿O será que la novela es tan autobiográfica que Aurora y Yuna se confunden? Aurora conoció a Eva Perón a través de la esposa de Mercante, quien fue gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la primera presidencia de Perón. La escritora había nacido en la ciudad de La Plata, se fue a vivir sola a los 19 años, época en la que tuvo un amorío con un médico casado. Después estuvo casada 2 veces con hombres poderosos y de derecha, uno de ellos un juez. Estudió filosofía, psicología y fue docente, además de escritora. Aunque Aurora decía de sí misma, que era inútil para todo, salvo para escribir, algo parecido a lo que le pasaba a Yuna con la pintura.

    La novela trata de una familia disfuncional. Pero también se mete con otros temas ríspidos y de mucha actualidad como son el abuso sexual, el aborto y la discapacidad. El clima que rodea la historia de Yuna y Petra, desde el inicio al final, es el de perversión, naturalizado por la narradora Yuna.

    Es novedosa la forma en que está contada y escrita la obra, sin puntuación. La narradora con la ayuda del diccionario va mejorando su vocabulario y la lectura se torna más fluida a medida que avanza. A Yuna poner "puntos y comas" le genera ansiedad. Ella escribe como piensa. 

    A Pepa, la más letrada de todos nosotros, esta escritura la remitió a el fluir de la conciencia de James Joyce en su "Ulises".

    Impactó a los lectores cómo Yuna se refiere a su hermana Betina, con odio y desprecio. Betina se moviliza en silla de ruedas, sólo alcanzó el tercer grado de una escuela especial, se tira pedos y eructos y hace sus necesidades a través de un agujero colocado en el espaldar de la silla. Yuna en su mente de niña, asocia el alma con una sábana blanca, que se va manchando a lo largo de la vida. Cuando ve que una colita de sábana se escurre desde la silla de ruedas de Betina, interpreta que su hermana la está perdiendo.

    A Fer, el arquitecto del grupo, que habla poco -como los sabios- pero cuando lo hace hay que escucharlo, la relación de Yuna y Betina le hizo rememorar el cuento "Después del almuerzo" de Cortázar, en el que el narrador es un niño que es obligado por sus padres a salir a pasear con un miembro de la familia, que podría tratarse de un ser fantástico, un monstruo, una mascota o un hermano menor.

    El bragadense también asoció la familia de Yuna a la de Aureliano Buendía de "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez.

    Es muy interesante la trayectoria que hacen dos de los personajes de la novela: la tía Nene y la mamá de Yuna y Betina. La tía Nene que "por falta de educación sexual" todavía era virgen, a pesar de haber tenido 800 novios y haber estado casada; es la que lleva a Carina a abortar clandestinamente, como si fuera un trámite y no siente culpa cuando muere su sobrina consecuencia del aborto; pero sí se le desgarra el alma y enloquece cuando fallece su madre, abuela de Yuna, Betina,Petra y Carina, a la cual adoraba y con quien vivía; tía Nene menosprecia las obras que Yuna pinta y compadece a su hermana por tener dos hijas idiotas; termina desnucándose al resbalar con una flor que no le gustaba: "alegría del hogar".

    La mamá de Yuna era maestra de puntero y guardapolvo blanco y pretendía controlar todo a punterazos. Termina muda y mirando al vacío después de permitir el ingreso a la casa del profesor de bellas artes de Yuna, quien es el que abusa y embaraza a Betina.

    Yuna y Petra, la prostituta liliputiense, son las primas que están unidas por la desgracia y el espanto. Son las que guardan el secreto de la venganza de Carina: el asesinato escatológico del vecino papero; las que "hacen justicia" instigando al profesor para que se case con Betina y las que escapan juntas de esa casa, esa familia y sus atrocidades. 

    Ninguno de los presentes supo interpretar el final, si Petra usa a Yuna, viceverza, o cada una decide seguir su camino por separado. Lo que sí queda como certeza es que fueron las primas, las únicas dos de esa familia, que pudieron resistir, emerger y seguir adelante. Y en ocasiones, para seguir adelante hay que olvidar.

    "Y pasó diciembre, enero, febrero, en marzo comencé las clases. Me sentía recién nacida, conseguí nivelarme, exponer, viajar.       

    Borré. Borré. Borré todo.          

    Una enorme melancolía invadió mis pinturas y las valorizó porque la gente al verse reflejada en la pena puede consolarse algo.                                               

    Supe que Betina había fallecido y que el profesor a causa de la existencia miserable exigida de cuidar a la enferma no salía de la casa y recordé que la casa era mía, por herencia, pero también lo olvidé".



Kelonius Monk, 15 de mayo de 2022

    

    


miércoles, 3 de noviembre de 2021

Fervor de Buenos Aires pandémico

   La palabra "meet" en anglosajón significa "encontrarse". Es una de las formas que hallamos los seres humanos para relacionarnos en pandemia. Supongo que Borges estaría escondido en su enorme biblioteca en esta época de virus covid-19.

   Abrí la reunión virtual cuando faltaban 3 minutos para las 3 de la tarde. La primera que apareció en la pantalla de la compu fue Ana María, siempre sonriente; luego siguió Pepa, pero no era la misma... estaba rubia; el tercero fue un participante desconocido, que al instante reveló su identidad: era el generalista de Lugano, Nacho; desde Río de Janeiro surgió el más porteño de todos nosotros, Wagner y su nostalgia rioplatense; Raquel también se conectó y esta vez pudo hablar, no tuvo inconvenientes con el micrófono cibernético; y por último Guille, luego de varios intentos fallidos, y sin olvidar esa frase que la acompañó durante la juventud -"la única batalla que se pierde es la que se abandona"- logró vencer a Bill Gates y conectarse. 

   Finalmente éramos 7 locos y estábamos listos para compartir la primera poesía de Jorge Luis, la del año 1923, la que escribió al volver de su primer viaje por Europa y vivir de cerca la Primera Guerra Mundial. 


   Comenzó el debate la alucinógena Pepa destacando la "adjetivación" de Borges:

   "El temporal fue unánime" en su poema Barrio recuperado.

   "El pastito precario" en Arrabal.

   Nos explicó que a esta forma de adjetivar se la denomina hipalge: figura retórica de construcción que consiste en aplicar a un sustantivo un adjetivo que corresponde a otro sustantivo.

