miércoles, 28 de diciembre de 2022

Crónica del encuentro por "Río de las congojas"

  Fue el seis de Noviembre del 2022 que nos, los lectores de la gran Libertad Demitrópulos, nos juntamos en la terraza de Dani, rodeada siempre por el unánime cielo villurquí.

  Como todavía estaba un poco fresquito, nos guarecimos en el salón musical que está muy bien ventanado. Alrededor de una mesa ratona llena de manjares olímpicos, estábamos Pepa, Ana, Nacho, Yo, Jason, Pau y Dani. Sabemos que hubo otros lectores que la leyeron y que no pudieron venir, pero ya charlaremos y la comentaremos en algún otro encuentro.

  Estábamos todos con los ojos muy abiertos porque “esta novela me encantó”; “es rara, pero me encantó”; “al principio no podía enganchar, pero me encantó”; “Sí- dijo Jason y creo que Dani también,- esta fue la mejor novela del año”.

  Y bajo estos estados incantatorios (así denomina Cortázar a los efectos de lo poético), empezamos a referir partes, fragmentos y a releer párrafos.

 ¿Rara la novela? Bueno, sí. Empieza narrando Blas de Acuña, de quien Jason dijera que era un “gran personaje”, y, sí, lo es porque quizá fuera éste el protagonista y no la adorada María Muratore. Blas de Acuña es el que más narra. También narra la heroína supermujer, batichica del siglo XVI, porque la ficción se ubica en el año mil quinientos y tanto; Juan de Garay vivió desde el 1528 al 1583, dicen los manuales de historia (never google). Hay también un narrador omnisciente que aparece por momentos. O sea que tres son los narradores de esta acuática novela, sí, porque tuve la sensación de nadar mientras la leía, quiero decir, todo era acuático, navegable, navegante; la historia avanzaba por el río Paraná, o bajaba, según dice el narrador del primer capítulo: “ Bajé de La Asunción con Juan de Garay y una runfla de mozos como yo: mestizos". “ El río a la vera estaba, el río ahí sigue estando”. Blas de Acuña, de los tres narradores, es a la vez, el más presente. Y de todos los mestizos, es el que se destaca, digamos, el individuo más singularizado, aunque en un momento nombra a unos cuantos mestizos, y, sobre todo, a uno en especial, a Lázaro de Venialvo, que fue el que encaró la rebelión, “el más dolorido”, el traicionado por “Cristóbal de Arébalo, el peor de los traidores”. “El Lázaro no tuvo tiempo de sospechar la falsedad de este aliado, solamente en su agonía, en el pasaje de una puñalada a otra que el traidor propinaba, habrá tenido el relámpago de la verdad.”

  A toda la primer parte de esta obra la recorre una rebelión contra la bestia ibérica que los había llevado desde La Asunción a Santa Fe, y que después no les dio tierra ni mando  ni nada de lo prometido.

  En el momento de la traición y represión es cuando se rebela la identidad de la heroína batichica supermujer.

  Esta novela es una historia de bastardos, “¿Onde quedaba la lujuria de esos viejos cochinos que nos semillaron en mujer guaraní?” se pregunta Blas de Acuña. Y afirma más adelante que todos los mestizos son bastardos, y que todos los mestizos, tan racializados, eran los que peleaban, los que ponían el cuerpo en la guerra permanente de las épocas coloniales, la guerra entre españoles y pueblos originarios; entre godos y timbúes o quiloazas. Entre medio de estos dos bandos estaban los bastardos sin identidad clara. Porque no eran claros, pero tenían que pelear, sangrar, morir  o sobrevivir bajo la férula del español.

  En estas épocas el destino no se elegía. Nada se elegía. Las mujeres debían casarse o prostituirse o ser monjas. Los hombres debían ir a la guerra aunque no quisieran ir. Terrible destino el de los varones también.

  Las mujeres son nudos o cruces de sentido. Ana Rodríguez, venida de España en barco para casarse en las Indias con marido español. Ana Rodríguez, mujer que da el mal paso en una escala en Portugal, o, más bien, que transgrede su destino de casadera y que también es amante de Juan de Garay y de la que no se sabe por qué sufre bulling de parte del pueblo. Ni siquiera puede ir a la Iglesia.

  Ana Rodríguez transgrede su destino de mujer, ella abandona a su hija en vida, pero asume su maternidad en el último minuto, o en el minuto anterior a su muerte y así revela su misterio.

  Es que, como dije más arriba, es una novela de bastardos, y en ellos el enigma era la filiación, saber de quién eras hijo, quién fue el padre que te engendró para dejar de habitar esos inciertos lugares intermedios.

  María Muratore. La chica tutelada por un gran padrino que la crió con el mayor esmero para desposarla después, cosa que no pudo ser; María Muratore “la muertecita” es la gran heroína, la que rechaza el rígido destino de las mujeres, María Muratore se rehúsa. Rehúsa a casarse con quién la cuidó y sanó de la herida mortal. ¿Quién dijo que no hay hombres capacitados para las tareas de cuidado? Blas de Acuña, su eterno enamorado, veló por ella con el mayor de los afectos y la casó contra su voluntad, él amó a su muertecita rebelde. Mucho la cuidó y mimó para poseerla después. Pero la quería.

  La gran heroína también se atreve a rehusar al deseo del más poderoso, mata a sus esbirros y huye con su amigo, el negro Cabrera, músico, un personaje entrañable, muy pobre. Ella le cambia el anillo por la canoa con la que escapa. El anillo es un objeto-recurso condensador de largos pasados en mucha literatura.     María cuando lo entrega, se despega de mucha tradición. Con ese anillo condensador de un aura primordial, el negro esclavo podrá comprar su libertad y ella, bajo identidad cambiada, Fernán Gómez, y ropa de hombre, huye por el río. 

  Y hay una tercer mujer, heroína también, transgresora, que tenía un proyecto propio, era laboriosa, era industriosa, era costurera. Decidió fundar un linaje, dar principio y futuro, crear una tradición y un punto de origen. Isabel Descalzo creó la leyenda de “la muertecita”, el objeto de adoración, el mito de origen. Ella se queda, se instala en una chacra, acepta el pacto que propusiera su padrino Don Alonzo Martínez y acepta casarse con su ¿hermano? Tal como  Adán y Eva, dos hermanos son fundadores de una estirpe que pondrá fin a una vida nómade, llena de guerras.

  Y pensando en esto de los tres destinos posibles, hay algo notable en la novela y es el tratamiento que se le da a la vida en la “calle del pecado”. Ahí se vivía una atmósfera de libertad y placer que era como un paréntesis en medio de la opresión eclesiástico- colonial. Hay un párrafo que Nacho leyó especialmente y que no casualmente muchos habíamos subrayado. Lo cito. Es Blas de Acuña, (gran personaje) el que habla: … “Siempre he tenido a las meretrices como madres huérfanas, medioángeles sueltos por el mundo para alegrar el corazón de los hombres machos, conjuradoras de soledades, dispuestas a brindar a cualquier hora y a quien fuera, el perfume de su misericordia. Son gráciles cuando jóvenes, finas cuando envejecen. Más corre la vida en ellas, más delicadezas acopian, porque todas son señoras del sufrir y del mercar, y de ambos negocios mantienen libre el corazón. No soy hombre de repudiar a las putas.”

  Isabel Descalzo se ocupa de enterrar a María para tener un pozo de recuerdo, una melancolía necesaria, un objeto de adoración cargado de pasado, de historia, un objeto de culto, un mito.

  En la novela hay retrato de época, sí. Disiento con la idea de que es como una crónica de indias. Las voces que crea la autora narran y describen desde la intimidad de los narradores. Si vamos a las crónicas de Colón o a las de Hernán Cortés, vemos que en ellas hay un afán por ser objetivos, distantes y una necesidad de mostrar la geografía en detalle. En Río de las congojas, no. Ya desde el título estamos sumergidos en el puro líquido emocional de los personajes. Emociones mezcladas con la geografía. ¡Y qué patriarcal que era la sociedad! Todas las mujeres eran calificadas en su honra por los accesos carnales sufridos o gozados.

  También disiento con eso de que María Muratore era mestiza. No, no lo era. Se descubre su filiación. Pero no espoileo.

  Los grandes enigmas de esta historia son las identidades de los mestizos que siempre son bastardos, sobrevivientes de sus padres españoles opresores. Estos protagonistas están poniendo el cuerpo entre medio de los verdaderos rivales. Indios versus invasores españoles. Mucho queda por decir. La novela es política y poética.

  Libertad Demitrópulos nació en Jujuy, en Ledesma, nada menos, en 1922, y murió en 1998. En este año, 2022 se han cumplido cien años de su nacimiento.

  En los primeros noventa, muchas feministas empezaron a colocarla en un lugar merecido. En 1997 ganó el premio Boris Vian. Había publicado esta novela en 1981.

  Le sigue “sabotaje en el álbum familiar”, de 1984; “Un piano en bahía desolación”; un ensayo sobre poesía argentina, una biografía sobre Eva Perón y otras novelas más.

  Dicen los que la han leído que sus novelas suelen tratar sobre mujeres humildes como la querida María Muratore y como la misma Evita.

  Estuvo casada con Joaquín Giannuzzi, el amor de su vida.

  Y nosotros amamos esta novela, dijimos que fue la que más nos gustó. Aunque Nacho afirmó que  El entenado lo fascinó más. Y, sí, por supuesto, Saer es una masa y se mete en el 1500 en tierras americanas muy desconocidas siendo un protagonista sin nombre, un puro humano sin pasado. Los personajes del Río de las congojas tenían todos un nombre y  un apellido, aunque estuvieran flojos de papeles en cuanto a paternidades y filiaciones en una sociedad mucho más clasista y racista que la actual.

  Y a propósito de esto, nosotros, reunidos alrededor de la mesa empezamos a contar quiénes eran nuestros abuelos y ascendientes. Pepa empezó a contar anécdotas muy graciosas de su padre y sus abuelos gallegos, Pau contó que fue nacida en Bélgica. Todos venimos de migraciones y, por suerte, vivimos en una época libre de discriminaciones del tipo “bastardo” o  de la creencia en razas superiores, aunque algún ignorante suelto lo niegue. Somos ajenos a esas consideraciones, aunque neuróticos por otras, pero no importa, siempre brindamos por nuestros encuentros, por nuestras lecturas y ahora brindo por este encuentro del que estoy hablando y por el de diciembre en el que escuchamos humorísticas canciones y tonadas de los artistas clown que engalanan a este grupo bajo el cielo azul villurquí.



 

                  Raquel Poblet.

 

martes, 27 de septiembre de 2022

El instante que nos parió. Reflexiones que nos dejó El entenado de Saer.

     Ana María me parió en la década de los 80. Pepa parió primero a Nacho y luego a Rosi en la misma época. Nefasto Viola gobernaba, después vino nefasto Massera y finalmente Alfonsín y la democracia. A Ana María y Pepa las parieron cuando Hebe Uhart correteaba por las calles de Moreno y se ponía el guardapolvo blanco para ir a la escuela.

    A Jason lo parieron en Bogotá y a Paula en Perú, ni hablar de los festejos que hubo cuando parieron a Wagner en Río de Janeiro, le dedicaron un carnaval. Toda Latinoamérica pare alrededor de 5 millones de bebés por año.

    A Cristian lo parieron en Olivos, porque no siempre fue de San Martín y a Raquel la parieron mientras sonaba un tango, su madre pujó siguiendo un compás de 2 x 4.

    Nacho y yo (el negro Dani) contribuimos a que nuestras compañeras parieran a Valentina, Maxi y Vicente, en ese orden. Maxi y Vicente emergieron a la vida extrauterina con meses de diferencia, y por esa razón, ya rondando los 5 años de edad, jugaron tanto la noche del 20 de septiembre, el último día del invierno, fecha en la cual los 9 locos que nombré parieron este encuentro literario que se propuso entender "El entenado" de Juan José Saer, quien fue parido en Santa Fe, pero eligió vivir en París.

    A todos nosotros nos parieron en una fecha y lugar determinado y fuimos fruto de una mujer madre que nos alojó y luego nos dio un empujoncito para vivir la "primer gran angustia": el nacimiento -psicoanalistas abstenerse-. ¿Pero cuándo se nace realmente? ¿En el momento que atravesamos el canal de parto y asomamos la cabecita ensangrentada? ¿O cada uno de nosotros tenemos un momento fundamental esperandonos, que nos hace nacer? Esta es una de las tantas preguntas filosóficas que nos trajo aparejada la lectura de El entenado de Juan José.

    "Toda vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años. Y yo, que vengo más que otros de la nada, a causa de mi orfandad, ya estaba advertido desde el principio contra esa apariencia de compañía que es la familia. Pero esa noche, mi soledad, ya grande, se volvió de golpe desmesurada, como si en ese pozo que se ahonda poco a poco, el fondo, brusco, hubiese cedido, dejándome caer en la negrura. Me acosté, desconsolado, en el suelo, y me puse a llorar. Ahora que estoy escribiendo, que el rasguido de mi pluma y los crujidos de mi silla son los únicos ruidos que suenan, nítidos, en la noche, que mi respiración inaudible y tranquila sostiene mi vida, que puedo ver mi mano, la mano ajada de un viejo, deslizándose de izquierda a derecha y dejando un reguero negro a la luz de la lámpara, me doy cuenta de que, recuerdo de un acontecimiento verdadero o imagen instantánea, sin pasado ni porvenir, forjada frescamente por un delirio apacible, esa criatura que llora en un mundo desconocido asiste, sin saberlo, a su propio nacimiento. No se sabe nunca cuándo se nace: el parto es una simple convención. Muchos mueren sin haber nacido; otros nacen apenas, otros mal, como abortados. Algunos, por nacimientos sucesivos, van pasando de vida en vida, y si la muerte no viniese a interrumpirlos, serían capaces de agotar el ramillete de mundos posibles a fuerza de nacer una y otra vez, como si poseyesen una reserva inagotable de inocencia y de abandono. Entenado y todo, yo nacía sin saberlo y como el niño que sale, ensangrentado y atónito, de esa noche oscura que es el vientre de su madre, no podía hacer otra cosa que echarme a llorar. Del otro lado de los árboles me fue llegando, constante, el rumor de las voces rápidas y chillonas y el olor matricial de ese río desmesurado, hasta que por fin me quedé dormido".