   Luego se discutió en buena hora, y atravesados por los nuevos vientos de cambio, acerca de las masculinidades hegemónicas y cuánto daño han producido en mujeres y niñes, pero también en los hombres. Y se ejemplificó con Jorge Luis adolescente, quien padeció su debut sexual. A sus 14 años fue sacado de la biblioteca y llevado por su padre -"un tipo culto"- a un burdel. Primero pasó el padre y luego él con la misma mujer...

   A continuación, el pibe Nacho de Tres de Febrero tomó la voz cantante y dijo que sus poemas preferidos son Barrio recuperado -ya nombrado- y Ausencia. Con respecto al primero interpretó el "atravesar el temporal" como condición sine qua non para arribar a las cosas lindas de la vida. Una concepción un tanto "cristiana" la del compañero anarquista, dado que esta religión propone que "es necesario padecer en la tierra para obtener el pasaje al cielo".

   Con respecto a Ausencia, este poema está dedicado sin dudas a una mujer. La novia de Borges, cuando fue escrito, era Concepción Guerrero, una adolescente de 16 años, que destacaba por su bella cabellera de largas trenzas. Borges en ese entonces contaba con 24 años y la familia de Concepción no aprobaba la relación, por lo cual se encontraban "clandestinamente" en la casa de Norah Lange, en Tronador al 1700, donde se hacían reuniones literarias.


Habré de levantar la vasta vida

que aún ahora es tu espejo:

cada mañana habré de reconstruirla.

Desde que te alejaste,

cuántos lugares se han tornado vanos

y sin sentido, iguales

a luces en el día.

   La Guille, pese al gorilismo recalcitrante del escritor, estaba contenta y agradecida de leer este libro de poemas. Recitó La Rosa:


La rosa,

la inmarcesible rosa que no canto,

la que es peso y fragancia,

la del negro jardín en la alta noche.


   También hay uno dedicado al otro Rosas, al que no es flor sino tirano, según Jorge Luis:


Famosamente infame,

su nombre fue desolación en las casas,

idolátrico amor en el gauchaje

y horror del tajo en la garganta.


   Arrabal fue elogiado por muchos de nosotros. El mismo Borges, cuando en el año 69 revisa estos versos escritos en su juventud, escribe en el prólogo de esa edición:

   En aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora las mañanas, el centro y la tranquilidad.

   En Arrabal Borges declara su amor inquebrantable hacia la ciudad de Buenos Aires. El mismo amor que siente nuestro compañero Wagner, que añora desde Minas Gerais lo tiempos en el barrio de Palermo, muy cerca de donde vivió su infancia Jorge Luis.


El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.

(...)

Esta ciudad que yo creí mi pasado

es mi porvenir, mi presente;

los años que he vivido en Europa son ilusorios,

yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires.


   El carioca Wagner, como estudioso de las letras, analizó el libro de poemas de una manera curiosa. Buscó la palabra que más se repetía en ellos y el resultado fue: "tarde" 29 veces. E imaginó que aludía al "paso del tiempo", tema tan tratado en la obra del escritor y a su elogio de los atardeceres, como ocurre en Afterglow, Atardeceres y Campos atardecidos. Recuerden que "la penumbra del alba tiene el nombre de penumbra de la paloma; la del atardecer, del cuervo".

   Raquel y Ana María se pusieron de acuerdo en resaltar un poema cortito titulado Carnicería, que podría ser utilizado por los veganos, para graficar lo cruel de la matanza animal:


Sobre el dintel

una ciega cabeza de vaca

preside el aquelarre

de carne charra y mármoles finales

con la crueldad de un ídolo.


   Por otro lado, un tema que se repite mucho en Fervor de Buenos Aires es el de la muerte, nuevamente como expresión del paso del tiempo y punto final de este laberinto que es la vida.

   La Recoleta, Inscripción sepulcral, Remordimiento por cualquier muerte, Inscripción en cualquier sepulcro son los poemas donde aparece explícitamente este tema que tanto lo atraía a Borges desde su juventud. 

   Personalmente me gustó Inscripción en cualquier sepulcro, porque habla de cuáles son las cosas importantes de la vida y de la insignificancia de mármoles y lápidas.


No arriesgue el mármol temerario

gárrulas transgresiones al todopoder del olvido, 

enumerando con prolijidad

el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.

(...)

Lo esencial de la vida fenecida

-la trémula esperanza,

el milagro implacable del dolor y el asombro del goce-

siempre perdurará.


   El tiempo transcurría como la arena en el reloj y se hicieron las 5 de la tarde. La charla fluía en el laberinto de las relaciones humanas, pero hubo que decir "paremos aquí". Terminar algo le da trascendencia a lo ocurrido previamente, sino se esfumaría en el infinito.

   Ideas, sensaciones, aprendizaje, "lo compartido" quedó en los engramas de la memoria de cada uno de nosotros. Eso hace a estos encuentros inmortales.   

Mi polvo será lo que soy.




Daniel "Kelo" Roffé, noviembre de 2021.













   


   

miércoles, 3 de febrero de 2021

Un día cualquiera

            Buenos Aires: son casi las 3 de la tarde de un lluvioso sábado de enero. Río de Janeiro: nuestro generosísimo anfitrión, Wagner, comenta que allí están soportando ¡42 grados de calor! Partido a jugar: ¿Brasil vs. Argentina? ¿Locos vs. Locas?

          A pesar de estas tan distintas circunstancias, poco a poco los integrantes del grupo se van incorporando a la reunión de Zoom, animándose a exponer en las pantallas de sus “compu-celu” no sólo sus rostros sino también sus muy distintas opiniones y sentimientos, producidos por Hebe Uhart con Un día cualquiera, libro editado en 2013. ¡Y vaya si hubo polémica!

          Nobleza obliga, cito a los participantes por orden de aparición en el encuentro: para el  equipo brasileño jugaron Wagner y Anita Bartholo, con hinchada propia: Nataly, Irina y un perro. Por el conjunto argentino intervinieron: Pol, Nacho (que en la mitad del partido habló de una “oblicua”), Daniel, Ana María, Guille, Mercedes, Analía (ambas muy ovacionadas por el resto del equipo, por su reincorporación)  y Pepi: éramos 10 en total (parece que hubo un jugador que no aceptó el desafío).

          En los primeros minutos del encuentro se pasaban la pelota unos a otros –o unas a otras– (como verán, no sé manejar el inclusivo), hablando de bueyes no tan perdidos: después de los saludos se tocó el tema vacunas: ¿Sputnik V o Pfizer? Comentario ad hoc que recoge la advertencia que trajo a colación Dany: ¡es tarea urgente conseguir la vacunación para toda la población, pero con prioridad para el personal de la salud!  