    Orgías, antropofagia y borracheras hasta perder la conciencia nos interpelan. ¿A dónde está la ley? ¿Dónde la cultura? ¿Hay cultura en la tribu que captura al entenado y se devora al resto de la tripulación en un asado populoso, como el nuestro de los domingos en familia? La respuesta es afirmativa creo yo, pero se trata de una cultura diferente a la occidental, más bien cíclica, que se deja llevar por las estaciones.

    En dicha cultura está permitido solo una vez al año sumergirse en un banquete de carne humana, beber brebajes psicoactivos y tener sexo descontroladamente, sin saber con quien, por el solo hecho de sentir placer, o goce, o como descarga. El resto del año los indios son serios, parcos, aplicados, no se permiten la alegría, hacen lo que tienen que hacer. 

    Es como "el permitido" en nuestro mundo occidental. Como ejemplo basta nombrar a las personas unidas en matrimonio hace muchos años y que se permiten "una cañita al aire" de vez en cuando; o las que están en tratamiento por sobrepeso y se dan permiso para comer un alfajor por semana.

    Pero al entenado no se lo comieron, lo dejaron vivir con ellos. ¿Por qué fue elegido? ¿Qué vieron en él? El entenado es un huérfano absoluto, que ni siquiera tiene nombre. Según nuestra compañera Raquel, la tradición te hace no ser huérfano. Y el entenado no sabía de dónde venía, quiénes habían sido sus padres, no conocía su historia, tampoco tenía familia. Convivía con los habitantes del puerto y allí se ganaba la vida como podía.

    Lo capturaron y lo dejaron vivir, como a tantos otros, para luego ser devuelto a su lugar y de esa manera trascender, ese era el deseo de la tribu, perdurar a través de las narraciones e historias de ese ser distinto, de otro lugar y cultura, que había compartido con ellos la vida por un rato. Def - ghi significaba varias cosas, pero sobretodo quería decir "no te olvides de mi". 

El trágico final de Juan Díaz de Solís en le Mar Dulce: ¿lo comieron los charrúas?

    Y para el entenado, esa experiencia de diez años con los indios, fue fundacional. Lo constituyó como persona, a él que venía de la nada, fue como un nacimiento. Ser expulsado de ese mundo, su mundo, lo dejó desamparado y lo hundió en una profunda depresión, de la cual fue rescatado por el padre Quesada y el aprendizaje de la lectura y la escritura, adonde encontró refugio. 

    "Diez años están hecho de mucho días, horas y minutos. De muchas muertes y nacimientos también. Lo que cuando toqué la playa en el primer anochecer me era extraño, con el tiempo continuo que nos modela y nos cambia fue haciéndose familiar. Si para cualquier hombre el propio pasado es incierto y difícil de situar en un punto preciso del tiempo y del espacio, para mí, que vengo de la nada, su realidad es mucho más problemática. Ninguna vida humana es más larga que los últimos segundos de lucidez que preceden a la muerte. Veinte, treinta, sesenta, diez mil años de pasado tienen la misma extensión y la misma realidad. Del incendio más colosal no queda más verdad que la ceniza. Pero hay también, en toda vida, un período decisivo, que sin duda también es pura ilusión, pero que sin embargo nos moldea, definitivo. Es una ilusión un poco más espesa que el resto, que se nos prodiga para que, cuando la proferimos, podamos de un modo u otro representarnos la palabra vida. Yo era arcilla blanda cuando toqué esas costas de delirio, y piedra inmutable cuando las dejé, aun cuando mi permanencia en ellas haya sido, teniendo en cuenta la edad a la que estoy llegando, relativamente corta, y aun cuando, en los años que siguieron, haya vivido, en apariencia, tantas cosas que otros llamarían importantes y variadas".

    Es en este párrafo precisamente en el que el narrador, el entenado, nos habla de aquel momento trascendental que todos los humanos, o la mayoría de nosotros, vivimos o viviremos y es como un nacimiento o un renacer, y que sin ninguna duda recordaremos antes de morir.

    Así le pasó a Tadeo Isidoro Cruz, de acuerdo a lo que nos relata Borges:

    "Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo. Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siembre quién es". 

    Al entenado lo devolvieron a una civilización a la cual no quería regresar, y a nosotros, los 9 locos, el reloj, Cronos que nos carcome, nos expulsó de esa hermosa noche estrellada de martes, la última del invierno, para devolvernos a la cotidianeidad del "irse a dormir para despertarse temprano con la obligación de trabajar". 

El negro Dani

    

domingo, 15 de mayo de 2022

Las primas

     Tarde soleada de otoño en la Florida bonaerense. Después de elucubrar acerca de las distintas líneas de colectivo que podían llevarla a destino: que la 152, no mejor el 161, ¿y el tren que sale de Carranza no me dejará cerca? Finalmente Raquel optó por el taxi y lo sintió como un fracaso, pero quería estar temprano.

    Los hermanos marroquíes Pol y Dani y su madre yugoslava Ana María acudieron en un renault clio color azul oscuro, que al final de la juntada Guille elogió porque tenía 5 puertas.

    Los demás tardaron mucho, como haciendose desear. Los anfitriones Guille y sus gatos fueron muy hospitalarios, pero había una gata blanca con manchas marroncitas de 20 años echada en la puerta de entrada, que no se oponía al ingreso de los visitantes, pero lo dificultaba.

    Ya había chipás, coquitos, papas fritas y 2 mates funcionando, cuando arribó la quinta, portando un look muy intelectual, la Pepa Carbón; siguió el arquitecto racinguista y bragadense Fer y por último la sonriente Lucía, la más nueva del grupo. Cristian que alegó haberse quedado varado en una reunión familiar nunca llegó. Éramos 8 los que evocaríamos a Aurora Venturini.

    Podríamos haber sido más, pero Nachito se pescó la peste covideana y debió permanecer aislado en su depto de Villa Raffo. Quiso estar presente de todas formas y envió audios con su parecer de "Las primas".

    "¡No puedo creer que esté contando semejantes cosas con tanta liviandad! Rompe con los modelos tradicionales de escritura. La religión, la hipocresía de la iglesia católica: la descripción del canelón. La novela es desopilante, cargada de ironía. Se puede laburar ESI (Educación Sexual Integral) con esta obra". Éstas fueron algunas de las ideas que esbozó el generalista punk en sus audios, sponsoreados por movistar.

    En la casa de Guille, fue Raquel la que arrancó hablando de Aurora y su vida, en vez de empezar por Yuna y la novela. ¿O será que la novela es tan autobiográfica que Aurora y Yuna se confunden? Aurora conoció a Eva Perón a través de la esposa de Mercante, quien fue gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la primera presidencia de Perón. La escritora había nacido en la ciudad de La Plata, se fue a vivir sola a los 19 años, época en la que tuvo un amorío con un médico casado. Después estuvo casada 2 veces con hombres poderosos y de derecha, uno de ellos un juez. Estudió filosofía, psicología y fue docente, además de escritora. Aunque Aurora decía de sí misma, que era inútil para todo, salvo para escribir, algo parecido a lo que le pasaba a Yuna con la pintura.

    La novela trata de una familia disfuncional. Pero también se mete con otros temas ríspidos y de mucha actualidad como son el abuso sexual, el aborto y la discapacidad. El clima que rodea la historia de Yuna y Petra, desde el inicio al final, es el de perversión, naturalizado por la narradora Yuna.

    Es novedosa la forma en que está contada y escrita la obra, sin puntuación. La narradora con la ayuda del diccionario va mejorando su vocabulario y la lectura se torna más fluida a medida que avanza. A Yuna poner "puntos y comas" le genera ansiedad. Ella escribe como piensa. 

    A Pepa, la más letrada de todos nosotros, esta escritura la remitió a el fluir de la conciencia de James Joyce en su "Ulises".

    Impactó a los lectores cómo Yuna se refiere a su hermana Betina, con odio y desprecio. Betina se moviliza en silla de ruedas, sólo alcanzó el tercer grado de una escuela especial, se tira pedos y eructos y hace sus necesidades a través de un agujero colocado en el espaldar de la silla. Yuna en su mente de niña, asocia el alma con una sábana blanca, que se va manchando a lo largo de la vida. Cuando ve que una colita de sábana se escurre desde la silla de ruedas de Betina, interpreta que su hermana la está perdiendo.

    A Fer, el arquitecto del grupo, que habla poco -como los sabios- pero cuando lo hace hay que escucharlo, la relación de Yuna y Betina le hizo rememorar el cuento "Después del almuerzo" de Cortázar, en el que el narrador es un niño que es obligado por sus padres a salir a pasear con un miembro de la familia, que podría tratarse de un ser fantástico, un monstruo, una mascota o un hermano menor.

    El bragadense también asoció la familia de Yuna a la de Aureliano Buendía de "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez.

    Es muy interesante la trayectoria que hacen dos de los personajes de la novela: la tía Nene y la mamá de Yuna y Betina. La tía Nene que "por falta de educación sexual" todavía era virgen, a pesar de haber tenido 800 novios y haber estado casada; es la que lleva a Carina a abortar clandestinamente, como si fuera un trámite y no siente culpa cuando muere su sobrina consecuencia del aborto; pero sí se le desgarra el alma y enloquece cuando fallece su madre, abuela de Yuna, Betina,Petra y Carina, a la cual adoraba y con quien vivía; tía Nene menosprecia las obras que Yuna pinta y compadece a su hermana por tener dos hijas idiotas; termina desnucándose al resbalar con una flor que no le gustaba: "alegría del hogar".

    La mamá de Yuna era maestra de puntero y guardapolvo blanco y pretendía controlar todo a punterazos. Termina muda y mirando al vacío después de permitir el ingreso a la casa del profesor de bellas artes de Yuna, quien es el que abusa y embaraza a Betina.

    Yuna y Petra, la prostituta liliputiense, son las primas que están unidas por la desgracia y el espanto. Son las que guardan el secreto de la venganza de Carina: el asesinato escatológico del vecino papero; las que "hacen justicia" instigando al profesor para que se case con Betina y las que escapan juntas de esa casa, esa familia y sus atrocidades. 

    Ninguno de los presentes supo interpretar el final, si Petra usa a Yuna, viceverza, o cada una decide seguir su camino por separado. Lo que sí queda como certeza es que fueron las primas, las únicas dos de esa familia, que pudieron resistir, emerger y seguir adelante. Y en ocasiones, para seguir adelante hay que olvidar.

    "Y pasó diciembre, enero, febrero, en marzo comencé las clases. Me sentía recién nacida, conseguí nivelarme, exponer, viajar.       

    Borré. Borré. Borré todo.          

    Una enorme melancolía invadió mis pinturas y las valorizó porque la gente al verse reflejada en la pena puede consolarse algo.                                               

    Supe que Betina había fallecido y que el profesor a causa de la existencia miserable exigida de cuidar a la enferma no salía de la casa y recordé que la casa era mía, por herencia, pero también lo olvidé".



Kelonius Monk, 15 de mayo de 2022

    

    


miércoles, 3 de noviembre de 2021

Fervor de Buenos Aires pandémico

   La palabra "meet" en anglosajón significa "encontrarse". Es una de las formas que hallamos los seres humanos para relacionarnos en pandemia. Supongo que Borges estaría escondido en su enorme biblioteca en esta época de virus covid-19.

   Abrí la reunión virtual cuando faltaban 3 minutos para las 3 de la tarde. La primera que apareció en la pantalla de la compu fue Ana María, siempre sonriente; luego siguió Pepa, pero no era la misma... estaba rubia; el tercero fue un participante desconocido, que al instante reveló su identidad: era el generalista de Lugano, Nacho; desde Río de Janeiro surgió el más porteño de todos nosotros, Wagner y su nostalgia rioplatense; Raquel también se conectó y esta vez pudo hablar, no tuvo inconvenientes con el micrófono cibernético; y por último Guille, luego de varios intentos fallidos, y sin olvidar esa frase que la acompañó durante la juventud -"la única batalla que se pierde es la que se abandona"- logró vencer a Bill Gates y conectarse. 

   Finalmente éramos 7 locos y estábamos listos para compartir la primera poesía de Jorge Luis, la del año 1923, la que escribió al volver de su primer viaje por Europa y vivir de cerca la Primera Guerra Mundial. 


   Comenzó el debate la alucinógena Pepa destacando la "adjetivación" de Borges:

   "El temporal fue unánime" en su poema Barrio recuperado.

   "El pastito precario" en Arrabal.

   Nos explicó que a esta forma de adjetivar se la denomina hipalge: figura retórica de construcción que consiste en aplicar a un sustantivo un adjetivo que corresponde a otro sustantivo.

   Luego se discutió en buena hora, y atravesados por los nuevos vientos de cambio, acerca de las masculinidades hegemónicas y cuánto daño han producido en mujeres y niñes, pero también en los hombres. Y se ejemplificó con Jorge Luis adolescente, quien padeció su debut sexual. A sus 14 años fue sacado de la biblioteca y llevado por su padre -"un tipo culto"- a un burdel. Primero pasó el padre y luego él con la misma mujer...