          Vamos al juego.

          Primer tiempo: Dany (aclaración aparte: se muestra acompañado por una botella de vino Nampe) tilda a Wagner de psico-bolche, mientras que a mí me hace recordar a Silvio Rodríguez… de quien Dany se interroga por su diversidad sexual. Yo afirmo que no me importa ese detalle… mientras Wagner esboza una sonrisa y Anita B. casi grita afirmando amar a Silvio. Se exhiben otros trapitos al sol: Dany provoca con el asunto de que los sensibles terminan en suicidio –Alfonsina Storni–.

          Le cometen la primera falta al siempre nombrado Patricio… (Sonrisa de oreja a oreja que le sale bien al doctor Dany).

          ¡Y se empieza a calentar el partido!

          Dany: “Hoy no tenemos mucho que discutir… ¡Un bodrio!”.

          Los jugadores/as nos miramos y nos defendemos: “A mí me gustó! ¡A mí me encantó!”. Otros comentarios similares se escuchan desde el perímetro de la cancha.

          Dany pide –a la manera de un ejercicio de memoria– que repasemos bodrios: se agrupan en el centro del campo de juego O. Bayer, M. Denevi, S. Schweblin, A. R. Burgos, H. Conti, J. J. Saer… Dany finaliza la jugada afirmando: “No pude terminar de leerlo”.

          Ya más serenos todos, Wagner se mete en el partido y habla acerca de algunas de las lecturas sobre Hebe que lo capturaron: Guiando la hiedra y Querida mamá. Volviendo a nuestro libro, aporta que quedó cautivado por la narración que esta autora hace de su pueblo  –Moreno–, la descripción del barrio, sus personajes, situaciones cotidianas, comunes… Agrega que le gustan los temas elegidos y el universo que los rodea (cita el cuento “Los Hermanos Schiavi”).

          Se mete Guille en el campo y dice cuáles fueron los cuatro cuentos que más le gustaron: “Los hermanos Schiavi”, “El olor de Buenos Aires”, “Maestrita” y “Un día cualquiera”. En su muy lúcida opinión, Hebe deja de ser su persona para ser otra. Su escritura es teatral… escénica; la prioridad es ella y no los personajes de la narración.

          Mercedes, desde el medio campo, confirma que es uno de los libros más autobiográficos de Hebe, con personajes reales en su vida, como su novio alcohólico –Ignacio–, una familia difícil, complicada, casi ominosa, con una tía loca… todos ellos reflejados en el cuento “Historia de una venta”, donde sería difícil discernir ficción y realidad.

          Nacho se mete de lleno con la pelota y cuenta que le costó mucho engancharse con Hebe, pero reconoce que es un desafío sacar provecho del costado bueno que contienen sus cuentos; una mirada interesante, crítica de la realidad, irónica, y –como si esto fuera poco– filosófica: la mirada de un niño curioso. Visibiliza la normatividad, agita el statu quo de la sociedad sostenida en tres instituciones fundantes: familia, educación y trabajo. Personajes raros, extravagantes, desanimados. Encuentra en sus cuentos muchas digresiones, donde arranca para un lado y… (¿será ahí lo de la oblicua?),  a pesar de que no tienen un hilo conductor ni un objetivo, son transgresores.

          Me pasan una jugada y comparto mi opinión sobre el libro: interesantísimo, maneja un relato fresco, fluido y con muchos guiños de humor y ternura. Está presente la niña que observa con infinito detalle lo que pasa en cualquier día de su vida, a través de su propio monólogo interior. Y consigue transformar su dolor en vivencias a narrar.

          Wagner suma su experiencia literaria para contar que Hebe era muy curiosa: sus textos se acercan más a la crónica y la compara con su compatriota Clarice Lispector, quien también echa mano al flujo de conciencia, a la reflexión sobre sí misma, a su pensamiento; habla mucho de ella, es autorreferente, autobiográfico, y justamente es eso lo que tiene de bello.

          Interviene el jugador Dany (claramente, su puesto es ofensivo), mostrando otra vez su copa de tinto (¿no merece tarjeta amarilla?), para declarar que ¡sólo leyó 50 páginas del libro! ¡Nada menos que el que preside el tan mentado Núcleo Duro del grupo, como lo recuerda Nacho! Y se pregunta: ¿Será que no pude leer todo el libro? (Otro sí digo: el partido dura 90 minutos.) ¡No había final! “Maestrita”, ¡un horror: habla de Dostoievski y ese nene comiéndose los mocos!; “Un viaje a La Paz”, ¡no hay nadie ni nada! ¡Me indignaron sus cuentos!  ¡No hay relato! (Reitero: un primer tiempo siempre puede ser malísimo y un segundo no. Es más: este partido duró más de 2 horas.)

          Toma la pelota Guille y arremete defendiendo el área: “¡Es todo en solfa. Gran uso del recurso de la ironía. Todo lo que cuenta es lo que hace mal!”. Lee un párrafo de la narración de la maestrita, en los que Hebe cuenta que cuando debía componer como tarea escolar una cuarteta recordaba los versos de Machado… y a ella sólo se le ocurre una cuarteta con “…se cura con un Geniol”. Agrega que ni siquiera tenía un delantal decente para ocupar el lugar que le correspondía en el aula, como tampoco contaba con láminas para desarrollar el tema del día.

          A esta acotación sumamos nuestras airadas voces para apoyar a Hebe quienes pasamos por otra etapa de la educación (Ana María, Mercedes, Analía y yo nos “sororizamos” con Guille), con el recuerdo de aquellas cosas que nos enseñaron y que en ese momento nos rompían las pelotas (esto, sin compartirlo con nuestros padres, que siempre daban la razón al maestro), pero hoy aceptamos que de algo nos sirvieron esos aprendizajes.

  

    Wagner irrumpe afirmando que es interesante la narración de escritores nacidos entre quienes nos precedieron y las generaciones actuales: mucha agua ha pasado bajo el puente y numerosas cosas han cambiado.

          Mercedes cuenta que no se enganchó demasiado y que Uhart no es una de sus autoras preferidas.