   A continuación, el pibe Nacho de Tres de Febrero tomó la voz cantante y dijo que sus poemas preferidos son Barrio recuperado -ya nombrado- y Ausencia. Con respecto al primero interpretó el "atravesar el temporal" como condición sine qua non para arribar a las cosas lindas de la vida. Una concepción un tanto "cristiana" la del compañero anarquista, dado que esta religión propone que "es necesario padecer en la tierra para obtener el pasaje al cielo".

   Con respecto a Ausencia, este poema está dedicado sin dudas a una mujer. La novia de Borges, cuando fue escrito, era Concepción Guerrero, una adolescente de 16 años, que destacaba por su bella cabellera de largas trenzas. Borges en ese entonces contaba con 24 años y la familia de Concepción no aprobaba la relación, por lo cual se encontraban "clandestinamente" en la casa de Norah Lange, en Tronador al 1700, donde se hacían reuniones literarias.


Habré de levantar la vasta vida

que aún ahora es tu espejo:

cada mañana habré de reconstruirla.

Desde que te alejaste,

cuántos lugares se han tornado vanos

y sin sentido, iguales

a luces en el día.

   La Guille, pese al gorilismo recalcitrante del escritor, estaba contenta y agradecida de leer este libro de poemas. Recitó La Rosa:


La rosa,

la inmarcesible rosa que no canto,

la que es peso y fragancia,

la del negro jardín en la alta noche.


   También hay uno dedicado al otro Rosas, al que no es flor sino tirano, según Jorge Luis:


Famosamente infame,

su nombre fue desolación en las casas,

idolátrico amor en el gauchaje

y horror del tajo en la garganta.


   Arrabal fue elogiado por muchos de nosotros. El mismo Borges, cuando en el año 69 revisa estos versos escritos en su juventud, escribe en el prólogo de esa edición:

   En aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora las mañanas, el centro y la tranquilidad.

   En Arrabal Borges declara su amor inquebrantable hacia la ciudad de Buenos Aires. El mismo amor que siente nuestro compañero Wagner, que añora desde Minas Gerais lo tiempos en el barrio de Palermo, muy cerca de donde vivió su infancia Jorge Luis.


El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.

(...)

Esta ciudad que yo creí mi pasado

es mi porvenir, mi presente;

los años que he vivido en Europa son ilusorios,

yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires.


   El carioca Wagner, como estudioso de las letras, analizó el libro de poemas de una manera curiosa. Buscó la palabra que más se repetía en ellos y el resultado fue: "tarde" 29 veces. E imaginó que aludía al "paso del tiempo", tema tan tratado en la obra del escritor y a su elogio de los atardeceres, como ocurre en Afterglow, Atardeceres y Campos atardecidos. Recuerden que "la penumbra del alba tiene el nombre de penumbra de la paloma; la del atardecer, del cuervo".

   Raquel y Ana María se pusieron de acuerdo en resaltar un poema cortito titulado Carnicería, que podría ser utilizado por los veganos, para graficar lo cruel de la matanza animal:


Sobre el dintel

una ciega cabeza de vaca

preside el aquelarre

de carne charra y mármoles finales

con la crueldad de un ídolo.


   Por otro lado, un tema que se repite mucho en Fervor de Buenos Aires es el de la muerte, nuevamente como expresión del paso del tiempo y punto final de este laberinto que es la vida.

   La Recoleta, Inscripción sepulcral, Remordimiento por cualquier muerte, Inscripción en cualquier sepulcro son los poemas donde aparece explícitamente este tema que tanto lo atraía a Borges desde su juventud. 

   Personalmente me gustó Inscripción en cualquier sepulcro, porque habla de cuáles son las cosas importantes de la vida y de la insignificancia de mármoles y lápidas.


No arriesgue el mármol temerario

gárrulas transgresiones al todopoder del olvido, 

enumerando con prolijidad

el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria.

(...)

Lo esencial de la vida fenecida

-la trémula esperanza,

el milagro implacable del dolor y el asombro del goce-

siempre perdurará.


   El tiempo transcurría como la arena en el reloj y se hicieron las 5 de la tarde. La charla fluía en el laberinto de las relaciones humanas, pero hubo que decir "paremos aquí". Terminar algo le da trascendencia a lo ocurrido previamente, sino se esfumaría en el infinito.

   Ideas, sensaciones, aprendizaje, "lo compartido" quedó en los engramas de la memoria de cada uno de nosotros. Eso hace a estos encuentros inmortales.   

Mi polvo será lo que soy.




Daniel "Kelo" Roffé, noviembre de 2021.













   


   

miércoles, 3 de febrero de 2021

Un día cualquiera

            Buenos Aires: son casi las 3 de la tarde de un lluvioso sábado de enero. Río de Janeiro: nuestro generosísimo anfitrión, Wagner, comenta que allí están soportando ¡42 grados de calor! Partido a jugar: ¿Brasil vs. Argentina? ¿Locos vs. Locas?

          A pesar de estas tan distintas circunstancias, poco a poco los integrantes del grupo se van incorporando a la reunión de Zoom, animándose a exponer en las pantallas de sus “compu-celu” no sólo sus rostros sino también sus muy distintas opiniones y sentimientos, producidos por Hebe Uhart con Un día cualquiera, libro editado en 2013. ¡Y vaya si hubo polémica!

          Nobleza obliga, cito a los participantes por orden de aparición en el encuentro: para el  equipo brasileño jugaron Wagner y Anita Bartholo, con hinchada propia: Nataly, Irina y un perro. Por el conjunto argentino intervinieron: Pol, Nacho (que en la mitad del partido habló de una “oblicua”), Daniel, Ana María, Guille, Mercedes, Analía (ambas muy ovacionadas por el resto del equipo, por su reincorporación)  y Pepi: éramos 10 en total (parece que hubo un jugador que no aceptó el desafío).

          En los primeros minutos del encuentro se pasaban la pelota unos a otros –o unas a otras– (como verán, no sé manejar el inclusivo), hablando de bueyes no tan perdidos: después de los saludos se tocó el tema vacunas: ¿Sputnik V o Pfizer? Comentario ad hoc que recoge la advertencia que trajo a colación Dany: ¡es tarea urgente conseguir la vacunación para toda la población, pero con prioridad para el personal de la salud!  

          Vamos al juego.

          Primer tiempo: Dany (aclaración aparte: se muestra acompañado por una botella de vino Nampe) tilda a Wagner de psico-bolche, mientras que a mí me hace recordar a Silvio Rodríguez… de quien Dany se interroga por su diversidad sexual. Yo afirmo que no me importa ese detalle… mientras Wagner esboza una sonrisa y Anita B. casi grita afirmando amar a Silvio. Se exhiben otros trapitos al sol: Dany provoca con el asunto de que los sensibles terminan en suicidio –Alfonsina Storni–.

          Le cometen la primera falta al siempre nombrado Patricio… (Sonrisa de oreja a oreja que le sale bien al doctor Dany).