          Analía sostiene lo contrario. Habla sobre el cuento “Antonio Tormo” y la mirada de una niña que se cuestiona: ¿qué quiere decir con que “en las dos alguien me espera”?, interrogantes que muchos de nosotros ni siquiera nos atrevíamos a plantear. Agrega que la escritura de Hebe es muy fluida y pone de relieve la realidad, por dura que ésta sea.

          Y continúa gambeteando la pelota: el legado que nos dejó Hebe desde su escritura es atrevernos a pensar sobre el amor, la sexualidad, lo que nos atraviesa a cada uno de nosotros, y cita un comentario sobre la experiencia de los “viejos” actores y los “nuevos”. ¡Cuántos saberes acumulados que deberían ser parte de una rica herencia! Analía no justifica que todo cuento debería tener un final. Aprecia de Hebe el hecho de no abusar de la adjetivación y, además, la posibilidad de que sus lectores se vayan identificando con esa chica que estudia en un barrio popular, y con una madre que no por falta de afecto, sino porque tenía que encargarse de los quehaceres domésticos, no tenía tiempo de preocuparse tanto por los hijos.

          Nacho rescata que Hebe se ríe de ella misma por aquellas cosas que no sabe o no puede hacer (“La coordinación”, “Poca imaginación”). Nos preocupa aquello que no sabemos bien o no podemos hacer… ¿será por la mirada del otro?

          Wagner aprueba las reflexiones de Nacho.

          Guille vuelve sobre “Maestrita” para hablar acerca del exquisito uso del humor que hace Hebe.

          Pol, a solicitud de Dany, vierte su opinión, que no es otra que la de coincidir en un todo con su hermano: “Si Hebe hizo algo milagroso fue que yo acordara en un 100% con Dany”, al extremo de confesar que está usando una remera de su hermano. “No son cuentos, son relatos…”. “No tienen introducción, nudo y desenlace”. Rescata la mirada de la niña. Reconoce un gesto disruptivo en el acercamiento a la gente (no como en la carrera de Filosofía de la UBA, llevada adelante por gente de mierda, alejada del pueblo). Continúa su exposición preguntando y preguntándose por qué en la literatura contemporánea los escritores publican obras autorreferenciales; en síntesis, escriben sobre sí mismos: cita a Laura Alcoba y Hebe Uhart –sus infancias–,  Juan Incardona –el lugar en que nació–,  Camila Sosa Villada –su sexualidad–… Trae a Cortázar como ejemplo de lo contrario, ya que en una entrevista que le hicieron al ser interrogado en referencia a su cuento “La autopista del sur”, afirmó no haber estado nunca en un embotellamiento.

          Pol concluye que para hablar de nosotros mismos, ¿no nos alcanza con las redes sociales?

          Wagner afirma que muchos escritores basan sus relatos en situaciones autorreferenciales, autoficcionales, y utilizan metalenguaje, pero cuando todos estos recursos se ponen de moda se tornan problemáticos. No es el caso de Camila Sosa Villada, quien en Las malas  hace una denuncia política y social a partir de sus vivencias, con una ficción exquisita.

          Dany recuerda haber leído que Pedro Mairal sostiene que no se puede escribir más que de uno mismo, con lo que Wagner disiente poniendo como ejemplo a Borges, quien llevó una vida casi de soledad y encierro, sin demasiadas experiencias, y escribió cosas inimaginables.

          No acuerdo con Wagner. Creo que Borges vivió rodeado de disparadores desde la biblioteca de su padre, respaldado por cinco generaciones pretéritas de intelectuales, cursó el secundario en Ginebra, viajó por diferentes países a donde era invitado, primero con su madre y luego con María Kodama… No necesitó más.  

          Wagner agrega la novela Budapest de Chico Buarque, excelente escritor y músico, que es una extraordinaria descripción de una ciudad que nunca conoció. Añade que la literatura es invención: no se escribe sólo de aquello que uno vivió.

          Para Guille, sin embargo, es posible escribir siempre sobre uno mismo –pone como ejemplo Felicidad clandestina, de Clarice Lispector–, y no por esa razón deja de ser excelente literatura. A esta observación, Wagner agrega que Clarice es más “psicologizante”.

          Segundo tiempo: Entra Ana María, con sus cabellos plateados al viento, para sorpresa de Nacho. Como relato que sí tiene un fin, le gustó “¿Y cómo pudo ser?”. En otro cuento, “Junto a la ventana”, se siente identificada con Hebe porque también “yo soy un poco chusma de la realidad, sentada en un bar viendo pasar a la gente desde una ventana e imaginando situaciones, escuchando voces, observando caras…”. Otro de los relatos que la atrajo fue “Hola, chicos”, donde Hebe habla sobre diversas clases de monos: los papiones sagrados de la India, los chimpancés, el mono araña “marimoña”, el mono cola de chancho… “animales que también a mí me gustan”. Por último, el cuento que cierra este libro, “Un día cualquiera”, le permitió nuevamente sentirse identificada con nuestra autora.

          Agarra la pelota Nacho, quien acuerda con Ana María en que a él, también de  igual modo, le resulta interesante ser chusma de la realidad. En varias ocasiones ve a una persona vestida de determinada manera y se pregunta: “¿Por qué alguien se viste así?”. “Se me  presentan cosas irrelevantes que me atrapan, pongo una mirada curiosa y chusma sobre la realidad. Pasando a otra cosa, muchas veces me pregunto cómo se puede escribir sobre lo que uno no vivió. ¿Cómo ficcionar algo que no es parte de tu vida?”. (¿La respuesta quedará para otro partido?)

          Guille asume el desafío y aporta que hay un punto medio que se equilibra entre  la historia personal del escritor (Proust, Borges…) y su experiencia vivida (Borges, cuando describe una mayólica, una cuadra, un paseo…).

          Analía, para serenar el partido y quitar presión a preguntas difíciles, concluye que en la identificación cada uno pone lo suyo, sus rasgos, y deberá esperar para saber qué efectos produce en el lector.

          Anita Bartholo comenta que no se enganchó; sin embargo, los cuentos de Hebe le recordaron muchos relatos de su madre, y agregó que halló en ellos mucha inocencia y… recuerdos de otras épocas.

P.D.: Para tener en cuenta: Dany levanta para brindar por este encuentro ¡otra copa de Nampe!


          Y aquí finaliza mi crónica. Espero no haberla pifiado mucho, y si así fuere, pido disculpas.

          Partido delicioso, hilarante, riquísimo, peleado, y lo mejor que sucedió es que ¡ganamos todos!

         

 

Autora: Pepa

martes, 22 de diciembre de 2020

Las Malas

     Poética, dolorosa, llena de violencia. Así describe Pepa la novela de Camila Sosa Villada. Nuestra compañera que sabe de Letras, es la primera que se atreve a hablar. Continúa diciendo que tiene la impresión de que la autora se libera del dolor a través de la escritura. Es un recurso sanador, a tal punto que Camila logra perdonar a sus padres, y ellos aceptarla como es, no como ellos quisieran que fuera.

    Guille apoya en lo que dice a su compañera Pepa y elogia su poder de síntesis. Se quieren mucho y se respetan hace años, de otros grupos y talleres literarios. Agrega que la lectura le resultó cinematográfica, y le mostró un mundo que desconocía.

    Y es cierto, ninguno de los 8 que participamos de la juntada virtual de este domingo de diciembre pandémico, conocemos demasiado de la vida trans. Camila nos permitió acercarnos un poco a esas historias a través de la lectura de Las Malas:

    "Las travestis trepan cada noche desde ese infierno del que nadie escribe, para devolver la primavera al mundo".

    La novela visibiliza una violencia de tal magnitud, que nos cuesta entender. Para Guille es la misma violencia a la que se ven expuestas las mujeres cis. Wagner cree que muchos de los hombres que acuden a los parques para tener sexo con travestis, rechazan moralmente aquello que desean fervientemente, y a esta profunda contradicción responden con violencia. Una violencia aprendida desde niños.

    El filósofo Pol se mete en la discusión criticando el término "transfobia": no se trata de miedo o fobia hacia los trans, sino de odio enraizado en mentes atravesadas por el patriarcado.

    Wagner sigue atentamente la charla ejerciendo su paternidad, con Irina a upa, mientras camina por la plaza París, cerca del barrio Lapa en Río de Janeiro, donde hay mucha vida nocturna según nos cuenta, y mujeres trans trabajando, prostituyéndose. Ana, nuestra más reciente incorporación, también carioca, reafirma lo dicho por su amigo.

    En la novela es el Parque Sarmiento de la Ciudad de Córdoba Capital donde Camila conoce a su familia elegida de travestis. La serie televisiva de "La Veneno" transcurre en el Parque del Oeste en Madrid. En fin, los parques son elegidos lugares de placer y congregación.

    Pol nombra la oscura calle Godoy Cruz en el barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, donde hasta hace poco aguardaban las travestis emperifolladas hasta subir a un auto, meterse en un albergue transitorio o escapar de la policía. Reflexiona acerca del proceso de expulsión que hubo desde éste y otros lugares de la ciudad, con puertas laborales cerradas, es decir, sin ofrecer otra alternativa de trabajo. 

    En este mismo sentido se trata de un texto político, con un discurso anti - capital y tiene además una mirada de clase: ellas eran travestis pobres, marginales, pero estaban las de guita, "las habían bautizado las Cuervas, porque les gustaba juntarse con la carroña".

    "(Las Cuervas) nos imitaban, pero eran incapaces de superar los obstáculos de clase. Hablaban nuestra lengua, porque por supuesto hablaban varios idiomas, imitaban nuestro andar y cogían con nuestros clientes, pero no les cobraban: lo hacían porque podían darse el gusto, porque no necesitaban ser mercancía. Simplemente jugaban a vivir una vida que no le era propia".

  

    Pero no todo es de color negro en la novela, al contrario. Nacho, el médico clown, habla de ternura cuando se refiere a la ´maternidad travesti´ encarnada por La Tía Encarna, valga la redundancia, y su bebé El Brillo de los Ojos, renacido en el Parque Sarmiento, entre los arbustos, por debajo de las espinas.   

    Es una resurrección la de El Brillo de los Ojos, y se produce gracias a Encarna, que se lo arrebata a la Muerte de sus manos huesudas y lo lleva con ella a la Casa Rosa. Y como la Difunta Correa, quien no deja de amamantar a su hijo pese a haber perdido la vida, la madre travesti alimenta a su bebé con mamas de siliconas.

    La comparación con la Difunta Correa, no es el único elemento mítico en la novela. Mística y fantasía sobran en la Casa Rosa. María es una travesti muda, que ayuda en la crianza a tía Encarna, y paulatinamente se va convirtiendo en ave. Al principio son unas plumas en el antebrazo y termina como un pajarito dentro de una jaula, para evitar que se la coma el gato. También estaba Natalí, la travesti que en las noches de luna llena se escondía en el baño porque se transformaba en lobizón, condena ésta congénita por haber sido la séptima hija varón.

    Dentro del realismo mágico de Camila, aparecen también Los Hombres Sin Cabeza, que regresaron de las guerras en África y eligieron casarse con las travestis en vez de las mujeres cis. "Ellos dejaban en claro que se enamoraban de nosotras porque a nuestro lado era más fácil compartir el trauma, dejarlo trepar por las paredes o recluirlo cuando hacía falta". 

    Los Hombres Sin Cabeza son de alguna forma ideales, porque al no tener cabeza carecen del pensamiento machista. Hay un rechazo de lo patriarcal, a través de un recurso fantástico.

    El señor Pol, con su librito de Kant en una mano y el de Marx en la otra, continúa destacando lo positivo: "Encontré en el texto gestos de valentía dignos de admiración, y por sobre todas las cosas humor, alegría a pesar de todo". 

    No hay arrepentimiento ni victimización en la novela, se habla de la fiesta de ser travesti. 

    Sin embargo, esta colorida historia de reivindicación, que alterna furia y fiesta trans, tiene un final trágico. ¿Cómo interpretarlo? ¿Por qué La Tía Encarna decide que lo mejor para ella y su hijo era irse de este mundo después de tanta lucha, después de haberlo rescatado y haber sido tan felices juntos?

    La sabia Ana María recuerda que La Tía Encarna había accedido a retomar su rol no deseado de varón, con tal que El Brillo de los Ojos pudiera asistir a la escuela. Y su hijo sabía cuándo tenía que llamarla mamá y cuándo papá. En este punto el relato me hizo acordar a "La casa de los conejos" de Laura Alcoba, ya que el personaje principal, una nena de 9 años, sabía cómo ocultar en el colegio y con los vecinos, la identidad de sus padres que habían pasado a la clandestinidad por ser militantes montoneros en la década del 70.