          ¡Y se empieza a calentar el partido!

          Dany: “Hoy no tenemos mucho que discutir… ¡Un bodrio!”.

          Los jugadores/as nos miramos y nos defendemos: “A mí me gustó! ¡A mí me encantó!”. Otros comentarios similares se escuchan desde el perímetro de la cancha.

          Dany pide –a la manera de un ejercicio de memoria– que repasemos bodrios: se agrupan en el centro del campo de juego O. Bayer, M. Denevi, S. Schweblin, A. R. Burgos, H. Conti, J. J. Saer… Dany finaliza la jugada afirmando: “No pude terminar de leerlo”.

          Ya más serenos todos, Wagner se mete en el partido y habla acerca de algunas de las lecturas sobre Hebe que lo capturaron: Guiando la hiedra y Querida mamá. Volviendo a nuestro libro, aporta que quedó cautivado por la narración que esta autora hace de su pueblo  –Moreno–, la descripción del barrio, sus personajes, situaciones cotidianas, comunes… Agrega que le gustan los temas elegidos y el universo que los rodea (cita el cuento “Los Hermanos Schiavi”).

          Se mete Guille en el campo y dice cuáles fueron los cuatro cuentos que más le gustaron: “Los hermanos Schiavi”, “El olor de Buenos Aires”, “Maestrita” y “Un día cualquiera”. En su muy lúcida opinión, Hebe deja de ser su persona para ser otra. Su escritura es teatral… escénica; la prioridad es ella y no los personajes de la narración.

          Mercedes, desde el medio campo, confirma que es uno de los libros más autobiográficos de Hebe, con personajes reales en su vida, como su novio alcohólico –Ignacio–, una familia difícil, complicada, casi ominosa, con una tía loca… todos ellos reflejados en el cuento “Historia de una venta”, donde sería difícil discernir ficción y realidad.

          Nacho se mete de lleno con la pelota y cuenta que le costó mucho engancharse con Hebe, pero reconoce que es un desafío sacar provecho del costado bueno que contienen sus cuentos; una mirada interesante, crítica de la realidad, irónica, y –como si esto fuera poco– filosófica: la mirada de un niño curioso. Visibiliza la normatividad, agita el statu quo de la sociedad sostenida en tres instituciones fundantes: familia, educación y trabajo. Personajes raros, extravagantes, desanimados. Encuentra en sus cuentos muchas digresiones, donde arranca para un lado y… (¿será ahí lo de la oblicua?),  a pesar de que no tienen un hilo conductor ni un objetivo, son transgresores.

          Me pasan una jugada y comparto mi opinión sobre el libro: interesantísimo, maneja un relato fresco, fluido y con muchos guiños de humor y ternura. Está presente la niña que observa con infinito detalle lo que pasa en cualquier día de su vida, a través de su propio monólogo interior. Y consigue transformar su dolor en vivencias a narrar.

          Wagner suma su experiencia literaria para contar que Hebe era muy curiosa: sus textos se acercan más a la crónica y la compara con su compatriota Clarice Lispector, quien también echa mano al flujo de conciencia, a la reflexión sobre sí misma, a su pensamiento; habla mucho de ella, es autorreferente, autobiográfico, y justamente es eso lo que tiene de bello.

          Interviene el jugador Dany (claramente, su puesto es ofensivo), mostrando otra vez su copa de tinto (¿no merece tarjeta amarilla?), para declarar que ¡sólo leyó 50 páginas del libro! ¡Nada menos que el que preside el tan mentado Núcleo Duro del grupo, como lo recuerda Nacho! Y se pregunta: ¿Será que no pude leer todo el libro? (Otro sí digo: el partido dura 90 minutos.) ¡No había final! “Maestrita”, ¡un horror: habla de Dostoievski y ese nene comiéndose los mocos!; “Un viaje a La Paz”, ¡no hay nadie ni nada! ¡Me indignaron sus cuentos!  ¡No hay relato! (Reitero: un primer tiempo siempre puede ser malísimo y un segundo no. Es más: este partido duró más de 2 horas.)

          Toma la pelota Guille y arremete defendiendo el área: “¡Es todo en solfa. Gran uso del recurso de la ironía. Todo lo que cuenta es lo que hace mal!”. Lee un párrafo de la narración de la maestrita, en los que Hebe cuenta que cuando debía componer como tarea escolar una cuarteta recordaba los versos de Machado… y a ella sólo se le ocurre una cuarteta con “…se cura con un Geniol”. Agrega que ni siquiera tenía un delantal decente para ocupar el lugar que le correspondía en el aula, como tampoco contaba con láminas para desarrollar el tema del día.

          A esta acotación sumamos nuestras airadas voces para apoyar a Hebe quienes pasamos por otra etapa de la educación (Ana María, Mercedes, Analía y yo nos “sororizamos” con Guille), con el recuerdo de aquellas cosas que nos enseñaron y que en ese momento nos rompían las pelotas (esto, sin compartirlo con nuestros padres, que siempre daban la razón al maestro), pero hoy aceptamos que de algo nos sirvieron esos aprendizajes.

  

    Wagner irrumpe afirmando que es interesante la narración de escritores nacidos entre quienes nos precedieron y las generaciones actuales: mucha agua ha pasado bajo el puente y numerosas cosas han cambiado.

          Mercedes cuenta que no se enganchó demasiado y que Uhart no es una de sus autoras preferidas.

          Analía sostiene lo contrario. Habla sobre el cuento “Antonio Tormo” y la mirada de una niña que se cuestiona: ¿qué quiere decir con que “en las dos alguien me espera”?, interrogantes que muchos de nosotros ni siquiera nos atrevíamos a plantear. Agrega que la escritura de Hebe es muy fluida y pone de relieve la realidad, por dura que ésta sea.

          Y continúa gambeteando la pelota: el legado que nos dejó Hebe desde su escritura es atrevernos a pensar sobre el amor, la sexualidad, lo que nos atraviesa a cada uno de nosotros, y cita un comentario sobre la experiencia de los “viejos” actores y los “nuevos”. ¡Cuántos saberes acumulados que deberían ser parte de una rica herencia! Analía no justifica que todo cuento debería tener un final. Aprecia de Hebe el hecho de no abusar de la adjetivación y, además, la posibilidad de que sus lectores se vayan identificando con esa chica que estudia en un barrio popular, y con una madre que no por falta de afecto, sino porque tenía que encargarse de los quehaceres domésticos, no tenía tiempo de preocuparse tanto por los hijos.

          Nacho rescata que Hebe se ríe de ella misma por aquellas cosas que no sabe o no puede hacer (“La coordinación”, “Poca imaginación”). Nos preocupa aquello que no sabemos bien o no podemos hacer… ¿será por la mirada del otro?

          Wagner aprueba las reflexiones de Nacho.

          Guille vuelve sobre “Maestrita” para hablar acerca del exquisito uso del humor que hace Hebe.