    "La Tía Encarna había ingresado en la vida blanca. La vida del camaleón, la de adecuarse al mundo tal y como es. Me dice que El Brillo lo sabe todo. No hay nada que ocultarle. Es muy sabio el niño. En ese momento él deja de mirar la televisión y dice: "Sí, lo sé todo. Ella es mi mamá y mi papá. No todos los niños del mundo tienen esa suerte".

    Pese a esta difícil e injusta adaptación, comenzaron las amenazas y la persecución. "Aparentemente, el padre de alguno de los compañeritos de jardín del Brillo había sido alguna vez cliente de La Tía Encarna y sabía su secreto". Nuevamente aquí la doble moral, y el desenlace fue trágico:

    "Murieron cara a cara, mirándose a los ojos. Murieron sabiamente, para no tener que soportar más humillaciones. Nuestra madre y su hijo adorado. Qué más decir".

    A Pepa, apoyada nuevamente por Guille, esta decisión final le pareció un acto de amor. Wagner habló de final épico: "lo rescata de este mundo de mierda". Quien escribe estas líneas, no entiende que La Tía Encarna haya decidido que el niño debía morirse con ella, no es poético ni amoroso, sino todo lo contrario. ¿Por qué si ella, la travesti madre de todas las travestis, se rendía, el Brillo de los Ojos debía seguirla?

    De cualquier forma, es una clara denuncia de cómo la horrorosa sociedad con doble moral en la que vivimos y de la cual formamos parte puede llevar a una persona al límite, ponerla entre la espada y la pared, y forzarla a tomar decisiones trágicas. Esa misma sociedad llevó seguramente a los padres de El Brillo de los Ojos a abandonarlo en el Parque Sarmiento y luego cuestionó hasta el hartazgo a su madre travesti, quien lo había rescatado, hasta dejarla sin opciones.

    Ya eran pasaditas las 5 de la tarde y el sol de diciembre continuaba pegando fuerte. Los 7 locos, ocho en esta ocasión, cada uno encerradito en su casa para no pescarse el covid, discutía desde la computadora o el celular. Hubo un punto de acuerdo, a todos nos encantó la novela y terminamos encariñados y hasta un poco enamorados de las travestis del Parque Sarmiento. 

    Y así se esfumó el último encuentro del año, este 2020 tan particular, de estar lejos, de aislamiento, sin mates ni besos ni abrazos, de poco aire libre, de miedos y angustias, donde este grupo volvió a funcionar de sostén. Creo que la mejor manera de despedirlo es con una frase de La Tía Encarna:

    "Agachá la cabeza cuando quieras desaparecer, pero mantené la frente alta el resto del año, nena".


                                                                                                                                DR

   

sábado, 7 de septiembre de 2019

Cometierra

     Nos dirigimos a Villa Raffo, noroeste del conurbano bonaerense, apenitas cruzando la general Paz. Allí nos recibieron Nan, Nacho y sus preciosos hijos Valen y Maxi en su depto.

     Estamos hablando del partido 3 de Febrero, fecha en la cual se libró la batalla de Caseros en 1852, cuando la grieta no era entre kirchneristas y macristas, sino entre federales y unitarios. Precisamente Caseros es la ciudad cabecera del partido y allí vive la autora de la novela que elegimos: "Cometierra". 

     Las referencias al barrio que aparecen en la novela son la Fericrazy y La Mega sobre ruta 8 y al final nombra la localidad de Pablo Podestá. Tati recordó sus paseos de niña por las ferias nombradas, así arrancó nomás la charla, con recuerdos de infancia alemana. Nan nombró la bailanta "Rescate", a la que tal vez le hubiese gustado ir, pero nunca se animó.


     Una de las más académicas de los presentes, y no por ser de Racing, sino por su transcurrir a través de la literatura desde sus años facultativos, la querida Pepa, elogió la novela toda, pero destacó la forma en que está escrita, en "la lengua" de los personajes. Tati apoyó esta opinión, llamándola "escritura visceral". La que habla no es la autora, sino sus personajes, y a nosotros nos llega en forma directa, desde los barrios humildes del conurbano, desde la marginalidad, los "dejados de lado", los "nadies" sobre los que escribe Galeano.

     Tati agregó que Cometierra vive en un "mundo masculino": la madre muere por causa violenta en manos del padre, un femicidio sin condena que deja a Cometierra y su hermano al cuidado de una tía para nada cariñosa; la tía los abandona y quedan huérfanos; y a Ana, su maestra más querida, la violan y asesinan en un galpón. Se obtura de esta forma el universo femenino.

     La mujer que adquiere un papel determinante, en ausencia de otras, es la "madre tierra", pachamama, de la cual se nutre la protagonista. Esta otra madre le da un don, el de ver más allá, el de saber lo que verdaderamente pasó con un hecho trágico, pero siempre que se trate de una víctima mujer, violentada por el patriarcado.

     La novela posee frases impactantes, conmovedoras, poéticas, que hacen que el lector se vea obligado a detenerse y respirar hondo:
     "Las lágrimas me lloraban solas".
     "Nunca más mamá y yo". 

     Las maternidades es un tema central:
     "- Yo quería también quedar embarazada alguna vez. Tener una nena. Una piba así, como ustedes.
     Me miró, le esquivé los ojos.
     - Yo ni loca. Desaparecen - dije y me llené rápido la boca de pipas".

     La actual es una época de ausencia de padres. Crecer sin cariño, sin límites, sin seguridad es una montaña casi imposible de escalar. Las madres son asesinadas, los hombres padres se matan entre sí en riñas, disputándose la masculinidad. A veces los padres se separan, forman otras familias y deciden dejar a los "hijos del matrimonio roto" con una abuela o tía. En otros casos ambos, papás y mamás, se la pasan trabajando para llegar a fin de mes en este sistema capitalista perverso, y apenas ven a sus hijos 1 horita a la noche.


     De la mano de la "falta de padres", viene "la soledad", punto álgido que atraviesa la novela, como atinadamente marcó Nacho. Cometierra se recluye en su casa, con sus plantas y botellas, con la música como compañera. Ésta casa parecía tener vida:

         "Yo me colgué mirando las plantas. Como ni el Walter ni yo nos habíamos estado ocupando del jardín, la pasionaria daba la impresión de que iba a comerse la casa. La mayoría de las flores ya se habían abierto. Quedaban algunas bochas naranjas. Más allá de las ramas mi barrio se movía como cuando empieza a anochecer, y no me molestó imaginar que si un día Ezequiel, mi hermano y yo nos íbamos a la mierda, la pasionaria iba a tragarse nuestro rancho entero como una planta carnívora.
     Una casa también podía morir".

     En la vorágine de la discusión, Tati nombró un personaje que aparece todo el tiempo en el desarrollo de la novela. El resto de los allí reunidos no nos habíamos percatado de su condición de personaje, pero sí lo es y para nada secundario, todo lo contrario, tiene un rol destacado, espumoso y rico: la cerveza.

     La cerveza es tomada en exceso, sin distinción de edad y sexo. Y también acompaña a Cometierra en su soledad y la de tantos jóvenes.

     Llegando al final del encuentro y del libro, coincidiendo con el atardecer en Villa Raffo, Guille dijo haberse acordado de Stephen King al leer la novela, por cómo la autora deja abierta la historia a diferentes interpretaciones.

     A lo último se relata la huida del barrio de Cometierra junto a Walter y Miseria, es el inicio de una nueva etapa lejos, adonde los lleve aquel colectivo elegido al azar. Es en ese momento bisagra, en el que Cometierra cae en la cuenta de lo que quería allá donde vayan. Aquello que deseaba con todo su ser en esa nueva vida: "un nombre", dejar de ser invisible para los otros.


Kelo

sábado, 22 de junio de 2019

Nunca corrí siempre cobré

     Nos reunimos en Parque Chacabuco para hablar de Isidro Casanova. ¿Qué une estos dos mundos? La hospitalidad de Mer y la obra de Leo Oyola.

     Mer no puso solamente la casa, sino también el peceto, magistralmente preparado, su especialidad. Pepa se esmeró con la picada y Guille colaboró yendo y viniendo con compoteras, vasos y botellas. El resto, 4 varones vagos y patriarcales, no movieron un dedo, pero sí masticaron y bebieron de lo lindo. Me refiero al catedrático Pol, el pacífico Fer, el anarco - sensible de Villa Raffo Nacho y quien escribe Dani Bon Jovi. La freudiana Analía tuvo un lapsus y llegó tarde.


     Lo primero que se dijo de "Nunca corrí siempre cobré", esta serie de cuentos autobiográficos, es que el autor hace referencia a series de televisión y películas con frecuencia. La televisión cumple un rol importante en barrios inseguros, mal que les pese a los puristas de las letras, porque no se puede salir a la calle cuando se va el sol.

     También nombra canciones y músicos, todos anglo parlantes. Analía comenta: "aunque el padre es tucumano y la madre paraguaya, él está atravesado por la música y el cine de Estados Unidos". Tal vez se relacione con que en los años 90, época neoliberal del caudillo riojano, se miraba hacia fuera, hacia el extranjero, y se valoraba poco lo producido en el país.

     Lo divertido es que asocia el "western", el Lejano Oeste estadounidense cinematográfico, con nuestro oeste de la provincia de Buenos Aires, La Matanza, no menos peligroso y con sus pistoleros autóctonos. No es casualidad que el boliche más conocido de Isidro Casanova se llame Jesse James, nombre de un forajido yanqui, miembro de una banda de malechores, con fama de Robin Hood. El Yesi, como le dicen en el barrio.


     En la misma línea de análisis, Pol acotó:"la cultura que uno absorbe desde niño, no proviene solamente del núcleo familiar y de la escuela, sino también de la televisión". Leo Oyola recuerda instantes de su vida, conectándolos con series de TV y canciones.

     El vínculo con la "caja boba" va más allá opina Pol: "¿quién no se enamoró de la mujer maravilla? ¿O se calentó con la Deborah del Corral televisiva del Rayo?" El autor llama Lisa Hayes de Los Pinos a la joven con la cual se engancha.

     Otro tema que surge del libro es el de "género". ¿Se puede ser de Isidro Casanova y escuchar Bon Jovi?
     "No, el forajido no te hacés. Forajido se nace. Y vos sos del barrio Los Pinos. Sos criado en La Matanza. En el oeste. Hincha de Brown y habitué del Yesi. Sos de los que patearon rocanrol en el Jesse James. Vos sos forajido. Vos sos de Casanova, carajo.
     Y te gusta Bon Jovi, puto".


     Estar viajando en el tren y que suene un rington romántico, pone en riesgo tu vida. Porque la masculinidad pasa por ser recio, insensible y bancar la parada. Dicho de otra forma, macho es el que "no corre", se queda a pelear aunque pierda, aunque se ligue flor de paliza y termine en el hospital. Por eso se usaban botas tejanas: "porque aquel que se las calza no corre: se para, hace frente".

     Uno de los cuentos que más gustó, fue "Casi sábado por la noche". La frase que hace avanzar este relato es: "Pero qué hijo de puta es tu abuelo". Se repite como un estribillo a lo largo del mismo proveniente de diferentes interlocutores. El narrador, nieto de don Ubil, se propone descubrir porqué hablan así de su abuelo.

     También fue destacado "La más linda del baile", el cuento del Kurepíguayo:
     " La canción termina.
     Galante le besa a ella la mano izquierda.
     Y recién entonces... Le ve el anillo de oro.
     La alianza. En el dedo que debe estar.
     La reputa madre que los reparió a todos".

     Fer nos aclara: "en Paraguay nos dicen (a los argentinos) kurepas, porque en la guerra de la Triple Alianza, los soldados argentinos utilizaban botas y tapados de piel de chancho (kurepa en guaraní).

     Todos los presentes coincidimos en que este escritor sobresale por sus finales:
     "Decime que... Si con ella tienen la posibilidad de volverse a ver alguna vez... Ya sea en el Paraíso que se nos prometió o vaya a saber dónde... Decime si no le vas a sonreir como Travolta en el final del video de esa canción. Con esa misma cara y todo. Y eso que no tenés el comedor completo. Decime si no la vas a volver a sacar a bailar cualquier canción.
     Porque sabés muy bien que esta noche, por más nubes que haya, hay una estrella que es la que más brilla.
     Y que falta una copa en la mesa.
     Y que sobra un alma en el cielo".