          Pol, a solicitud de Dany, vierte su opinión, que no es otra que la de coincidir en un todo con su hermano: “Si Hebe hizo algo milagroso fue que yo acordara en un 100% con Dany”, al extremo de confesar que está usando una remera de su hermano. “No son cuentos, son relatos…”. “No tienen introducción, nudo y desenlace”. Rescata la mirada de la niña. Reconoce un gesto disruptivo en el acercamiento a la gente (no como en la carrera de Filosofía de la UBA, llevada adelante por gente de mierda, alejada del pueblo). Continúa su exposición preguntando y preguntándose por qué en la literatura contemporánea los escritores publican obras autorreferenciales; en síntesis, escriben sobre sí mismos: cita a Laura Alcoba y Hebe Uhart –sus infancias–,  Juan Incardona –el lugar en que nació–,  Camila Sosa Villada –su sexualidad–… Trae a Cortázar como ejemplo de lo contrario, ya que en una entrevista que le hicieron al ser interrogado en referencia a su cuento “La autopista del sur”, afirmó no haber estado nunca en un embotellamiento.

          Pol concluye que para hablar de nosotros mismos, ¿no nos alcanza con las redes sociales?

          Wagner afirma que muchos escritores basan sus relatos en situaciones autorreferenciales, autoficcionales, y utilizan metalenguaje, pero cuando todos estos recursos se ponen de moda se tornan problemáticos. No es el caso de Camila Sosa Villada, quien en Las malas  hace una denuncia política y social a partir de sus vivencias, con una ficción exquisita.

          Dany recuerda haber leído que Pedro Mairal sostiene que no se puede escribir más que de uno mismo, con lo que Wagner disiente poniendo como ejemplo a Borges, quien llevó una vida casi de soledad y encierro, sin demasiadas experiencias, y escribió cosas inimaginables.

          No acuerdo con Wagner. Creo que Borges vivió rodeado de disparadores desde la biblioteca de su padre, respaldado por cinco generaciones pretéritas de intelectuales, cursó el secundario en Ginebra, viajó por diferentes países a donde era invitado, primero con su madre y luego con María Kodama… No necesitó más.  

          Wagner agrega la novela Budapest de Chico Buarque, excelente escritor y músico, que es una extraordinaria descripción de una ciudad que nunca conoció. Añade que la literatura es invención: no se escribe sólo de aquello que uno vivió.

          Para Guille, sin embargo, es posible escribir siempre sobre uno mismo –pone como ejemplo Felicidad clandestina, de Clarice Lispector–, y no por esa razón deja de ser excelente literatura. A esta observación, Wagner agrega que Clarice es más “psicologizante”.

          Segundo tiempo: Entra Ana María, con sus cabellos plateados al viento, para sorpresa de Nacho. Como relato que sí tiene un fin, le gustó “¿Y cómo pudo ser?”. En otro cuento, “Junto a la ventana”, se siente identificada con Hebe porque también “yo soy un poco chusma de la realidad, sentada en un bar viendo pasar a la gente desde una ventana e imaginando situaciones, escuchando voces, observando caras…”. Otro de los relatos que la atrajo fue “Hola, chicos”, donde Hebe habla sobre diversas clases de monos: los papiones sagrados de la India, los chimpancés, el mono araña “marimoña”, el mono cola de chancho… “animales que también a mí me gustan”. Por último, el cuento que cierra este libro, “Un día cualquiera”, le permitió nuevamente sentirse identificada con nuestra autora.

          Agarra la pelota Nacho, quien acuerda con Ana María en que a él, también de  igual modo, le resulta interesante ser chusma de la realidad. En varias ocasiones ve a una persona vestida de determinada manera y se pregunta: “¿Por qué alguien se viste así?”. “Se me  presentan cosas irrelevantes que me atrapan, pongo una mirada curiosa y chusma sobre la realidad. Pasando a otra cosa, muchas veces me pregunto cómo se puede escribir sobre lo que uno no vivió. ¿Cómo ficcionar algo que no es parte de tu vida?”. (¿La respuesta quedará para otro partido?)

          Guille asume el desafío y aporta que hay un punto medio que se equilibra entre  la historia personal del escritor (Proust, Borges…) y su experiencia vivida (Borges, cuando describe una mayólica, una cuadra, un paseo…).

          Analía, para serenar el partido y quitar presión a preguntas difíciles, concluye que en la identificación cada uno pone lo suyo, sus rasgos, y deberá esperar para saber qué efectos produce en el lector.

          Anita Bartholo comenta que no se enganchó; sin embargo, los cuentos de Hebe le recordaron muchos relatos de su madre, y agregó que halló en ellos mucha inocencia y… recuerdos de otras épocas.

P.D.: Para tener en cuenta: Dany levanta para brindar por este encuentro ¡otra copa de Nampe!


          Y aquí finaliza mi crónica. Espero no haberla pifiado mucho, y si así fuere, pido disculpas.

          Partido delicioso, hilarante, riquísimo, peleado, y lo mejor que sucedió es que ¡ganamos todos!

         

 

Autora: Pepa

martes, 22 de diciembre de 2020

Las Malas

     Poética, dolorosa, llena de violencia. Así describe Pepa la novela de Camila Sosa Villada. Nuestra compañera que sabe de Letras, es la primera que se atreve a hablar. Continúa diciendo que tiene la impresión de que la autora se libera del dolor a través de la escritura. Es un recurso sanador, a tal punto que Camila logra perdonar a sus padres, y ellos aceptarla como es, no como ellos quisieran que fuera.

    Guille apoya en lo que dice a su compañera Pepa y elogia su poder de síntesis. Se quieren mucho y se respetan hace años, de otros grupos y talleres literarios. Agrega que la lectura le resultó cinematográfica, y le mostró un mundo que desconocía.

    Y es cierto, ninguno de los 8 que participamos de la juntada virtual de este domingo de diciembre pandémico, conocemos demasiado de la vida trans. Camila nos permitió acercarnos un poco a esas historias a través de la lectura de Las Malas:

    "Las travestis trepan cada noche desde ese infierno del que nadie escribe, para devolver la primavera al mundo".

    La novela visibiliza una violencia de tal magnitud, que nos cuesta entender. Para Guille es la misma violencia a la que se ven expuestas las mujeres cis. Wagner cree que muchos de los hombres que acuden a los parques para tener sexo con travestis, rechazan moralmente aquello que desean fervientemente, y a esta profunda contradicción responden con violencia. Una violencia aprendida desde niños.

    El filósofo Pol se mete en la discusión criticando el término "transfobia": no se trata de miedo o fobia hacia los trans, sino de odio enraizado en mentes atravesadas por el patriarcado.

    Wagner sigue atentamente la charla ejerciendo su paternidad, con Irina a upa, mientras camina por la plaza París, cerca del barrio Lapa en Río de Janeiro, donde hay mucha vida nocturna según nos cuenta, y mujeres trans trabajando, prostituyéndose. Ana, nuestra más reciente incorporación, también carioca, reafirma lo dicho por su amigo.