     Llegó el momento del café, la pastafrola, y los bombones griegos. ¡Flor de velada! Luego la vuelta con la panza llena. Cada uno a su lugar lejano, a su far west.
     "... el far west para vos siempre va a ser la ele que forma el camino que recorrías una y otra vez de Casanova a Morón. Y de ahí, y en el Sarmiento, todas las estaciones hasta Moreno.  En cada una de esas ciudades, en cada uno de esos pueblos del Oeste, tenés por lo menos una anécdota. Sí, sí. No te hagas el otro. Porque cuando evocás, a la hora de escribir, tus historias siempre fueron gestadas allá. Así no recuerdes bien la noche o siesta en la que empezó el coqueteo con lo que vas a contar. Así te hayas olvidado la verdadera razón por la que arrancó el tiroteo".



Kelo

     
      

    

   

   

sábado, 16 de marzo de 2019

Distancia de rescate

     Largó el 2019 en Santa María, una pizzería de antaño con reconocida fama, en el funebrero barrio de Chacarita. Los 7 locos fueron llevados hacia allí por la tenebrosa y burguesa Samanta (Schweblin) y su "Distancia de rescate".

     Los 7 locos formaron con: Nacho en el arco; línea de 4, Pepa, Guille, Analía y Alicia; en la mitad de cancha 2 feministas, Tati y Rosi de doble 5, Fer por la derecha y José -la nueva incorporación- por la izquierda; en la delantera los mellizos Pol y Dani y el goleador del sindicato Timo. Es decir, jugamos con 12. El equipo no contó con dos de sus figuras: la croata Coslovich Ana María y Mer...

     En la pizzería no se podía dialogar por el bullicio -nota mental: ¡mal elegido el lugar!- y encima la mesa larga no ayuda. Así que decidimos dejar la discusión del libro para el cementerio, seguramente allí nadie nos iba a molestar. Guille corazón de melón regaló a cada uno de los presentes "A barlovento", su libro de poemas, que será puesto sobre el tapete en abril.


     Ya en el cementerio nos sentamos en ronda. El cielo estaba gris, parecía que iba a llover. Nosotros teníamos pinta de secta satánica a punto de suicidarnos en conjunto. A Pol se le reflejaba el miedo en sus facciones. Trató de disimularlo con frases lindas bien construidas de filósofo.

     El primero en hablar fue Dani -me gusta referirme a mí mismo en 3ra persona, como si fuera el Diego o Chilavert-. Comparó a Samanta con el Muñeco Gallardo: la primera está un poquín sobrevalorada por los Señores de las Letras y el muñeco sobrevalorado a su vez, pero por el periodismo deportivo. El pediatra destacó el concepto de "distancia de rescate", que todos los padres y madres utilizan. Dice Amanda: "(...) así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería". Y la describe como "el hilo invisible que las une". ¿Una especie de cordón umbilical?

     Pol aterrado reaccionó ante el significado de la distancia de rescate: "Atar al hijo también implica que se ata el papá y la mamá".

     Lo sorprendente es cómo Samanta escritora, logra meterse en la mente de una madre -en este caso Amanda- y describir tan minuciosamente esa angustia desbordante que la envuelve ante la posibilidad de que a su hija le pase algo malo.


     El hilo sisal de la conversa derivó hacia el controvertido tema de la paternidad / maternidad. ¿Qué es ser un buen padre / madre? ¡Las freudianas abstenerse! ¿Lo importante es el tiempo con los hijos, la calidad de ese tiempo o ambas?

     Pol se refirió al Che Guevara como un mal padre, porque tuvo 5 hijos que descuidó por hacer la revolución. Timo en cambio opinó que el Che fue un mal revolucionario. El resto salimos a defenderlo al rosarino. ¡Te jugás la vida por una causa justa y mirá cómo terminan hablando de vos!

     Otro de los puntos que se tocaron fue el de los "agrotóxicos". Cómo las multinacionales (Monsanto) envenenan pueblos enteros y los gobiernos de turno no se enteran, o hacen "como que" no sabían.

     El pueblo que se describe en la novela, sojero, agreste, sin hospitales cerca, tenía un grupo numeroso de niños -entre los que estaba David- con deformidades, que solamente salían de noche y luego volvían a la salita.

     Tati, que está enamorada de Sarmiento -a esta altura dicha afirmación es indiscutible- habló de la dicotomía campo / ciudad: en el campo sigue estando para algunos en pleno siglo XXI lo oscuro, tóxico, atrasado, bárbaro.

     Pol en honor a su madre, la bolchevique Ani, argumentó, en esta discusión acerca de los agrotóxicos, que lo ecológico es anti - capitalista, porque implica producir menos -ya que los bichos te comen un poco la cosecha sin insecticidas-, consumir menos y estar más en sintonía con lo que la naturaleza te ofrece. ¡Polcito hippie!


     ¿Y el lugar de la medicina en la novela? La medicina aparentemente no llega a ese pueblo donde vive Carla con su hijo David y veranean Amanda con Nina. Falla lo que nombramos como "accesibilidad" al sistema de salud.

    Ante el envenenamiento de David, Carla recurre a la casa verde, donde está la curandera del pueblo, quien lleva a cabo la "transmigración" del alma de David, para que no muera. David no vuelve a ser el mismo y esto Carla lo nota desde el primer momento.

          Ante la desesperación, los seres humanos recurrimos adonde podemos. Se habló de la creciente influencia de los evangelistas en la Argentina y el mundo y cómo está avanzando esta religión. Se nombró el enorme templo sobre la avenida Corrientes y Medrano, custodiado por una cantidad inusitada de patovas trajeados.

     Pol esta vez fue claro: "estamos viviendo una vida de mierda, por eso cada vez más la gente recurre a la iglesia evangélica". Para "parar de sufrir".

     Las protagonistas de la novela son mujeres y madres. Los padres están ausentes. Aparecen recién sobre el final. La curandera del pueblo también es mujer. Es una novela femenina.

     También se desprende de la novela la ausencia de una autoridad, del Estado. Algo tan actual, que se vive en el país desde que asumió Mauricio. Como no hay Estado, el pueblo de la novela está a merced de una multinacional símil Monsanto, que le da trabajo a los habitantes pero a su vez envenena a sus hijos. Y cuando las madres desesperadas buscan atención médica, la ausencia del Estado se evidencia a través de la ausencia de hospitales.


     A eso de las 5 y media de la tarde, emprendimos la retirada. Ya estaban cerrando las puertas del cementerio y no nos queríamos quedar adentro. Tati y Guille se pusieron a hablar en inglés con unos gringos y les regalaron libros. Rosi y Pepa se habían ido antes por misteriosas razones.

    Sentí el hilo que se tensaba en mi estómago... Era la hora de regresar.