    En la novela es el Parque Sarmiento de la Ciudad de Córdoba Capital donde Camila conoce a su familia elegida de travestis. La serie televisiva de "La Veneno" transcurre en el Parque del Oeste en Madrid. En fin, los parques son elegidos lugares de placer y congregación.

    Pol nombra la oscura calle Godoy Cruz en el barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, donde hasta hace poco aguardaban las travestis emperifolladas hasta subir a un auto, meterse en un albergue transitorio o escapar de la policía. Reflexiona acerca del proceso de expulsión que hubo desde éste y otros lugares de la ciudad, con puertas laborales cerradas, es decir, sin ofrecer otra alternativa de trabajo. 

    En este mismo sentido se trata de un texto político, con un discurso anti - capital y tiene además una mirada de clase: ellas eran travestis pobres, marginales, pero estaban las de guita, "las habían bautizado las Cuervas, porque les gustaba juntarse con la carroña".

    "(Las Cuervas) nos imitaban, pero eran incapaces de superar los obstáculos de clase. Hablaban nuestra lengua, porque por supuesto hablaban varios idiomas, imitaban nuestro andar y cogían con nuestros clientes, pero no les cobraban: lo hacían porque podían darse el gusto, porque no necesitaban ser mercancía. Simplemente jugaban a vivir una vida que no le era propia".

  

    Pero no todo es de color negro en la novela, al contrario. Nacho, el médico clown, habla de ternura cuando se refiere a la ´maternidad travesti´ encarnada por La Tía Encarna, valga la redundancia, y su bebé El Brillo de los Ojos, renacido en el Parque Sarmiento, entre los arbustos, por debajo de las espinas.   

    Es una resurrección la de El Brillo de los Ojos, y se produce gracias a Encarna, que se lo arrebata a la Muerte de sus manos huesudas y lo lleva con ella a la Casa Rosa. Y como la Difunta Correa, quien no deja de amamantar a su hijo pese a haber perdido la vida, la madre travesti alimenta a su bebé con mamas de siliconas.

    La comparación con la Difunta Correa, no es el único elemento mítico en la novela. Mística y fantasía sobran en la Casa Rosa. María es una travesti muda, que ayuda en la crianza a tía Encarna, y paulatinamente se va convirtiendo en ave. Al principio son unas plumas en el antebrazo y termina como un pajarito dentro de una jaula, para evitar que se la coma el gato. También estaba Natalí, la travesti que en las noches de luna llena se escondía en el baño porque se transformaba en lobizón, condena ésta congénita por haber sido la séptima hija varón.

    Dentro del realismo mágico de Camila, aparecen también Los Hombres Sin Cabeza, que regresaron de las guerras en África y eligieron casarse con las travestis en vez de las mujeres cis. "Ellos dejaban en claro que se enamoraban de nosotras porque a nuestro lado era más fácil compartir el trauma, dejarlo trepar por las paredes o recluirlo cuando hacía falta". 

    Los Hombres Sin Cabeza son de alguna forma ideales, porque al no tener cabeza carecen del pensamiento machista. Hay un rechazo de lo patriarcal, a través de un recurso fantástico.

    El señor Pol, con su librito de Kant en una mano y el de Marx en la otra, continúa destacando lo positivo: "Encontré en el texto gestos de valentía dignos de admiración, y por sobre todas las cosas humor, alegría a pesar de todo". 

    No hay arrepentimiento ni victimización en la novela, se habla de la fiesta de ser travesti. 

    Sin embargo, esta colorida historia de reivindicación, que alterna furia y fiesta trans, tiene un final trágico. ¿Cómo interpretarlo? ¿Por qué La Tía Encarna decide que lo mejor para ella y su hijo era irse de este mundo después de tanta lucha, después de haberlo rescatado y haber sido tan felices juntos?

    La sabia Ana María recuerda que La Tía Encarna había accedido a retomar su rol no deseado de varón, con tal que El Brillo de los Ojos pudiera asistir a la escuela. Y su hijo sabía cuándo tenía que llamarla mamá y cuándo papá. En este punto el relato me hizo acordar a "La casa de los conejos" de Laura Alcoba, ya que el personaje principal, una nena de 9 años, sabía cómo ocultar en el colegio y con los vecinos, la identidad de sus padres que habían pasado a la clandestinidad por ser militantes montoneros en la década del 70.

    "La Tía Encarna había ingresado en la vida blanca. La vida del camaleón, la de adecuarse al mundo tal y como es. Me dice que El Brillo lo sabe todo. No hay nada que ocultarle. Es muy sabio el niño. En ese momento él deja de mirar la televisión y dice: "Sí, lo sé todo. Ella es mi mamá y mi papá. No todos los niños del mundo tienen esa suerte".

    Pese a esta difícil e injusta adaptación, comenzaron las amenazas y la persecución. "Aparentemente, el padre de alguno de los compañeritos de jardín del Brillo había sido alguna vez cliente de La Tía Encarna y sabía su secreto". Nuevamente aquí la doble moral, y el desenlace fue trágico:

    "Murieron cara a cara, mirándose a los ojos. Murieron sabiamente, para no tener que soportar más humillaciones. Nuestra madre y su hijo adorado. Qué más decir".

    A Pepa, apoyada nuevamente por Guille, esta decisión final le pareció un acto de amor. Wagner habló de final épico: "lo rescata de este mundo de mierda". Quien escribe estas líneas, no entiende que La Tía Encarna haya decidido que el niño debía morirse con ella, no es poético ni amoroso, sino todo lo contrario. ¿Por qué si ella, la travesti madre de todas las travestis, se rendía, el Brillo de los Ojos debía seguirla?

    De cualquier forma, es una clara denuncia de cómo la horrorosa sociedad con doble moral en la que vivimos y de la cual formamos parte puede llevar a una persona al límite, ponerla entre la espada y la pared, y forzarla a tomar decisiones trágicas. Esa misma sociedad llevó seguramente a los padres de El Brillo de los Ojos a abandonarlo en el Parque Sarmiento y luego cuestionó hasta el hartazgo a su madre travesti, quien lo había rescatado, hasta dejarla sin opciones.

    Ya eran pasaditas las 5 de la tarde y el sol de diciembre continuaba pegando fuerte. Los 7 locos, ocho en esta ocasión, cada uno encerradito en su casa para no pescarse el covid, discutía desde la computadora o el celular. Hubo un punto de acuerdo, a todos nos encantó la novela y terminamos encariñados y hasta un poco enamorados de las travestis del Parque Sarmiento. 

    Y así se esfumó el último encuentro del año, este 2020 tan particular, de estar lejos, de aislamiento, sin mates ni besos ni abrazos, de poco aire libre, de miedos y angustias, donde este grupo volvió a funcionar de sostén. Creo que la mejor manera de despedirlo es con una frase de La Tía Encarna:

    "Agachá la cabeza cuando quieras desaparecer, pero mantené la frente alta el resto del año, nena".


                                                                                                                                DR